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CUANDO SER HOMBRE SE CONVIERTE EN “INRI”

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
leoquevedom@hotmail.com

El hombre, ese ser de sexo masculino, con facciones de Robin Hood urbano, ademanes de mesías, mirada de arquitecto que todo lo divisa y mente de Mefistófeles para desnucar mujeres, ha sido el dominador del mundo.

Se dice que fue un hombre dios el que creó y gobierna el universo, el que creó el lenguaje y hace hablar a la mujer en masculino, quien domina el potro, construye puentes y ciudades y es el artífice de las guerras. El que descansa en el bar y en la oficina mientras su consorte cuida los niños y trapea en la casa. El que sabe y disfruta el valor de la palabra “macho”.

Macho es el mulo esposo de la mula, el que patea y muerde a quien lo toca. Macho es el tornillo que se enchufa entre la rosca. Macho es quien saca machete y lo roza contra el suelo desafiante y quien esgrime revólver en la discoteca o en la mesa. Macho es el jefe que despide a la secre cuando no le da el gustico. Esta es la manera de ser del prepotente hoy y siempre.

Este es el gerente, es el esposo, es el dueño, es el papá, es el amor, es el papi, es el… todo. Todo lo llena. Él fue quien escribió la Biblia. Es quien manda y punto.

¿Y quién del macho es la otra parte? Obvio, la mujer, ese ser de larga cabellera, de mirada melancólica, de ojos húmedos como mares, de mente en blanco y sin iniciativa, de pocas ideas sin perspectiva. Sí. Ha sido hecha de una costilla suya. Es un adorno para que vaya a su lado, casi un estorbo. ¿Si no existiera, a quién, entonces, dominaría con su bilis?

¿Es este retrato, acaso, del hombre de la edad de piedra? ¿Vive en Marte, o es hijo de Idi Amín o pariente de hambriento fauno? Nació el siglo primero o en la Edad Media, o es el protagonista de una cinta de Coppola o de Spielger? No, por desgracia vive aquí juntito. Vive en el armario de la casa, viaja en un bus de España, fue marido de una poetisa a quien apuñaló por siete veces, trabaja en un periódico y es muy leído, es novelista y recrea en mil párrafos su historia, viste bien y trabaja en el gobierno.

¡Ah!, pero lo que faltaba. Esto es lo que piensa de las féminas : “Ni su porte, ni su inteligencia, ni su belleza, ni su preparación, sirven para calificar una mujer, si no ha pasado por el rasero de una cama”. La medida, entonces, es el largo de su pene.

No valen ni la madre, ni las hijas, ni las sobrinas o las primas, ni las que llama amigas. No hace excepción en su reflexión el macho.

Han pasado millones de años desde que Natura empezó a modelar al hombre. Tal vez lo hizo primero que la mujer. He ahí un dilema. ¿Fue primero el huevo o la gallina? Pero el macho, que inventó el lenguaje para expresar lo que siente, -si es que piensa-, todavía no ha aprendido el a b c del respeto y el decoro. Si el hombre así se expresa a boca llena del ser que nos dio la vida, de nada valió llamar cultura a lo que el hombre ha dejado escrito en la frente de la Historia.

 
     
 
 
     
 
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