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ESTA
BOCA ES MIA
Por: Renandarío Arango
Eran
muchos contra uno solo.
Vaya uno a saber si estará vivo o muerto ese man.
Después de tanto ruido y con toda esa balacera, hum! Se sintió
como si fueran varios, no uno solo contra tanta gente; y uno nunca se
atreve a decir nada, por temor a que la sigan con uno, sabe? Con usted,
ya son varios los que han venido tratando de averiguar estas cosas; sí
señor, y si uno dice algo, de momento ni se dan por enterados,
pero y después… bueno, uno aparece lleno de plomo, tirado
como basura en cualesquier cuneta… y esto, si es que aparece, pues,
porque aquí eso de hablar puede resultar bien peligroso…
sabe?
No me pregunte más, porque yo lo que soy, quiero vivir hasta cuando
esté bien viejito, y en después, ahí si pueda contar
todo lo que vi. Pero por ahora deje que mi silencio me asegure que no
voy a meter las patas, pues los errores siempre se cometen por abrir la
boca…Eso de insistir tiene sus ventajas para usted, pero lo que
soy yo no le suelto ni pizca, oiga, para que con lo que le diga se arme
un barullo, y en medio de otro maldito zaperoco me toque las de perder,
y me dejen como un colador… Nanay cucas!
Y
si esto pasara… entonces ya le tocará a usted mismito volver
a hacerle una y otra vez las mismas preguntas a otro bocón; y así
seguirá usted tan orondo y tranquilo con su preguntadera de mierda.
Después de todo, con eso no va solucionar nada, ni a resucitar
los muertos; por eso es que no le quiero adelantar tan siquiera ni la
mitad de lo que vi, y que puede comprometer a muchos, y que son tantos,
y que ni yo solito podría tener los cojones de ése man que
ahora mismo no se sabe si lo mataron, o lo hirieron o anda corriendo bases…
Como bien verraco el hombre, no cierto?
Ese
man, si tiene suerte, estoy casi seguro que regresará… y
entonces ni usted, ni yo mismo podremos dar buena cuenta de sus hazañas
en esta lucha de todos contra todos, desde que en este tropel se quiere
joder siempre a los que piensan diferente, y hasta imponer ideas a los
que no se dejan meter ese gato por liebre, al que le dicen que es el presidente.
Por eso le digo que a usted le queda muy fácil seguir preguntando,
queriendo saber las cosas de otros, pero lo que es a usted… si,
a usted, que nunca escribe ni publica sus cosas, las suyas, ni lo que
piensa, porque pareciera anestesiado o vacunado contra todo lo que pasa,
y es que es como si usted mismo no existiera sino en otra parte, en donde
no lo alcanzan ni siquiera las balas perdidas.
Y como siempre que hay balaceras, esas, las benditas balas perdidas son
las que encuentran algún soplón o torcido; ese que cae de
frente, de hocicos, con el orificio por la espalda, por sapo; y de esto
nadie dice nada, porque es mejor comer callado, antes de hablar, o ir
a decir cosas que nos pongan a pensar… y entonces la bendita pensadera
no nos deje dormir; sobre todo en las noches de lluvia, que es cuando
nadie se atreve a salir por miedo a que lo confundan, y después
lo encuentren sin documentos, y vestido con ropas militares, hasta con
tiro de gracia en la cabeza y todo; para que así otros se hayan
cobrado su muertecita en vida, y se las paguen con muy buenos dólares
gringos, cuando ése otro ni siquiera tenía con que pagar
el arriendo donde vivía, y mucho menos al dentista que siempre
cobra por adelantado, y que por un maldito dolor de muelas salió
a la farmacia a las once de la noche y nunca más volvió.
Pero eso sí, disque que lo encontraron, y bien lejos de aquí,
y sólo porque su familia hizo como pudo hasta para pagarles, y
que por lo menos les entregaran el cadáver; y al fin, pudo aparecer…
pero ya bien muerto y como un falso positivo, que de falso sólo
tenía las ropas militares, y de positivo el apenas estar vivo.
Vivo el pobre, pero sin trabajo y con hambre, por lo que seguirá
siendo uno menos, que también cuenta en otras cuentas, en donde
ni usted ni yo contamos señor periodista, que se las quiere saber
todas a costillas de todos esos, y estos que somos nosotros, los que ni
siquiera podemos hacer el intento de abrir la boca, o por lo menos decirle
a usted mismo sin los miedos ni la puta rabia, que esta boca es mia.
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