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Descubriendo la filosofía

Políticas Públicas

Nelson Duque Quintero.

Amigo lector y ciudadano, quiero iniciar este escrito haciéndole tres preguntas a propósito de un aspecto de la vida diaria que nos concierne de manera profunda: 1) ¿usted qué sabe sobre “políticas públicas”?, 2) ¿de quién depende la ejecución de las políticas públicas de su ciudad?, 3) ¿cómo plasmar nuestra responsabilidad social con la región?. El objetivo de esta reflexión va encaminado a proporcionar algunos mínimos elementos que nos ayuden a sentir que pertenecemos a una región y que lo que sucede en el transcurrir cotidiano depende del plan de desarrollo y de las agendas de trabajo de las instituciones, de los dirigentes y gobernantes del momento.


La importancia de las políticas públicas radica en que están estrechamente vinculadas a “decisiones políticas” que enmarcan el presente y el futuro de las personas que constituyen una comunidad. En este sentido tengo que resaltar, especialmente, el Plan Estratégico que piensa en el futuro cercano : año 2020. En él se deja constancia del problema central que viene a ser “la voluntad política para asumir la tarea del desarrollo, en la medida en que el origen de las políticas públicas está en la capacidad de una sociedad para definir su agenda en los frentes políticos, económicos y sociales”. Fundamentalmente la política se justifica en cuanto su primer deber moral es el bien común para una comunidad en constante desarrollo, y donde su dinámica hace que ella sea participativa, no sólo en palabras o en el papel, sino de manera real. Es construir una agenda integral que, primero, vaya más allá de los gobiernos de turno, segundo, identifique e integre con coherencia la solución a los problemas locales y regionales, tercero, dé vida a la sociedad civil en la toma de decisiones y en el control de las obras realizadas. Pensar lo contrario es aprovechar una comunidad sólo para el beneficio personal y de los intereses de un grupo. Este es el gran escenario de participación colectiva que define las políticas públicas como políticas sociales y donde gobernar tiene como único valor el bien general. Justamente porque no se da todo el valor a lo público como corresponde, y, así la democracia cae, a más de incoherencias conceptuales, en contradicciones sociales. De ahí la importancia y urgencia de gobernar por políticas públicas, es decir, para el bien general de las personas. Ello permitiría identificar, denunciar, y expulsar las prácticas clientelistas y los intereses de grupo que van en desmedro del futuro y del bienestar de las próximas generaciones. De otra manera la responsabilidad social carece de sentido y se reduce a una palabreja más. Por eso mismo hay que encontrar el punto límite y la diferencia, conceptual y real, entre el entrecruzamiento avasallador de lo privado y de lo público, del interés particular y el bien común, pues con frecuencia se encubre y se enmascara lo particular en la apariencia del bien general. Hasta tal punto llega la ausencia de un sentido verdadero de la Política que la confusión revierte la mentira en verdad, lo ilusorio en real, el privilegio en algo normal.


En el abanico de las políticas públicas podemos considerar una de ellas: la educación pública como baluarte de formación humana, de conocimiento y de investigación de lo que tenemos, somos y podemos ser. Es un buen ejemplo para dimensionar el concepto de políticas públicas y de la interacción de los variados actores (participantes) en su elaboración y ejecución, pues a través de las instituciones educativas y, en especial, de la Universidad vemos con más claridad la relación con la sociedad y el forjamiento de horizontes a largo plazo. Es propio de la Universidad asumir el análisis de los problemas regionales que impulsen a convertir los planes académicos en desarrollo social. Esto implica contribuir en la configuración de políticas que partan de investigaciones empíricas, conceptuales y culturales; supone revaluar sus medios de participación, las estrategias de formación humanista y los mecanismos que muestren su responsabilidad social. No es el momento de hablar, simplemente, de la ausencia de compromiso o de la debilidad de vínculos entre gobierno, educación, comercio, industria y sociedad, sin darnos cuenta de la lógica organizacional que los recubre a todos y del significado complejo de la relación sector educativo-sector productivo por su naturaleza multisectorial y multidisciplinaria. La magnitud de los problemas y de las soluciones pasa por la participación social en la conformación de políticas científicas y humanísticas que enaltezcan la verdad de la Política.

 
     
 
 
     
     
 
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