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Poemas favoritos para un Premio Nóbel de Literatura.

Parte II

Por Gabriel Jaime Caro (Gajaka)

“La urdimbre es la piscina de la metáfora, nos regala el conocimiento sin asombro, alguien aguardaba”
José Lezama Lima

He aquí otros 6 poemas de 6 grandes poetas, mayores y menores, poco importa, y que podrían dar la cabida a nuestros escasos motivos del lobo para comprender sus ventajas en el cambio: Juan Manuel Roca, Gioconda Belli, Arturo Carrera, León Félix Batista, David Huerta, Ramón Fernández Larrea.
El cambio de enfoque generacional que lo puede dar un solo poeta, fuera de la jaula enloquecida de la vida; porque la poesía no depende de generaciones: ¿De qué generación era Baudelaire, Poe, Borges, Lezama, Dalton, Obregón, Montejo?
Un poema define a un poeta ganador, y este está aquí o saquen sus conclusiones, sean estas surrealistas, coloquiales, desencantadas políticamente y, barrocas en el mundillo, porque hay mundillos entre el origen de la razón y la alquimia, la cama el sueño y las manos cetrinas.
Otros poetas que estarían acompañándonos en otro espacio (el III) y firmes candidatos a un premio de esa categoría son: Rodolfo Hinostroza, William Ospina, Lorenzo García Vega, Marco Antonio Montes de Oca, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Blanca Valera, Reynaldo Jiménez, Octavio Armand, Elvio Romero, Jorge Enrique Adoum, Juan Calzadilla, Enriqueta Ochoa, Horacio Salas, Rafael Cadenas, Juan Gelman, Roberto Sosa, Eduardo Milán, José Luís Rivas, Daniel Chirom, Giovanni Quessep, Miguel Aníbal Perdomo, José Kozer, Raúl Henao, Eduardo Espina, Jaime Jaramillo Escobar, Jorge Boccanera, Ernesto Cardenal, Rafael Arráiz Lucca, Guillermo Sucre, Elsa Cross, Georgina Herrera, José Roberto Cea, Juana Bignozzi, Pedro Shimose.

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Arenga de uno que no fue a la guerra

Nunca vi en las barandas de un puente
A la dulce mujer con ojos de asiria
Enhebrando una aguja
Como si fuera a remendar el río.
Ni mujeres solas esperando en las aldeas
A que pase la guerra como si fuera otra estación.
Nunca fui a la guerra, ni falta que me hace,
Porque de niño
Siempre pregunté cómo ir a la guerra
Y una enfermera bella como un albatros,
Una enfermera que corría por largos pasillos
Gritó con graznido de ave sin mirarme:
Ya estás en ella, muchacho, estás en ella.
Nunca he ido al país de los hangares,
Nunca he sido abanderado, húsar, mujik de alguna estepa.
Nunca viaje en globo por erizados países
Poblados de tropa y cerveza.
No he escrito como Ungaretti cartas de amor en las trincheras.
No he visto el sol de la muerte ardiendo en el Japón
Ni he visto hombres de largo cuello
Repartiéndose la tierra en un juego de barajas.
Nunca fui a la guerra, ni falta que me hace,
Para ver la soldadesca lavando los blancos estandartes,
Y luego oírlos hablar de paz
Al pie de la legión de las estatuas.

Juan Manuel Roca, 1946, Colombia.

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Permanencia de los jardines
A Carlos

En el enrevesado espeso matorral de mis floraciones
has laborado embriagado de almizcles.
No hay almácigo desperdiciado en este amor
donde a diario te desafío
a que encuentres el brote más reciente.
Nunca dije que sería un jardín de senderos bien
delineados.
Me constituí como un jardín tropical y húmedo
con especies imposibles de clasificar
pues siempre quise poner a prueba tus intenciones de
jardinero
domador de plantas y exterminador de plagas.
Te he asaltado por los cuatro costados con enredaderas
tumultuosas
Y hueledenoches de belleza mortífera
Y he abierto hojas como alas de sueños selváticos en los
árboles plácidos
que sembraste alrededor de la casa.
En tu alcoba de macho cabrío introduje violetas africanas
y rodeé de jazmines indios los bordes de tus infranqueables
ventanas
- esas que ahora el perfume traspasa con ruido de vidrios
rotos-
¡Qué bien has soportado, mi amante, amadísimo, cuanta
prueba te puse!
Dócil jamás, crezco ahora sin embargo sobre el techo de la casa
Y abrazo esta dulce, fogosa extensión que habitamos
La defiendo con cercos de espinas
Instalo surtidores
Para que no la marchite
Ni la más cruel de las estaciones.

Gioconda Belli, 1948, Nicaragua

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La tarde está llorando
Y es por ti

“Demorar viene de morir”
Octavio Armand

Estas son las filiales de la lluvia: blasfemia
primitiva y acarreo de anatemas. Descarnado
por acumulación, de esperar eternamente en un
portal, dejo caer la mano para mancharme un
poco. Soldadesca que desbanda y aporta un
componente: falanges bajo el agua, movimiento
natural, renovable, para un fósil. Mi persona es
un canon y su simulación: disfraz del hombre
envuelto en carne feble, hueso resbaloso,
músculo estriado. Y para colmo crece, entre
lapsos y subsuelos, y mañana dará espigas. Aquí
y empantanado, eludido por los taxis, el nublado
en mi cabeza reprodujo sus jirones. Esta
borrasca implica que no logró imponerse el
bienestar.


León Félix Batista, 1964, Republica Dominicana.

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Carpe diem

sólo el misterio busca compañía.
Busca... su alianza cruel con la ignorancia real
del deseo,
y de las cosas que por únicas
repite el carpe diem del deseo,
yo hablé
yo soñé
algo que no quiere adherirse
ni al secreto de sí mismo,
ni a la comparación que se rehúsa a cada forma todavía
Cree que el bigote del gato egipcio
es la comparación.
sus bigotes de alcanfor que saben del equilibrio
más que su distante armonía.
Cuando yo balbucía y eras un hombre más pequeño,
tu voz más disonante más fiel a su secreto,
y la alegría de las formas se ofrecía a su indistinción.
Pero líbrame de las injurias fáciles,
de los fáciles fantasmas que confunden todavía
mi inocencia con mi frivolidad,
mi sexualidad ambigua y contenida
con un modo excesivo del impudor.
...descontentos con mi apuesta a volver
al murmullo de las ranas, a querer oír otra vez
el impulso de las ranas en su verdad,
en su mensaje de reclamo al viento,
a la insinuación.
Y que me libere de los que descreen
de mi creencia en ese grillo, en ese bazar,
abierto no sobre el lenguaje sino
sobre su vestigio en mí.
Que el deseo de los cuerpos hermosos
entrevistos en la calle Stegmann
no se duerma todavía,
ni el derecho a la blasfemia incoherente
amenaza indecente a quienes miran.
Al misterio.
Otra vez al misterio
de la dolorosa insistencia
del misterio.
Inocente
Carpe diem

Arturo Carrera, 1948, Argentina.
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,.
.A TIENTAS EN EL CORAZÓN DE LA MÚSICA

A tientas en el corazón de la música
me he quedado ciego. Recordé a Flebas
—sus orejas atenazadas por un montón de algas,
sus ojos abiertos que viajaba ingrávidos
hacia la roca tatuada de reflejos, los peces como ratas alrededor de su cuerpo
y los brazos y piernas derruidos
por el piadoso comején submarino.
A tientas, en vilo entre las constelaciones,
he creído que la garganta me estallaba
y que la sangre gemía y resplandecía
en un incendio de espirales.
Oí canciones en el jardín de los cadáveres:
canciones como caricia de narcóticos.
Pensé en el sueño doble de Rrose Sélavy.
A tientas en el corazón de la música
sentí la magnética y muda palidez del hambre
y vi el trono de la sed recamado de líquenes.
Caminé por un lugar de adormideras
y me puse los guantes de las pesadillas.
En el enardecido resplandor de los oídos
hormigueaban los sueños como penachos rotos.
A cielo cerrado, en la garganta,
bailaban las palabras y las sílabas.
El corazón de la música latía
lleno de sangre iluminada.
David Huerta, 1949, México.
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No ebrio

se ruega a los hombres que dejen de arder
se les conmina a lanzar su memoria
lejos de los tizones y si en esos recuerdos
vienen mujeres o dolor no entren
se le ordena a ese andrajo que se ha lanzado a zigzaguear
que pare en firme y se quite las alas
las carreteras no son para el vuelo
las mesas están preparadas para la tristeza
es allí solamente que se permite llorar
junto a un vaso el cenicero una luz azul que muerde el corazón
el gobierno se compromete a mantener la penumbra
a amenizar los desgarramientos con tangos y boleros
a romperle las cartas que no indiquen precisamente desamor
se indica en los carteles que la felicidad ha de cumplir normas y horarios
inscriba en esta planilla su amor perdido
su hijo lejano su madre casi muerta
el número de algo realmente imposible
llámese hambre o cielo nómbrese del tamaño que sea
tenemos una oferta bastante especial para cadáveres que no cesan
las pasiones de infancia irán aparte cuidamos la clientela
favor no mezclar recuerdos y deudas
se nos hace difícil clasificar penas y olores
sugerimos que no se llegue al extravío
nuestra misión es que pueda sufrir con absoluta tranquilidad
siempre en ligeras dosis siempre dejando un hueco al prójimo
se sugiere con absoluta convicción
que admitimos sólo a quienes cumplan lo previsto
la desesperanza ha de tener un orden lógico
beodos hijos de la noche hombres tristes
ligeramente desgarrados
prohibido protestar cuando cerremos
el patrón les regala esta ronda
se ordena que regresen mañana o pasado
con un desgarramiento mejor.

Ramón Fernández Larrea, 1957, Cuba.
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