| |
|
|
||
| |
Dirigida
por: Ricardo León Peña Villa y Manuel Tiberio Bermúdez |
|||
| |
||||
| |
| Los
textos que se leen en este sitio web, son responsabilidad de cada autor.
|
|
|
|||
| |
|||
|
|
|||
LA
TUMBA DE GARDEAZÁBAL
GILBERTO MONTALVO EN LA CRÓNICA, ARMENIA, MIÉRCOLES 7 DE MARZO Gardeazábal... como Pedro por su casa El irreverente escritor tulueño Gardeazábal, hoy justipreciado periodista en La Luciérnaga de Caracol estuvo en el Quindío en recorrido que comprendió una visita al municipio de Circasia donde revisó y pagó hasta el último centavo que debía de la tumba que adquirió en el Cementerio Libre. Gardeazábal estuvo regodeando con los administradores del famoso campo-radical porque en el contrato inicial se le había prometido una fosa donde se le enterrara de pie. Dadas las remodelaciones que ordenó en vida, Braulio Londoño, según John Jaramillo, su biógrafo, nadie podrá en adelante ser sepultado de esa manera. Gardeazábal, en un gesto inusual llamó a Manuel Gómez Sabogal, el eterno diletante universitario, para confiarle que había pagado su tumba en Circasia pero con la aflicción de que lo tengan que sepultar como a todos los mortales, en posición horizontal. Testamento tempranero. “JUAN PAZ, EL MUNDO, MEDELLIN, DOMINGO 11 DE MARZO *Una visita extraña* ¿Qué
estaba haciendo Gustavo Alvarez Gardeazábal el fin de semana pasado,
en el Cementerio Libre de Circasia? La pregunta viene al caso, porque
éste no sólo es el cementerio más hermoso de Colombia,
ubicado a 10 kms de Armenia, sino porque se trata del campo santo de los
libre pensadores, fundado en la década de los años 20 por
el mecenas librepensador Braulio Botero Londoño, quien fue secretario
de gobierno de Caldas por allá en 1930. Como
datos curiosos, en el Cementerio Libre de Circasia sepultan a los muertos
parados. Y allí sólo hay dos textos escritos sobre las tumbas.
Uno, el himno que el escritor antioqueño Antonio José "Ñito"
Restrepo le compuso a la muerte. Y el otro, un párrafo del discurso
que Gardeazábal pronunció el día de las exequias
de Braulio Botero Londoño, su amigo, quien falleció en 1993.
Y yo que estaba tan tranquilo, pensando que la vida no me volvería a poner de padrino de nadie, pues mis tres pobres ahijados no hacen sino decirme: “bendición padrino” y nada pasa. Si mis tres ahijados ya crecieron y no me conocieron el padrinazgo, si siempre he sido malito para ese cuento, ahora, llega el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal y me nombra su padrino de entierro. ¡Qué tal! Todo empezó el sábado 3 de marzo, cuando me encontraba pensando en el eclipse de luna y pendiente del mismo, y me dediqué a deambular por la carrera 14, hasta cuando fuesen las seis y diez de la tarde, momento en el cual empezaría el eclipse. Mi sorpresa fue grande cuando recibí una llamada. Era el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, quien me comunicaba que se encontraba en Circasia separando su tumba en el Cementerio Libre. Extrañado, le pregunté que por qué tan acelerado si todo mundo lo escuchaba en “La Luciérnaga” de Caracol y además, estaba muy joven. Sin embargo, para completar el cuadro, en la llamada me indicaba que yo era el responsable de que todo saliera bien cuando muriera. Es decir, había dado mis datos parta que me contactaran y lo llevaran a la tumba indicada en el Cementerio Libre de Circasia. Además, que fuese enterrado de pie. Cosas raras tiene la vida, pensé. Está loco o se contagió con el eclipse, o se había preparado para “El Festival de la Locura” en Sevilla. Nunca pude saber cuál era la razón correcta. A eso de las cinco y media de la tarde, me encontré con el escritor, me tomé dos cervezas, mientras él acudía a una soda y tres pastillas para sobrevivir. Supe que más tarde tenía otras cinco programadas. Y mientras digería sus pastillas, me contó la historia de su deseo por ser enterrado en el Cementerio Libre de Circasia, cuento que le escucho hace ya varios años. Me contó que ya había elegido su tumba en Circasia y que todos los pormenores, cuando el falleciera, corrían a mi cargo, menos los gastos, pues esa parte ya estaba solucionada. Total que todo ya está muy preparado y la tumba de Gardeazábal está lista. Y yo, el responsable de los responsos y todo lo relacionado con los últimos deseos de alguien que en la vida fue irreverente, honesto y sincero con lo que siempre pregonó. Esa tarea la cumpliré y agradezco al escritor su deferencia. Sin embargo, no sé si sentirme orgulloso o triste. Es más, estoy loco o me estoy soñando esto. Mejor, me sentaré a esperar a que Gustavo Álvarez Gardeazábal publique su nuevo libro con un título casi que sugestivo: “Ite, misa est”. Manuel
Gómez Sabogal |
||