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Dirigida
por: Ricardo León Peña Villa y Manuel Tiberio Bermúdez |
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La noche
sin olvido Así podría calificarse la jornada musical del ‘Quinto Encuentro de Músicos Colombianos en New York’, llevada a cabo en el teatro The Zipper Factory de Manhattan, el pasado sábado Primero de diciembre del presente 2007. Dicho encuentro se realiza bajo la dirección del destacado compositor y productor Pablo Mayor y Ana Povich, fue una maratón musical de 9 horas de intenso ritmo, con la participación de 17 grupos interpretando un amplio repertorio de diferentes acentos y géneros de la música colombiana que se hace en esta latitud norte. La actividad despuntó en la tarde con la presentación del concertista Andrés García acompañado Alejandro Florez, en guitarra y tiple. García ha sido ganador de los más importantes festivales de música en Colombia y por muchos países ha mostrado su talento. Este dueto fue marcando el camino por donde se trasegaría musicalmente. La escena continuó con Edmar Castañeda, catalogado por la crítica internacional como un virtuoso en el harpa y lo ratifican sus presentaciones con renombrados artistas del ámbito latinoamericano y del jazz, dio muestra excelsa de otros sonidos en su instrumento. Luego de terminar su presentación, permaneció en el escenario con sus músicos y apareció en escena su esposa Andrea Tierra, quien demostró su sensibilidad y dotes en el canto. Harold Gutiérrez, de reconocida trayectoria musical con el grupo musical del Ballet Mestizo, fue poniendo más fuego en el ambiente e incitando al baile con sus ritmos alegres. La joven Johanna Castañeda y su grupo trajeron la frescura en sus canciones mostrando el futuro que le espera en el canto.
Cuando la noche estaba a placer y había buenos presagios de fiesta, llegó el talentoso Sebastian Cruz y su cuarteto, quienes con su mezcla de bullerengue, cumbias y fandangos con punk y otros sonidos, robó aplausos y activó los pasos de los asistentes. A continuación y ya con el público a plenitud, subieron al escenario Pablo Mayor y Folklore Urbano a dar muestra de lo que será su tercera producción en las voces de fiesta de Sofía Koutsovitis y Ronald Polo. Habiendo subido la temperatura en este viaje musical, apareció la destacada y polifacética intérprete Lucía Pulido acompañada por Stomu Takeishi, dejando en el aire su fina voz de bello canto y el excepcional acompañamiento de Takeishi en el bajo. Ya el viaje musical había recorrido diferentes geografías colombianas y aún faltaban más grupos y emociones. Ricardo Gallo, joven y ya distinguido como gran ejecutante del jazz por las revistas especializadas, hizo gala de sus mejores notas, acompañado por un grupo selecto de músicos que dieron muestra de virtuosismo en la improvisación. Cada grupo o artista, trajo lo mejor de si y los asistentes estaban dispuestos a esas sorpresas, y vaya forma en que Gregorio Uribe y su orquesta dijeron presente desde Boston con 16 músicos en escena y entre ellos había japoneses, argentinos, norteamericanos, una mexicana en la batería y todos haciendo música colombiana como muestra de lo que es unir el mundo. Gregorio puso todo su carisma en las canciones originales presentadas, y el público que débil ante estas muestras, soltó sus pasos y liberados los espíritus, se hicieron danza. Luego el turno fue para La Cumbiamba eneye, la banda que por algunos años ha puesto la fiesta en este norte y que es sinónimo de rumba y Colombia. Samurindó con su sonido lleno de mixturas enérgicas y renovadas en cada presentación, dio otro brillo de alegría y talento. Ya entrada la noche plena, vino Kosta con sus canciones de tinte social con fondo de folclor y poesía. Tibagui fue la música de cuerdas que evoca en sus notas modernas, los sonidos de la música andina colombiana en composiciones propias y muy bellas. El veterano de la noche fue el maestro Héctor Martignon, quien ha puesto su nombre sólido en la música de New York y esa noche no fue excepción, pues interpretó sendas piezas de jazz liderando con su calidad desde el piano. La noche iba perdiendo su reloj de apuros en medianoche al aparecer Yiyo y su grupo Chonta, era el Pacífico haciendo presencia en sus alegres ritmos en una descarga contagiosa que iba preparando el cierre de la noche. Ya el público abandonó sus puestos y el baile era expresión del cuerpo en libertad. El último llamado fue para Ronald Polo y su grupo Guepajé, que con sonido Caribe colombiano, arrebato lo que de quietud quedaba, terminando la noche con una tarima llena de músicos, cantantes y el acordeón de Gregorio Uribe, mientras los asistentes bailaban a plena libertad. De esa noche sin olvido y de magnificas presentaciones, queda la música que muestra a un país que se construye fuera de su mapa, se distingue una vez más a las artes como la mejor diplomacia que puede tener un pueblo y se destaca la unidad de esta cantidad de artistas, donde fue notoria las colaboraciones de algunos artistas en diferentes bandas, citando como ejemplo a algunos como Nilko Andreas Guarín, Martín Bejarano, Sebastian Cruz, Alejandro Florez y el tamborero de la dinastía Batata “El Yoki”. Gran encuentro con amplia muestra de folclor y es honor hacer reconocimiento
a Pablo Mayor y Ana Povich por hacer posible este encuentro, que nació
una noche de hace algunos años, en que los músicos colombianos
residentes en New York celebraron la visita de los Gaiteros de San Jacinto
y en la que grabaron el disco ganador del premio Grammy. Desde esa noche
empezó esta fiesta y ya va por su quinta versión.
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