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  EN MANOS DE TASMANIA

Por: Omar Ortiz

El monstruo de Tasmania es originalmente un personaje de tira cómica y de dibujo animado que se caracteriza por su fealdad: enano, peludo, colmilludo y de una voracidad sin limites. A su paso no queda títere con cabeza y como Atila no crece la hierba por donde avanza su huella. Curiosamente este muñeco arrasador tiene en la realidad varios clones. Uno se jacta de destruir, saquear, desmantelar, asaltar y asolar la cuna de la civilización occidental, hoy llamada Irak, y de extender su animo guerrero a cualquier país que no se ajuste a sus proyectos, amenazando incluirlo en el ansia de sus desordenados apetitos.

Otro, que vive de la mano del anterior y como él tiene vocación de finquero, tiene más bien cara de mosquita muerta, alguien lo llamó “un joven que promete”, pero esta afirmación fue desmentida por medio de una calumnia a un periodista llamado Gonzalo Guillén. Este seminarista de los ojos claros, siempre que quiere ajustarle las cuentas a quienes señala como sus enemigos, se vale de la radio para acusar, señalar, herir, lastimar a diestra y siniestra sin consideración alguna y sin medir las consecuencias que sus iras puedan generar. Se caracteriza además por sus desmedidas apetencias y de atragantarse con determinadas instituciones. A esta hora ya ha terminado con los partidos políticos que antes de su llegada servían como pantalla a una débil y formal democracia. Como consecuencia se engulló de un bocado lo que se conocía como poder legislativo, no importa que para lograrlo tuviera que recurrir a otros depredadores que faltos de colmillos utilizan, fusiles, pistolas, granadas y moto sierras, y por esos miedosos atributos hoy estén llamados a rendir cuentas por la Corte Suprema de Justicia. Pero no va a durar mucho dicha judilización, ni más faltaba, para ello se prepara a tragar de un bocado a jueces, fiscales, procuradores y fuerzas de seguridad que no se presten a sus hambrunas.

Un magistrado en particular, el doctor Iván Velásquez, es el principal objeto de su rabia, porque tiene en la cárcel a una significativa manada de engendros, entre ellos a un familiar muy cercano a sus afectos y a sus negocios, por eso le ha tirado encima a los tasmanianos que es como tirar los cristianos a los leones, para que lo descuarticen, lo destrocen ya que no ha podido por otro medio lograr que no siga encanando a sus cómplices y dejando muy mal parada su versión de que ya se acabaron los paratasmanianos, pues ruge cuando el Times, de New York, dice que en su territorio se siguen violando los Derechos Humanos. Que le vamos a hacer, estamos en manos de una versión rosa del monstruo de Tasmania.

 
     
 
 
     
 
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