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Contratiempo

Diatriba


Jotamario Arbeláez

Es el punto más alto de la diatriba, y un agravio mayor a Francia, equiparar así sea burla burlando a Saint Beuve con Alvarado.

Menudo espaldarazo recibió el coco de los poetas, el tetracrítico Harold Alvarado Tenorio, o Amargado Vejestorio, según mis fans, de parte de la revista Arcadia, con la enjundiosa pasquinada de su directora, Marianne Ponsford, y de Antonio Caballero, periodistas de la más rancia alcurnia, así asuman una actitud asaz desdeñosa por la literatura colombiana, de la cual son figuras señeras, él, un notable novelista de ópera prima, y ella una prima donna de la poesía inédita. Para él -en lo que coincide con Alvarado-, el Hay Festival es una sinvergüencería, mientras que ella encaja, como la princesa que es, en el evento vejado.


Caballero repite: "A Alvarado Tenorio le debemos el haber resucitado en Colombia el gran género olvidado de la diatriba literaria". Pero, caracoles, si precisamente Caballero y Vallejo no lo han dejado morir desplegando la finura expresiva y el tósigo sutil que el subgénero exige, y del que Alvarado carece. Este personaje, para los que recién llegan, aburrido de que después de más de 40 años de trajinar con la poesía no ha dado pie con bola, aparte de unos plagios descarados de Borges y de Kavafis, se ha propuesto, a través de una revista de poesía sodomita -si la hubiere- que despacha por Internet y que suena como 'Alquetrabe', amargarles el rato con redacciones escatológicas a los escritores que se han destacado por realización de eventos universales, libros exitosos, traducciones múltiples, premios exultantes, viajes fantásticos, antologías consagratorias. El asunto ha llegado a tal punto, que en los festivales internacionales el marisabidillo es tema que salta, aplicándosele calificativos que el respeto por el lector impide la trascripción. Según él, todos sus antiguos amigos hoy enemigos escamotean el dinero público, ya lo reciban en forma de sueldos, de aportes, de viáticos, de montos de premios. Todos son tramposos, inmorales, incultos y pésimos.


De Héctor Abad, dice que es "... el más ilustre y dolido de los huérfanos, el rey de los sin padre, el único que ha ganado millones con el fusilamiento de su papá, porque nunca aprendió prosodia ni sintaxis pero sufre desazón obsésica ante los que hablan con una zeta en la punta de la lengua, y quien, sin duda, está arruinando El Espectador, hoy al servicio de una cuadrilla de ineptos vividores...". De William Ospina: "Legiones de señoras ya abandonadas por sus maridos y odiadas por sus hijas, cientos de señores con las potencias mermadas, nubes de intrigantes y aspirantes a serlo inundan las salas donde Ospina aparece como un vaquero tolimense, con su inmensa cola de caballo, femenil su silueta y esa ausencia de sonrisa o frescura que proporciona la gloria inmerecida y consciente". De Piedad Bonnett: "Un personaje cómico, una señora culifruncida que se las tira de gran poeta con unos poemitas güevones". De Fernando Rendón, director del Festival de Poesía de Medellín: "Le clavé 14 páginas diciendo que él es un vividor que trae un montón de indígenas que él se fornica, y ¡cobra por eso!". Aparte de que lo tiene clavado con el cuento de que en el evento participan las Farc. Y de mí afirma impávido que me llevaba a Roberto Posada a tomar trago en mi estudio para hablarle mal de él y hacerlo sacar de EL TIEMPO. Ni que fuera Fouché. Es más bien lo que él está tratando de hacerme desde hace años, con cartas a las directivas y este tipo de mensajes en el buzón: "Vaya a bañarse, viejo sucio, vividor, pésimo poeta, literato de pacotilla y bohemio vago... No es intolerancia, pero no hay derecho a que alguien como usted sea culturalmente influyente en este país... guácalaaaaaaa". O sea que tras de faltón, igualao. Lo que a ciertos resentidos hasta les gusta.


A este clásico de la canalla confunde nuestra enciclopédica Ponsford con el implacable crítico francés Saint Beuve, a quien perfila de pérfido. Ni santo que queme tanto. Imagino las risas del vecindario. Es el punto más alto de la diatriba, y un agravio mayor a Francia, equiparar así sea burla burlando a Saint Beuve con Alvarado. Quien bonita ministra de defensa se consiguió para legitimar sus innobles barrabasadas.

 
     
 
 
     
     
 
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