José Osorio
Trujillo, Valle
Residente en New York (1957)

Paisajista del Deseo

Cuando el creador encuentra un lenguaje es porque ya más liviano de angustias, se deja volar en el dictado de lo que su fantasía le da. Sobre un verde infinito una mujer se tiende en sombras inmensas, proyección que provoca que el pudor se cumpla en aquellos que andan escondiendo lo

pasionario, y está ahí porque el arte no es para impresionar sino para incitar a las insurrecciones del pensamiento. Ese es uno de los objetivos y gustos que siente el artista cuando saca de su estudio la obra que ocupó su pensamiento como un laberinto, pero lo principal es liberar el alma en este caso, pictóricamente.

Las mujeres rotas que pinta José Osorio, son mapas de pieles por las que se pasea noches de bohemia neoyorquina en fondo femino, mañanas de inviernos crudos con sol leve, insinuado, donde los dedos son la herramienta de la fortaleza, porque José sabe que es por amor que plasma.

Él tiene la memoria plena de memorias en futuro, ya sabe que tranquilo ocupa el lienzo en divagaciones ya cifradas, que poseído por el lorquiano color, hace su vida en un ambiente donde se pagan precios sin dinero, pero él paga la cuota sin necesidad de envidiar nada al sufrimiento de los pintores de la vanguardia pasada, porque está en la ciudad ombligo del mundo, siendo la vanguardia presente.

Ya se abre en el mundo del arte el espacio desde la esencia misma para estas mujeres rotas, ya se encontrará lo esperado por quien cree en lo que hace, porque no hay perfecta anatomía en la obra de este pintor de libido pleno, hay detalles que no permiten obviar un seno deseable, sino que hay que desearlo, un pubis sombreado nos lleva la memoria a noches húmedas e incluso la contorsión de la cadera luce sensual y es ahí que el pintor comparte con la mujer que se ve retratada, sin ser retrato de la modelo que desnuda se tendió en el estudio del artista en Umbrella House, dond