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O...viceversa
Por: Renandarío Arango
De
entrada, apabullante.
Visualmente hablando: incomparable e hipnotizante; a su vez, cruel, monstruosa
y desalmada, sobre todo en nuestros momentos más difíciles,
así es la “capitaldelmundo”.
Nuyork es la ciudad de emigrantes por excelencia, dos terceras partes
de casi nueve millones, somos de afuera. Algunos de los nacidos aquí
no verán fisicamente y vivos, una vaca o un toro, o un burro, en
toda su vida. Hay niños que en sus programas escolares de los veranos
los llevan al campo a conocerlos, o sólo les queda el cine y la
televisión como referente. Si todos los habitantes de la isla de
Manhattan decidieran bajar de sus rascacielos para salir a caminar al
mismo tiempo, se paralizaría el tráfico.
Las líneas del tren subterraneo unidas como una sola,- que nos
sirven día y noche-, son tan largas como dos veces el cinturon
de la tierra, o un viaje a la luna.
Hay gente de todas partes del planeta, con y sin documentación;
y de estos últimos, y de los anteriores también; los hay
a todos los niveles intelectuales de razas y colores, en los empleos más
disímiles e inapropiados: cirujanos vendiendo golosinas, abogados
lavando platos, catedráticos de buhoneros, ingenieros de recepcionistas,
cientificos de mensajeros, periodistas de panaderos, actrices, músicos
y actores sirviendo mesas etc. Se habla, se estudian, o se escriben y
conocen idiomas o dialectos de los que uno ni siquiera imaginaba su existencia.
No en balde las Naciones Unidas y sus muchas dependencias tienen sus principales
oficinas aquí, y existen como una nación autónoma
e intocable.
No es difícil complacer al exigente en cuanto a gustos culinarios,
y el Neoyorkino se jacta de serlo, pues se cuenta con más de 30
mil lugares en donde se vende comida, de todas las partes del mundo, algunos
durante las 24 horas, en lugares abiertos y cerrados y para todos los
presupuestos.
La música de todos los rincones del mundo nos pueden despertar
del ensueño de lo infinitamente pequeños que somos, frente
a otras realidades, u otras culturas milenarias, hasta ligar sentimientos
sin ni siquiera entender o pretender leer el pentagrama de las emociones,
propias o ajenas. Para ello existe y se justifica aquí, un género,
el multifacetico lenguaje universal del Jazz.
No todo es del mejor color, sabor y olor para el que emigra.
Con la nostalgia a cuestas no es dificil denigrar, del aquí o del
allá, de uno, y de todos.
Hay que estar abierto a perspectivas paralelas a lo que nos toca vivir
fuera de un entorno, del que guardamos recuerdos, a veces obnubilados,
bajo la obligatoriedad de experiencias individuales, y no acatamos a comparar
desde antes o después de la salida, sino mucho tiempo después
de llegar y saber que nuestras decisiones ya no tienen reversa, o de que
de nuestras naves no queda ni el humo.
Comenzamos de alguna manera, con reticencias de por medio, a ser del lugar
donde estamos, a veces con el torturante sadomasoquismo donde las escasas
gratificaciones son un falso aliciente a cualesquier posible derrota.
Llegamos con la idea de que todo tiene que ser mejor, o por lo menos diferente,
y así, con ese aporte silencioso de nostalgias, golpes y logros,
superamos la penosa zancadilla de los recuerdos idealizados; el patrioterismo
engatusante, y el imán de los afectos a distancia, cubriendo carencias
con lo mucho o poco que nos ofrecen los medios.
La nostalgia o el desarraigo se camuflan con frívolas adquisiciones,
llenando así falsas apariencias, para las inocentes víctimas
en una sociedad de consumo, donde se es porque se tiene… o viceversa.
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