¿Hostigamiento?
GUSTAVO ALVAREZ GARDEAZABAL
Todos mis lectores y oyentes saben que no me paro en pelitos para decir
lo que pienso. Como tal, muchas veces, me toca pisar callos o meterme
con intocables que se creen con derecho a que nunca se sepa la verdad
de lo que hacen o, lo que es peor, a que alguien comente sus actuaciones.
De la misma manera mis lectores y oyentes saben que he sido un amante
de los animales, que gozo con mis perros, mis gatos y mis gansos, que
soy un defensor de la ecología, un cultivador de orquídeas
y que vivo en una finca en medio de abundante vegetación que he
conservado por años.
Por esa razón, cuando en menos de veinte días una cuadrilla
de uniformados de Invías, acude, escalera en mano y machete en
la otra a destruirme el seto de suinglias que protegía mi seguridad
y visibilidad, y después en una madrugada de esta semana, amparados
en las sombras de la noche, me envenenan a tres de mis perros, a los que
ejercían como guardianes en el patio principal de la finca, todos
mis lectores tendrán que entender lo que estoy sintiendo.
Pero si a eso se agrega que el 23 de abril fui asaltado por un comando
armado, grabado afortunadamente por una cámara de seguridad y el
14 de octubre se asaltó a uno de mis escoltas para quitarle la
pistola que "milagrosamente" encontró la policía
cuatro horas después, todos los que leen esta nota deben saber
qué puedo estar pensando sobre este hostigamiento continuo.
Hasta ahora sigo vivo pero que les estoy estorbando, les estoy estorbando.
¿O estaré equivocado y todo es coincidencial?
gardeazabal@latinmail.com
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