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Dirigida
por: Ricardo León Peña Villa y Manuel Tiberio Bermúdez |
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textos que se leen en este sitio web, son responsabilidad de cada autor.
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YO
TAMBIEN FUI UMBRELLERO
Por Manuel Tiberio Bermúdez Para el año 2005 la vida y un avión me llevaron a New York. ¡Siempre devuelvo las visitas! Fui a La Gran Manzana, a devolver visita al Poeta Ricardo León Peña Villa, quien había estado en Caicedonia, Valle del Cauca, para participar en el Tercer Encuentro Nacional e Internacional de Escritores por la Paz de Colombia y como buen paisa al despedirnos me dijo “por allá a la orden”. Y le cogí la caña y llegué a su casa, a ese edificio ubicado en el East Village de Manhattan que fue bautizado como Umbrella House. Es un edificio con historia. Una historia que cuentan con orgullo los ocupantes del edificio quienes libraron verdaderas batallas contra la ciudad de New York, contra la policía, contra las inclemencias del tiempo que tiene un vaivén endemoniado, como la vida misma de la ciudad. En las noches de mi estadía en casa del poeta, mientras los tangos nos servían de fondo para los recuerdos y las añoranzas, la historia de cómo llegó al edificio contada por Ricardo, espantaba soledades y querencias dejadas por una temporada en ese sur de la nostalgia. “Fue la lucha por un barrio. 44 edificios y 32 lotes de basuras que se convirtieron en jardines y parques comunitarios, la gente por la gente, resolviendo, acción, acción, confrontando el establecimiento en pos de una solución. De los 44 perdimos 31 en batallas cámpales con la policía, los políticos, los constructores y todos los poderes contra un grupo de artistas, familias y estudiantes. Venían con tanques, helicópteros, perros y mil azules y desde los techos llovían meaos y heces. De los restantes edificios, a 11 nos legalizaron, 2 edificios quisieron seguir en la anarquía punkera; es decir, nos dieron los edificios en propiedad y eso es vencer” me decía mientras una copa acompañaba el sonido tembloroso de un bandoneón arrabalero. Para
cuando conocí el edificio en 2005 aún sus ocupantes no tenían
el beneficio de la calefacción pero eran y siguen siendo felices
habitándolo. Llegué en marzo, había nieve y hacia
frío que se exorcizaba con varios radiadores que soplaban sus alientos
calidos sobre nuestras humanidades. Así que uno se imaginaba cuando
años atrás los ocuparon y las condiciones para vivir eran
más difíciles. |
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