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  HASTA EL INFINITO

Por: Renandarío Arango

La importancia de un cero no se discute. Es un número que se autodetermina de acuerdo a su posición, también por su forma. Lo digo porque sin la existencia del número cero, no tendríamos valores, es decir, valdríamos finalmente todos, eso, un cero.

Reconocí personal y ampliamente la importancia del cero, al dedicarle mis afectos a una dama que crecía hacía los lados, fue cuando al vernos juntos, jocosamente algunos terminaron por llamarnos el diez, o cero uno; con el tiempo nos obliteramos individualmente a un simple cero, ¡no somos nada!

Así tendremos ceros alargados o encogidos de acuerdo al gusto gráfico de cada quien, pero esos rubicundos ceros circulares nos parecen tan enfáticamente llenos

que hasta ni ceros; es decir, como que dejaran de serlo, o por lo menos de forma; así tan engordados, como que se hacen más número positivo, como con más presencia o potencia, son algo así como que hubiera que ponerlos a dieta para que les podamos creer que sí verdaderamente representan la existencia de la nada.

Póngase donde se ponga, el cero no dejará de ser un gran intrigante, hasta un farsante, que al cambiar de posición crece voluminosamente mimetizándose entre los demás dígitos.

Es muy difícil encontrar un cero caído en desgracia, que no tenga tanta o más importancia que la de los que están apoyados por la derecha, y finalmente se impongan, y se llenen de valores positivos; siempre, a pesar de su derrota, hay que contar con él como si realmente existiera, hasta reconocer una franca recuperación del movimiento de transacciones, en donde con el juego de valores terminan por potenciarlo y acogerlo, finalmente hacía la derecha!

El círculo por sí mismo tiene que ver mucho con la existencia misma del cero, y tal vez con la existencia esotérica de todas las cosas, pero con la elasticidad de un cero, el que podemos ir doblándolo, - no en su valor,- sino en su forma, acostándolo con una torsión desesperante hasta que rompa uno de sus extremos, y en todo ese esfuerzo de lucha simbólica, ya habremos llegado finalmente desde un ocho acostado, hasta el infinito: 8


 
     
 
 
     

 

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