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La lírica de Oscar Londoño Pineda

Por Lilia Gutiérrez Riveros

ligur2200@yahoo.es

Hace unos años, cuando apenas llegaba a Lima, con el propósito de participar en el Simposio de Literatura Hispanoamericana, me tropecé con el académico y ensayista Joseph Vélez, profesor de Estudios Latinoamericanos de la universidad de Baylor. De inmediato nos dimos al placer de conversar un gran café mientras disfrutábamos la alegría de volver a encontrarnos. Compartimos galletas “cafecitas” horneadas en el Quindío.

Hablamos de sus libros, de su inquietud por analizar a los escritores latinoamericanos, con la firme convicción de respetar la voz de los autores y de su entusiasmo por llevarlos a su cátedra de Estudios Latinoamericanos.

Entonces revisamos el programa con el propósito de acompañarnos, como en eventos anteriores. Precisamos las conferencias de cada uno, las ocasiones y el lugar donde teníamos que coordinar algunos foros. La sorpresa más hermosa fue al ver en el programa la conferencia de Joseph: Tuluá visión personal, de Oscar Londoño Pineda. De inmediato le pregunté si se conocían y por qué su ponencia sobre la obra de Londoño Pineda. Cuando me dijo que sólo sabía de su obra, le insinué: -deberías ir pronto a Colombia, desde ya eres un gran amigo de Oscar-.

Durante esas dos semanas y revisando el trabajo de Joseph Vélez tuvimos la oportunidad de cruzar información. El catedrático se refería con gran entusiasmo a la narrativa de Londoño Pineda, hablaba de Tuluá como si conociera perfectamente sus gentes y sus costumbres. Preguntaba por los sabores del Valle del Cauca, por sus fiestas, por su música, por sus bailes. Contaba historias como si estuviera caminando por alguna calle de Tuluá. Claro, todo lo encontraba en los párrafos subrayados en la obra de este valluno que en cuanto a Derecho y Ciencias Políticas y Sociales se las sabe todas. Egresado de la Universidad Nacional, alcalde de su Tuluá del alma, juez y Magistrado de los Tribunales Administrativos del Valle del Cauca y de Cundinamarca, catedrático en unas cuantas universidades e historiador por devoción. Además Oscar Londoño cuenta con doble virtud: su fino sentido del humor y un corazón donde caben todos los amigos del planeta.

Después de publicar Los pasos de Egor y Los sobrevivientes del olvido, había brindado al público Dudosa historia de un hombre feliz.

A través de los años recientes seguimos conversando por a través de Internet con Joseph Vélez, él en Texas, yo en esta Bogotá de todas las primaveras del mundo. Entonces le insinúo acerca de los libros de poesía de Londoño Pineda: La ciudad cantada y le agrego -con este libro podrías sentir por ejemplo-, el sol de mi infancia, con versos como estos:

...Es el mismo sol de mi infancia
siempre nuevo
al que nada lo altera
ni el correr de los años
ni reconocimientos ni agravios
ni la vida que riega
ni la muerte que no cuenta
en su itinerario de luz.

En el siguiente mensaje, le cuento a Joseph que en este libro puede encontrar también Los juegos de infancia, la antigua iglesia, la casona de Sajonia, podrá conversar con Doña Bárbara, que podrá degustar el pandebono caliente, panderitos de harina y sentir el sabor del cariño y del afecto del Valle del Cauca. Le insisto que puede llegar a La plaza de mercado, allí podrá descubrir amigos de infancia, frutas y verduras para las sopas caseras. Además de unas cuantas sorpresas más. Le cuento que hallará personas amables prestas a brindar la mejor palabra, quizá encuentre oficios diversos y puede quedar hechizado con las gentes del campo.

En el mismo mensaje le digo que tan pronto le llegue el libro escuche Los sonidos de esa ciudad que tiene todas las magias, el colegio, La estación del Ferrocarril, Los olores, los compañeros de entonces, los maestros de siempre. Le insisto que se pase por La librería. Así como los niños Esculcando recuerdos le digo que Todo está ahí.

Un nuevo mensaje para Joseph es para conversar de Las palabras necesarias, de cuyas páginas emerge el tono preciso y por supuesto, el vocablo exacto enmarcado en el espacio adecuado para que fluya así:

....He hecho claridad en ti,
que es donde nacen las palabras de ahora
como raudales de luz para mi vida
como la música que siempre quise escuchar
Insisto en que se deje llevar, entonces aparecerá ese milagro que atrapa y que envuelve y nos precipita a volver a mirarnos en el poema:

Palabras

Ellas se van por todo el cuerpo
anudan gozos, hacen hogueras
rescatan instantes.
Las palabras tienen la culpa de todo
si alguien tiene culpa.

Sin embargo, en un nuevo mensaje a Joseph le confieso que el libro que más me impresiona de Oscar Londoño es Los silencios reunidos. Allí está la creación sin límites, la decantación, la imágenes que se sueltan como esta: Sólo quedará escrito sobre la roca/ del tiempo lo que el tiempo/ juzgue necesario.
Pero al final le recomiendo a Joseph Vélez que deguste el libro Las voces sumergidas, allí está Siempre el amor, le pido que se detenga en ese poema titulado:

Ofrenda

Recojo tus manos
y encuentro en ellas tu alegría,
que es mi alegría hecha caricia.

Las levo a mi rostro y son seda,
perfume, brisa matinal,
rocío de palabras.

Las acerco a mis labios
y son pétalos ensayando su vuelo.

Las dejo sobre mi pecho
e inician un recorrido
de olas en ascenso.
Desde la superficie de la piel
van despertando la vida
como viento en turbulencia.

Le pido a Joseph que se detenga en la parte del libro titulada Siempre el fuego. Allí Londoño Pineda se vuelve a jugar la vida con el soneto, con la exactitud y la precisión. Aunque sé que el académico Joseph Vélez releerá Siempre el recuerdo, pienso en esa capacidad eterna de estar creando algo nuevo que aparece en el espacio titulado Siempre los sueños.
No termino de escribir la nota cuando suena el teléfono, es Joseph diciendo que vendrá a Colombia, a caminar por Tuluá y sus sabores, por Tuluá y sus costumbres, sus gentes, sus danzas, su diario vivir y me cuenta que ya tiene subrayado por completo el libro Las voces sumergidas de Londoño Pineda.

LILIA GUTIÉRREZ RIVEROS
ligur2200@yahoo.es

Macaravita, Santander, Colombia. Química y bióloga, campo en el que se ha distinguido por sus investigaciones y numerosas publicaciones. Ha cultivado su talento literario, en poesía, cuento y ensayo. Libros de poesía: Con las alas del tiempo, Bogotá, 1985; Carta para Nora Böring y otros poemas, Bogotá, 1994; La cuarta hoja del trébol, Bogotá, 1997, Intervalos, Bogotá, 2005. Incluida en estudios y antologías. Ensayos: La poesía del África Francófona: un lazo de afecto para Latinoamérica, Barranquilla, 1994. El sentido de lo humano en la obra de Matilde Espinosa, California, State University Dominguez Hills, Carson, city, 1995, La mujer en la literatura colombiana, Beijing, 1995; Nuevas tendencias del arte, Bogotá, 1996; El sarcasmo en la poesía del Tuerto López, Medellín, 1996; La atmósfera caribeña en la literatura infantil, Veracruz, México, 1997, Detrás de la Bohemia. Lima, Perú, 2000. Artículos y comentarios literarios en revistas y periódicos.

 
 
 
     
     
     
 
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