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  José repiso Moyano

(A un niño muy pobre... que se muere de hambre)

Tengo que comprender que te comprendo
como un buen corazón a su latido,
mancharme de tu humano recorrido,
ver dónde estás de ti y qué estás haciendo.

Porque no has de estar solo ahí abriendo
tu pequeñita fuerza en el olvido,
tú que eres un sueño y un sentido,
expectativa que se va viviendo.

Sí, eres dignidad, aun no se diga,
aun se le enturbie la razón al mundo,
aun el más veleidoso lo maldiga.

Tú eres dignidad de carne y hueso,
tú eres a alto merecer rotundo...
lo que te quitan de alas y de beso.

¿QUÉ ES VÁLIDO?

.
Llevo un sacudimiento de titanes
que no me dejan hambre ni derecho;
con lealtad a mi valor deshecho
no sirven gritos, lágrimas ni afanes.

Sólo la soledad entre alacranes,
sólo el rumbo seguir hacia el barbecho
de tanta perdición de mal acecho,
¡y no vivir el pan, aunque lo ganes!

Como un luchar ¡sin fin! en desaliño
con su tristeza a cuestas y su miedo,
como una quemadura desde niño.

Soy... ¿qué?, Dios, algo en vivo, lo que puedo
sin poder, y un afín ciego en cariño...
que se helará contra el desprecio a dedo.

TE LO HABRÉ DICHO


Te lo habré dicho – y ya fue hace tiempo –
cómo eres de hermosa, cómo eres
tan cierta e irresistible en todas partes:
fondo para vivirte de repente.

Yo sé que mi valor te lo habrá dicho...
cuantas veces te he visto, cuantas veces
aun te haya mirado en un principio
como se ve la claridad ausente.

Yo sé que, sin remedio, te lo dije
con todo lo que no sé para siempre
por ti; más te lo dije por el viento
que duerme nuestros besos sutilmente.

Yo sé que, sin apenas luz, lo digo
porque, como tú sabes, es quererte
como lo eterno; y poco necesita
eso que no sea además creerte.

Yo sé que, hoy, lo diré... sin repetirlo;
yo sé que uno lo dice un ser siguiente;
yo sé que es alma, como desnudarte,
estar en este sueño conociéndote.

Yo sé que tanto... lo dirá por algo
aunque parezca poco o sin que acierte;
mas sé que, el agua clara, te lo dice
como dice la mar pura corriente.

Yo sé que lo habré dicho; y no sé qué
voz lo dijo también para entenderte:
¿quizás de Dios?, ¿de ése del amarte?;
amor de amor quedó de amarte al frente.

Yo sé que fue decirlo de... las aves,
que fue decirlo audaz – seguramente –,
que fue decirlo ciega vez y otra
como el mundo por ti, aún más presente.

Yo sé que, sin cesar, sólo lo dije;
que, sin sentido, este vivir es fuerte
de una esperanza a flor que tú me siembras,
de la sonrisa a piel que tú me extiendes.

Yo sé que, por decirse, fue decírtelo;
que cota no le va de suficiente,
que éso así está y, único en caricia,
sé que dicho quedó para la muerte.

 
     
     
     
     
 
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