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LA BONDAD DE LAS ALMAS MUERTAS O LOS CUENTOS DEL DESAMOR Por: Joaquín Arango R Colombia es un país de cuentistas. Es uno de los géneros de mayor acogida entre lectores y estudiosos de la literatura. Además, son innumerables los escritores colombianos que han dedicado su vida a cultivar el género. A Elkin Restrepo se le ha reconocido su poesía, y ahora su narrativa. El propósito, entonces, escudriñar los elementos que tejen su prosa. La Editorial Panamericana hace un mes publicó un libro de catorce historias cuyo hilo conductor no es sólo el amor. El primer cuento titulado “Intentando el paraíso” es una historia entre sueño y pesadilla de un hombre maduro que sale a caminar en la madrugada y se encuentra con dos jovencitas que vienen de una fiesta que, para ellas, no ha terminado. El impacto del hombre por lo que ve en ellas, más la seducción y la invitación de las dos mujeres jóvenes hacen que él se una a la clausura de la fiesta que ellas no habían finalizado. El hombre no sabe si lo que vive es un sueño o una pesadilla. El cuento “Vecinos” narra la vida de las grandes ciudades. Las vivencias de los grandes bloques de apartamentos en los cuales los habitantes estamos tan cerca, pero tan lejos. Los límites del respeto y la tolerancia no se reconocen, si en lo que vive el vecino o en la manera cómo concibe el otro ser lo que es la vida. Los límites de la convivencia están en la puerta de cada apartamento. Es una historia que mantiene la tensión de los grandes cuentos; abandonan por un instante la narración para que el lector conserve la intriga y viva en la expectativa de lo que pasará luego. En este cuento la ironía sobre convivencia se apodera de los personajes; la síquica en otros términos, es una bruja en quien los poderes no alcanzan ni para saber dónde está su marido desaparecido por una noche.
Esta historia es la representación de la tragedia del hombre actual. La pareja representa el caos de los sentimientos; son dos soledades que se juntaron y cada uno carga con el peso de sí mismo y del otro; él con un hijo hidrocefálico, ella con la carga de su histeria y soledad. Ella se une a él por los servicios que ella le pone a prestar. Si Restrepo surgió como poeta no sobra reconocerle las figuras poéticas que introduce en sus historias. En esta por ejemplo, es poético el símil “la ciudad se recogió como ante la sombra de un gran vampiro”. (2009: 32). En estos cuentos y desde el titulado “La mujer ajena”, se deja entrever el hilo temático que atraviesa todo el libro; el desamor o la imposibilidad del amor total. En este cuento, por muchos vericuetos por los que se meta el narrador para encontrar el amor de Mariana, se encontrará siempre con un imposible, con el amor de la mujer que no es, pero se sigue amando. El narrador se entrega a un amor imposible que cuando tiene la posibilidad de consumarlo surgen los problemas que le crean limitaciones para lograrlo. Es la historia del primer amor que no se olvida y si se cree olvidado no es más que otra trampa del amor. Este cuento tiene la tensión de los buenos cuentos; el lector quiere saber el final, pero que la historia nunca termine. Como bien lo hace como poeta, Restrepo sintetiza esta historia en la paradoja: “Pasaron los años, y en las mujeres que amé descubrí que solo buscaba a una, a aquella que las resumía a todas y no era ninguna de ellas”. (2009:45). Además, las opiniones del narrador giran en torno a la vida y al amor perdido que él no desea ni ser perdedor ni tampoco reconocer esa derrota. Por eso para él el amor es una enfermedad que oculta. Esta es la historia del amor que nunca fue. En ese mismo orden de historias de derrotas está el amor fraternal en el cuento “La Prima”. Aquí no es la pasión entre hombres y mujeres sino el amor por otro ser que en la medida de ese amor, se agiganta y se convierte en la primera experiencia de un niño con la muerte. Pero esta prima no vive el amor sino el desamor. En los personajes de este cuento las relaciones de pareja son de intereses y apariencias. Por eso el personaje, cuando ve a la mujer aburrida en su matrimonio, encerrada en una jaula de oro y en su extrema delgadez la ve como una “libélula triste”. (2009:60). Es un cuento narrado sólo en el tiempo de la fábula; la historia fluctúa entre el instante cuando el narrador se levanta una mañana, escucha el silencio de la casa que le anuncia algo y el entierro de su prima en la tarde. Entre estos momentos nos cuentan las vivencias familiares entre el personaje y la prima. Los años que vivieron juntos y el tiempo de ausencia de ella. Ese extraño silencio que escuchó en la mañana es el anuncio de la tragedia. En este cuento el amor obsesivo se vuelve trágico. Pero el cuento titulado “Las tres gracias” seduce por la ficción. Antonio es un hombre solitario que llega a una casa extraña. Las mujeres que la habitan parecen parte del paisaje de una casa en deterioro. Es un paraíso desquiciado. La noche que Antonio llega no amó, lo amaron y no supo quién. Es este el hilo que conduce la historia; lector y personaje se convierten en investigadores. En lo contado uno no sabe quien amó a Antonio y se convierte en su aliado para descubrir quien lo amó. El transcurso de la historia nos conduce a un final desconcertante, pero que ya venía introducido por los indicios que descubre el personaje en uno de sus paseos por los alrededores de la casa-finca. En este cuento, como en muchos, no se pierde el sentido poético que el autor les imprime. El hilo conductor de los cuentos está en las frases que expresan verdades y que sólo son posibles por la observación de un poeta: “Y juntos, vueltos fuego, hicieron del amor una ceniza”. (2009: 72). Todo cuento es una historia de desamor como en “Una vida después”. Es una espera, compromisos y soledad que dura 27 años. Igual a la espera y búsqueda de Mariana como en el cuento “la Mujer ajena”. En los cuentos de Elkin las mujeres están solas, algunas son autónomas con sus vidas y las que no, viven la tragedia de los amores muertos. En el cuento “Vecinos” aunque la síquica tuviera a Martín como compañía, no es más que el títere de sus deseos. Ella lamenta su pérdida no por quedarse sola sino por los servicios que él le presta a sus amigas. Lo mismo sucede en “Las tres gracias”, Antonio se convierte en el instrumento de los servicios que les presta luego a las tres mujeres. Esas
mujeres solitarias están representadas en el cuento “El gato”
donde el felino se convierte en el instrumento que, en cierta medida,
aplaca la soledad que las embarga. En este cuento las dos mujeres se mueven
como si se miraran en el mismo espejo, son dos delirios iguales; la una
por lo que no fue y la otra por lo que empieza a vivir. De los catorce relatos que mejor resumen la estética de Restrepo son el que da título al libro “La bondad de las almas muertas” y “Ardid”. En “Ardid” se presenta la trama del cuento con la filigrana del trabajo de orfebrería; una ficción cuya verosimilitud envuelve al lector en la anécdota. El surgimiento de la historia en forma fortuita y las acciones que desarrolla el personaje a partir de un mensaje que sabe muy bien que no es para él, pero que asume como suyo, hacen que la historia tome forma y se parezcan a las leyendas milenarias de los viajantes que se acomodan a las circunstancias y dejan que la historia fluya y sean los dioses quienes la desenlacen. Esta
narración podría ser un cuento con final efectista o sorprendente
como uno de los mecanismos que utilizan los cuentos cortos, pero en la
cuentística de este libro esa no es la intención. En esta
historia, tanto el pueblo como el muchacho, hacen verosímil la
mentira. Los dos personajes se envuelven en una mentira que parecen creérsela. Pero como la dicha tiene sus dificultades, Tulio inicia un descenso para creerse su farsa e intenta huir de sí mismo, y cómo el pueblo es una aliado de Gladys, no desean que la mujer “más querida y agraciada del pueblo sufriera una frustración” (2009: 94). Tulio cae en su propia trampa. La única salida posible del laberinto de mentiras en las que el personaje se encuentra, es la huida, pero toda mentira es siempre una condena. Una de las preocupaciones en la narrativa de Restrepo es el doble, el falso, el impostor. No sólo se expresa en el cuento “Ardid” sino también en el cuento “Confesión”. En el segundo, parece que la mujer sufre por lo que vive y ese doble que hay en ella es a quien le suceden las cosas. El impostor, el doble, el otro, pero que está en uno es una temática que en la obra de este escritor ya se presentaba en textos anteriores como en el título mismo del libro publicado por la Universidad de Antioquia, “El falso inquilino” (1999). En este libro hay algunos cuentos, que como en “Ardid”, la preocupación y estética se centra en el desdoblamiento de los personajes. Es el juego del otro que llega y tiene su doble, pero que es su impostor como en el cuento “Dile adiós” o el planteamiento del doble como en “El impostor” o la sustitución de personajes que sucede en “Castor y Susana”, y que magistralmente nos quedamos con la idea de si las cosas suceden en la demencia senil de Castor o realmente Susana utiliza una impostora. Así, la obra de este escritor se cuestiona el desamor como una forma de vida del ser humano. Surge la pregunta: ¿Es el amor un instante o puede perdurar en el tiempo? “La bondad de las almas muertas” es la historia en la cual se expresan en forma más clara los deshechos del amor, el tedio, las cenizas, los amores muertos. La rutina de la pareja se rompe porque la amiga que los esposos esperan, llega finalmente a la cita. Este cuento es el más representativo de los amores muertos, los personajes conversan con la monotonía que da la rutina, “su charla era banal y se daba con dificultades, con la inercia propia de quienes ya lo han hablado todo”. (2009: 116). El mundo de los dos es la imagen del hastío, “cortejaron, pues, la desdicha e hicieron del hastío y de los besos opacos un mundo”. (2009: 118). Gabriel sabe que ya no ama a su mujer y ésta parece indiferente ante el vacío que hay entre los dos. En ella las cosas siguen un curso “normal” y él sólo espera que llegue la amiga de ambos porque es una ilusión de amor fabricada por él. El amor entre tres siempre es un imposible. Así, el título de la obra podría ser “La bondad de los amores muertos”. El último cuento “Fragmentos de una épica” rompe con la estructura y la secuencia de los demás. Aquí no se narra una historia de desamor. Es la historia de la construcción y deterioro de lo que parece ser una barcaza. Todo el pueblo gira alrededor de esta construcción que además se convierte en obsesión de los habitantes. Es un cuento que gira entre lo kafkiano y la desmesura mafiosa de esta época. A veces, los mismos constructores no saben qué obra ejecutan. Está, por otra parte, el poder central que todo lo determina. “Del patrón se desconocía hasta el nombre”. (2009:160). Allí, no se puede hacer nada, ni mover un instrumento sin la orden de la oficina central que algunas veces se demora para autorizar la ejecución de la obra. La construcción, a veces, no se hace por falta de órdenes para ejecutar el trabajo aunque la mano de obra y el material estén dispuestos. Es tal la desmesura de la construcción que se pierde todo horizonte, no hay límites y las ilusiones con la obra se hacen cenizas. Eso sí, hay diferentes grados de tensión a partir de la ejecución del trabajo. No se sabe si es el elefante blanco de una administración paquidérmica, propia de estos países y esta época, o la manera de metaforizar lo eterno, el cansancio o el tedio por las obras inacabadas. ¿O será una ficción de la construcción y el derrumbamiento del amor? En los cuentos de Restrepo los personajes fluctúan entre la tristeza, la soledad y el desamor. Cuando hay un intento de amor verdadero, éste se diluye ya sea por la impotencia del personaje para consumar sus sentimientos o porque éste es una mera ilusión que se desencanta con el tiempo. Así pues los personajes sucumben porque el deseo es más fuerte que los sentimientos. De esta manera, en relación con los 14 relatos de este libro, podemos muy bien parodiar un verso de Víctor Gaviria, … “Todos somos una historia de amor o de su falta”. Mg. Joaquìn Arango R. |
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