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“Ciencia
(o) Ficción”.
Por:
Andrés Lopera Sánchez
1.
– ¿Será que sí estoy loco? –, se pregunta
el Doctor Roberto Giraldo.
– ¿Será que sí estoy loco?–, repite.
Por lo menos sabe algo con certeza: está completamente solo, lejos
de su país, de su familia, de sus amigos y sin trabajo. Es una
tarde calurosa de julio y, yendo a su casa, una imagen vuelve a su recuerdo:
la mirada esquiva de sus colegas médicos cuando era jefe encargado
de una sala de medicina interna del Seguro Social en Medellín,
unos meses atrás. En ese momento no lo entendió, pero ellos
desconfiaron de su cordura cuando al asistir a todas las reuniones y foros
del tema médico del momento, el SIDA, exponía su teoría
sobre la enfermedad cada vez con mayor convicción y vehemencia.
No imaginó siquiera lo que venía: en poco tiempo sus colegas
decidieron que lo mejor era internarlo en un hospital siquiátrico.
El teléfono sonó en la mañana, un domingo. Al otro
lado de la línea su ex esposa le dijo: “Roberto, mañana
te van a mandar a un siquiátrico...”. Esa misma tarde compró
el pasaje y huyó de Colombia al dia siguiente, cuando ya le tenían
lista la camisa de fuerza. Llegó a Miami. La necesidad de encontrar
puntos de vista diferentes a los planteados por la comunidad científica
en torno al SIDA lo obligaron a convertirse en un asiduo visitante de
las bibliotecas en facultades de medicina de la ciudad. Sin embargo, después
de varios meses de investigaciones infructuosas, no ha encontrado otras
opiniones acerca de la enfermedad.
Esta tarde, llegando a su casa, un fantasma visita de nuevo sus pensamientos:
–¿Será que sí estoy loco?– se pregunta
otra vez. Entonces reinicia el ejercicio racional que ya ha practicado
cientos de veces: analizar la información que tiene en su cabeza,
desde los conceptos básicos de medicina, pasando por las enfermedades
infecciosas y tropicales, hasta llegar a todo lo que ha investigado del
SIDA... cada vez está más seguro de sus conocimientos, pero
duda de sí mismo.
Al llegar a su casa recibe la sorpresa que necesita para quitarse de encima
los fantasmas que lo han rondado desde que llegó a Miami: un amigo
lo espera con una revista Discovery en la que hay un artículo cuestionando
la “teoría oficial” del SIDA, escrito por el respetado
científico norteamericano Peter Duesberg.
2.
Cuando el doctor Roberto Giraldo decide retirarse de su cómodo
cargo como Jefe del Departamento de Microbiología y Parasitología
de la Universidad de Antioquia, para irse a montar un consultorio y un
laboratorio con otros médicos, bacteriólogos, profesionales
de la salud y “teguas”, en una de las regiones con mayores
problemas de salubridad y seguridad del país, Magangué,
sus colegas piensan que enloqueció.
“El loco” Giraldo, como lo llamaban sus compañeros
en la facultad de medicina de la Universidad de Antioquia, se caracterizó
por ser siempre un estudiante de los que no tragaba entero, exigía
la explicación de las cosas y no le gustaba que presentaran el
conocimiento como hechos carentes de demostración. El decano de
Medicina de esa época (Jorge Restrepo Molina) lo recuerda así:
“(Roberto) era como un imán: todos querían conversar,
estudiar y parrandear con él, siempre sabía dónde
era la mejor fiesta del fin de semana, de qué era el examen al
día siguiente y cuáles los libros que se tenían que
estudiar; no se perdía fiesta y sus notas eran las mejores”.
Pero “el loco” Giraldo no está loco: después
de 5 años como Jefe del departamento de Microbiología y
Parasitología, se retira por que quiere aplicar sus conocimientos
en enfermedades infecciosas donde más los necesitan.
Giraldo creció en Medellín, en el seno de una familia poco
convencional: su madre siempre lo invitaba a cuestionar lo que escuchaba
y su padre no daba órdenes, todo se discutía y se decidían
las cosas según los mejores argumentos. La muerte de una tía
a la que quería mucho trazó el curso de su vida; lo motivó
a estudiar medicina, pues tuvo una sensación: los médicos
no habían hecho lo suficiente para salvarle la vida.
Se especializó en Medicina Interna y desarrolló una profunda
inquietud hacia las enfermedades infecciosas y tropicales, leía
de todo lo relacionado con el tema: desde la historia de las actuales,
hasta las plagas del medioevo. Finalmente termina inscribiéndose
en London School of Hygiene and Tropical Medicine, en London University.
Allí se gana el respeto entre sus compañeros y profesores
por las discusiones y debates que proponía y sostenía.
En la universidad comienza a investigar las inmunodeficiencias secundarias
o adquiridas poco comunes y descubre que en los poblados más pobres
del África es común encontrar un tumor llamado Sarcoma de
Kaposi, que se creía erradicado, pero que hoy es muy conocido por
que es una de las formas como se manifiesta el SIDA, especialmente en
los homosexuales.
En 1975 volvió de Londres y fue elegido Jefe del departamento de
Microbiología y Parasitología de la Universidad de Antioquia.
Uno de los profesores de la misma institución, que trabajaba en
un dispensario antivenéreo en la “zona de tolerancia”
de Medellín, le consultó si sabía algo que relacionara
a los homosexuales con las infecciones. El médico, especializado
en microbiología, había notado que en los últimos
años a los homosexuales los afectaban más fuertemente las
infecciones. Pocos días atrás el doctor Giraldo había
leído en un reporte del Departamento de Parasitología de
la Universidad de Nueva York que a los homosexuales de esta ciudad les
estaban dando más parásitos que al resto de la comunidad,
porque los adquirían de los inmigrantes. El razonamiento le pareció
totalmente errado. – si la comunidad homosexual está sufriendo
con mayor fuerza de parásitos, no es por que los adquieran de inmigrantes,
sino por que de alguna forma tienen las defensas más bajas, ¿Porqué
a los homosexuales sí y a los heterosexuales no?– se cuestionó.
Giraldo empezó a investigar sobre la comunidad homosexual en Estados
Unidos y en Europa y descubrió que en los reportes médicos
de los años setenta se nota un incremento de las infecciones y
de los tumores en esa comunidad. “Qué hay de nuevo, de diferente,
en ese grupo social”, se preguntó, y encontró que
con la masificación de los alucinógenos y la psicodelia
(en los años sesenta y la primera mitad de los setenta), muchos
homosexuales comenzaron a utilizar drogas y a realizar prácticas
sexuales diferentes. Giraldo concluyó que las bacanales desenfrenadas,
promiscuidad, sadomasoquismo y el uso indiscriminado de drogas podrían
haber debilitado gradualmente el sistema inmunológico, propiciando
que las defensas se redujeran y estuvieran más propensos a contraer
enfermedades. –Eso destruirá y hará colapsar el sistema
inmunológico de la comunidad homosexual¬– dijo en varias
conferencias a mediados y finales de los 70's.
3.
El SIDA aparece en 1981 y la comunidad científica en el mundo se
enfoca hacia esta nueva enfermedad. En 1983 en el Instituto Pasteur de
Paris describen el virus asociado al SIDA. En 1984 en el laboratorio de
virología del Instituto Nacional De Cáncer de los Estados
Unidos aíslan un virus que podría causar el SIDA. En 1985
aparecen los test para determinar en sangre los anticuerpos contra el
VIH. En 1987 comienza a utilizarse la primera droga antiretroviral: el
AZT...
En una tarde calurosa de julio del año 1988 el doctor Roberto Giraldo
llega a su casa y lee el artículo de Peter Duesberg que cuestiona
las teorías que hay en torno al SIDA. –Ese ha sido el momento
más feliz de mi vida: al leer ese artículo me di cuenta
definitivamente que no estaba loco–.
A finales de la década de los 90 un grupo de científicos
comenzó a cuestionar lo que estaba establecido con respecto a la
enfermedad. ¿Qué es el SIDA? ¿Qué lo causa?
¿De dónde proviene el VIH? ¿Produce el VIH el SIDA?
Esta discusión ha generado dos corrientes diferentes: Quienes siguen
la teoría oficial (“los oficialistas”) sostienen que
el SIDA es causado por la infección de un virus, conocido como
VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana). Sin embargo, no se sabe de
dónde proviene el SIDA. Los científicos tienen diferentes
teorías acerca de su origen, pero no se ha probado ninguna de ellas,
reconoce el Centers for Disease Control and Prevention de los Estados
Unidos (CDC) la más importante agencia federal para la protección
de la salud. El primer caso conocido de VIH fue encontrado en una muestra
de sangre recogida a un hombre en República Democrática
del Congo en 1959, de quien no se sabe cómo contrajo la infección.
El análisis genético de ésta muestra de sangre indica
que el VIH-1 pudo haber provenido de un único virus a fines de
los años cuarenta o principios de los años cincuenta. Aunque
existe evidencia científica abrumadora de que el VIH es la causa
del SIDA, todavía no se comprende completamente el proceso de la
enfermedad, asegura el CDC.
Los que no están de acuerdo con la teoría oficial (“los
disidentes”) sostienen que el SIDA no puede tener causa viral y
que debe entenderse como la más severa de todas las inmunodeficiencias
adquiridas. Según esta teoría, se debe a múltiples
exposiciones, repetidas y crónicas, del sistema inmune a agentes
estresantes. Los agentes estresantes atacan las células que forman
parte del sistema inmunológico, afectando sus reacciones metabólicas.
Este deterioro progresivo y continuo del sistema inmune genera un déficit
severo de las funciones de defensa, equilibrio y vigilancia del cuerpo.
Con un organismo indefenso, es normal la aparición simultánea
de infecciones, tumores y alteraciones metabólicas. El colapso
del sistema inmune causa eventualmente la muerte del individuo. VIH y
SIDA no son una misma cosa y lo que se conoce como VIH no es la causa
del SIDA. El VIH no es un virus patógeno y por lo tanto no puede
explicar las alteraciones inmunológicas. Aún más,
existe una abundante documentación objetiva que señala cómo
lo que conocemos como VIH, ni siquiera parece que sea un virus con existencia
real, pues jamás ha sido aislado o purificado.
Dentro de los seguidores de la teoría oficial se destaca el doctor
Jay Levy y los doctores Robert Gallo y Luc Montagnier (ganadores del premio
Príncipe de Asturias de Investigación Científica
y Técnica en 2000 por descubrir el virus del SIDA). Entre los científicos
más destacados de los “disidentes” está el doctor
Roberto Giraldo, presidente de “Rethinking AIDS”, la más
importante organización de disidentes en el mundo, a la que pertenecen
Peter Duesberg, David Rasnick y Kary Mullis (premio Nobel de Química
del año 1993).
4.
“La medicina ha estado basada en la infectología: los microbios
y los parásitos causan enfermedades”, dice el Doctor Giraldo.
Con esa concepción llegó a la universidad, pero al empezar
el curso de microbiología se dio cuenta que los microbios y los
parásitos no causan enfermedades por sí mismos, necesitan
otros factores para producirlas, pues solamente atacan exitosamente a
los organismos que estén débiles o sean propensos. Y agrega,
“A la corriente Pasteuriana se le deben inmensos errores en la medicina
durante el último siglo: el escorbuto y la pelagra, causadas por
deficiencias de vitamina C y complejo B respectivamente, se creyeron y
se trataron como enfermedades infecciosas por mucho tiempo; de igual forma,
también se ha gastado mucho tiempo y dinero en el mundo tratando
de encontrar el microbio que causa el cáncer y todas las enfermedades.
En virtud de esta corriente, en el mundo científico de hoy, la
hipótesis se convierte en teoría sin tener en cuenta la
demostración”.
Infortunadamente tuvo que abandonar Magangué, la escuela más
grande que he tenido en mi vida, recuerda con nostalgia, pues los problemas
de seguridad se tornaron insostenibles. Al llegar a Medellín, en
el 87, comenzó a trabajar en el Seguro Social como encargado de
una sala de medicina interna. Sabemos qué pasó después:
lo creyeron loco, huyó a Miami y en julio de 1988 leyó el
artículo de Duesberg. A partir de ese momento investigó
más y más, recolectó información sobre el
SIDA, la teoría oficial y los científicos que no están
de acuerdo con ella. Durante 4 años recopiló una gran biblioteca
del tema; estudió como nunca lo había hecho en su vida y
descubrió que cada vez se incrementaba el número de personas
que no compartían la teoría oficial. Su objetivo era adquirir
un conocimiento respetable del tema y, aunque escribió un par de
cartas a Duesberg, él no respondió.
El encuentro se dio después, en 1993, cuando Giraldo ya vivía
en Nueva York y la era de la Internet había comenzado. Por esos
días Peter Duesberg escribió otro artículo en una
revista científica que fue duramente criticado por los lectores.
Giraldo escribió una carta en la que replicaba las críticas
hechas al artículo, elogiaba la teoría de Duesberg y exponía
la suya. La carta llegó a manos de Duesberg y se pusieron en contacto
vía Internet. “Rethinking AIDS” estaba naciendo y Giraldo
comenzó a participar activamente en él.
5.
En el crepúsculo del siglo 20, ya con un carácter establecido,
unos ideales y posturas firmes respecto al SIDA, “Rethinking AIDS”
sólo necesitaba que el problema de esta enfermedad se convirtiera
en un asunto de vital importancia para la opinión mundial. A la
llamada “enfermedad de las tres H”, homosexuales, haitianos
y hemofílicos, se integró otro aspecto que desconcertó
a la comunidad científica pero no a los disidentes: África.
Cuando surgió la enfermedad en el estado de California, todos dijeron
al unísono: es una enfermedad homosexual; luego, al encontrar casos
en Haití, y en las ciudades de Nueva York, Hamburgo y Amsterdam,
todas ellas puertos importantes, la explicación fue mucho más
simplista: los inmigrantes haitianos adquirieron el virus de las relaciones
sexuales con animales durante su pasado en el África, y sólo
hasta ahora se está manifestando. Aseguraban que los inmigrantes
transmitían la enfermedad cuando llegaban a los puertos, al tener
relaciones sexuales; después vinieron casos en hemofílicos,
y la culpa la cargó el hecho de que a ellos se les debían
hacer transfusiones de sangre.
Cuando el SIDA apareció en África con visos de epidemia
(y con igual frecuencia entre hombres y mujeres), todo el mundo quedó
desconcertado: allí ni siquiera hay evidencias culturales de homosexualismo
ni haitianos ni hemofílicos. Al interior de “Rethinking AIDS”
vieron en esta situación la oportunidad de demostrarle al mundo
que su teoría era válida, pero ¿Cómo?.
De nuevo una llamada telefónica cambió el rumbo de las cosas:
Thabo Mbeki, un intelectual miembro del Congreso Nacional Africano (ANC,
partido político al que también pertenece Nelson Mandela),
fue elegido presidente de este país en 1999. En enero del año
2000 el presidente Mbeki contactó a “Rethinking AIDS”,
con el fin de invitarlos a participar en un foro científico del
SIDA, en el cual también estarían los científicos
que sostienen la teoría oficialista. Lo que imaginaron era una
broma pesada se convirtió en el impulso vital para que se diera
la discusión de este tema a nivel mundial. Pero la llamada de Mbeki
había estado precedida por varios hechos importantes...
En 1997 se decretó una ley en Sudáfrica que permitía
las importaciones paralelas y la producción local de sustitutos
genéricos de medicamentos de marca para el tratamiento del SIDA,
violando así el Acuerdo sobre Aspectos Relacionados con el Derecho
a la Propiedad Intelectual en el Comercio, de la OMC (Organización
Mundial de Comercio). Este acuerdo fija la protección a las patentes
por 20 años, y la ley no pudo entrar en vigencia porque 39 compañías
farmacéuticas la demandaron en febrero de 1998.
En octubre del 99 Mbeki hizo público su cuestionamiento de los
criterios oficialmente establecidos sobre el SIDA y decidió que
no se administrara AZT-Retrovir a las seropositivas embarazadas de Sudáfrica,
porque era posible que este fármaco fuera más dañino
que beneficioso y debía investigarse más su toxicidad. En
diciembre del mismo año el presidente le formuló ocho preguntas
a su ministra de Salud, y un mes después las envió por fax,
así como las respuestas recibidas, a David Rasnick, un importante
científico estadounidense. Al día siguiente Mbeki habló
directamente por teléfono con Rasnick y le preguntó si apoyaría
sus esfuerzos por hacer una reevaluación de los tratamientos y
otros aspectos del SIDA. Rasnick le respondió que no sólo
podía contar con él, sino con numerosos científicos,
médicos, personas afectadas y asociaciones de distintas partes
del mundo.
A comienzos del 2000 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, presidido
por los EE.UU., declaró que la epidemia de SIDA era una “cuestión
de seguridad global”. El 28 de febrero la Agencia de Prensa de Sudáfrica
informó que “el Gobierno está organizando un panel
con más de treinta científicos de todo el mundo, una docena
de ellos críticos, que discutirían posiciones distintas
sobre causas, diagnósticos, prevención y tratamiento del
SIDA”. El panel se celebró en Pretoria el 6 y 7 mayo de 2000,
sin la presencia de periodistas, debido a una exigencia de los “oficialistas”.
Asistieron 33 científicos y médicos provenientes de 14 países,
entre ellos el colombiano Roberto Giraldo, los cuales llegaron a varios
acuerdos: continuar el debate por la Internet de forma cerrada y constituir
un comité para compartir los resultados de los estudios epidemiológicos.
Al final del panel los “disidentes” redactaron una declaración
con recomendaciones al gobierno de Sudáfrica, en la que se destacan
los siguientes puntos:
“El SIDA no es contagioso, aunque muchas de las manifestaciones
oportunistas lo sean; el SIDA no es transmitido sexualmente; el SIDA no
es causado por el VIH; los medicamentos anti-VIH, cuya toxicidad está
admitida, matan a las personas. Para el tratamiento y la prevención
del SIDA en Sudáfrica y en otros países africanos se deben
dedicar la mayoría de los recursos biomédicos y otros, nacionales
e internacionales, a la erradicación y tratamiento de las enfermedades
definitorias de SIDA, tales como tuberculosis, malaria e infecciones entéricas,
a la mejora de la alimentación, a proporcionar unas condiciones
de salubridad mejores y agua potable. Rechazar completamente el empleo
de medicamentos anti-VIH. Inevitablemente estos medicamentos requieren
cantidades importantes de otros medicamentos compensatorios, y lo que
se proclama es que, en el mejor de los casos, sólo producen beneficios
transitorios en pacientes gravemente enfermos. Suspender los tests del
VIH hasta que se pruebe su relevancia especialmente en el contexto africano,
dada la evidencia de resultados falso-positivos en una zona tropical,
y dado el hecho de que la mayoría de los supuestos y predicciones
sobre el SIDA en África se basa en tests del VIH.”
6.
El verano ha comenzado a menguar. Es el primer sábado de septiembre
y he salido a cumplir con una cita que parece orquestada por un dios cómplice.
Tomo el bus en la esquina de Hillside Avenue con 82, en el tranquilo barrio
Floral Park, ubicado en el extremo este de Queens. Recuerdo las indicaciones
que el doctor Roberto Giraldo me ha dado para llegar a su casa.
Al darme cuenta que voy a llegar tarde a la cita, me desespero, pero al
recordar las coincidencias que han ocurrido para que este encuentro se
haya convertido en algo posible, me tranquilizo. Hace más de 10
años conocí en Medellín a Andrés y Diana Giraldo
Kurk, un par de hermanos de quienes me hice amigo de inmediato. A Diana
le había perdido la pista y la sorpresa de encontrarla en Nueva
York fue inmensa. Nos saludamos con el abrazo de siempre, la pregunta
obligada “¿qué haces aquí?” va y vuelve,
y las respuestas: “estoy en fotografía”, me contó
ella, y yo le hablé de las finanzas, “aunque mi verdadera
pasión es otra, –le confesé– escribir”.
Ella empezó a hablarme de su papá, Roberto Giraldo, “lo
tenés que conocer, tenés que escribir de él”.
Lo que me impactó de la historia era que se trataba de todo lo
contrario al lugar común en el que se ha convertido en Colombia
la historia del “cerebro fugado”: el doctor Roberto Giraldo
más bien se podría definir como un “loco que huyó”.
Llego tarde a la cita. Me saluda tranquilo, de inmediato noto que es una
persona descomplicada y cálida, como suelen ser los colombianos.
Vive en el primer piso de una casa de dos plantas en el barrio Astoria.
Noto que su acento paisa es muy marcado. Me ofrece algo de tomar y comer.
Mientras voy hacia la sala lo observo: sus gestos, su rostro, cómo
actúa, cómo se mueve... quiero encontrar algo particular
en él, en esa persona que ha osado irse "lanza en ristre"
contra lo establecido, pero me doy cuenta que es alguien común
y corriente. Su temperamento es ansioso, no deja quietas sus manos ni
sus piernas y su mirada vuela con rapidez, al igual que sus palabras.
Va saltando desordenadamente de un tema a otro, con el fin de lograr que
quien está escuchándolo pueda comprender plenamente la idea
que plantea. Es locuaz y respetuoso.
Enciendo la grabadora y le pregunto, por fin, ¿Dónde comienza
toda esta historia?
Y, felizmente, cuando el verano del año 2000 se iba diluyendo para
darle paso al otoño, él comienza a hablar...
7.
Cerca del 10% de la población en Sudáfrica tienen SIDA,
lo que lo convierte en el país con más seropositivos en
el mundo. En una situación similar se encuentran el resto de naciones
subsaharianas, la mayoría más pobres. El responsable de
la ONU para crisis humanitarias declaró en el 2001: “la pandemia
en África ha alcanzado niveles sin precedentes”.
El juicio que se inició el 5 de marzo de 2001 ante el Tribunal
Supremo de Pretoria fue definido por diferentes organizaciones humanitarias
con un lema muy gráfico: “Patentes vs. Vidas”. Buscando
apoyar al gobierno sudafricano las organizaciones declararon: “Deben
prevalecer las consideraciones humanitarias sobre las comerciales”.
La demanda instaurada en febrero de 1998 por 39 compañías
farmacéuticas en contra de Sudáfrica, fue retirada de los
tribunales. Aunque el representante de las farmacéuticas alegaba
que “ciertos apartados de la Ley de Control de Fármacos sudafricana
se oponen a la Ley Internacional de Patentes”, y sostuvo que “los
altos precios de las drogas de patente son producto de los costos de investigación
y desarrollo, si no se cubrieran esos costos los medicamentos nunca llegarían
a existir”. La demanda fue retirada antes de que las empresas hubieran
tenido que dar información -que hasta ahora no habían querido
proporcionar- sobre los costos de investigación en que incurren;
además, como aseguran las organizaciones humanitarias, “el
dinero público ha cubierto una parte importante del desarrollo
de medicamentos contra el VIH/SIDA. Las patentes de antirretrovirales
importantes pertenecen o al gobierno estadounidense o a instituciones
académicas. El sector privado invierte cantidades mínimas
en investigación para enfermedades que afectan principalmente a
países en desarrollo”.
El presidente Mbeki anunció al inicio del juicio que podía
calificar oficialmente como “emergencia sanitaria” el SIDA
en su país, sin ningún problema. Además, según
la OMS (Organización Mundial de la Salud), África constituye
tan sólo el 1,3% del mercado farmacéutico mundial.
Desde que se inició el juicio, varias multinacionales involucradas
han hecho reducciones hasta del 55% en el precio de venta de los medicamentos
utilizados para el tratamiento del SIDA. Aun así, se estima que
el costo del tratamiento anual de cada seropositivo se reduciría
al 10% del costo actual, después de las reducciones mencionadas,
si se utilizaran genéricos.
La organización internacional humanitaria Médicos Sin Fronteras
(MSF) puso en marcha seis semanas antes de que se iniciara el juicio una
campaña para recolectar firmas a través de la Internet con
el objeto de frenar la acción judicial. Más de 250 mil personas
de 130 países firmaron el manifiesto de apoyo al gobierno sudafricano.
“La sociedad civil pide a las industrias farmacéuticas que
retiren la demanda: el manifiesto lo han firmado desde los cuatro mil
habitantes de los suburbios de Nairobi hasta celebridades como Whoopi
Goldberg, Carlos Santana y el grupo de rock REM”, declaró
un portavoz de la organización.
El gobierno sudafricano y de otros países como Kenia, Botsuana,
Etiopía, Costa de Marfil, Mozambique, Namibia, Nigeria, Ruanda,
Tanzania, Uganda y Zambia, celebraron que la demanda haya sido retirada
de los tribunales... En las calles de Pretoria hubo fiesta: el grito de
“¡Amandla!” (que significa “¡Poder!”)
se escuchó en cada rincón de sus calles, junto a los cánticos
del himno nacional “Nkosi sikelele África” (Dios bendiga
a África).
El mundo está de fiesta.
8.
El doctor Roberto Giraldo Molina, médico internista colombiano
especializado en la School of Hygiene and Tropical Medicine de Londres,
asesor para asuntos del SIDA del gobierno Sudafricano, elegido Rey de
los curanderos de Camerún, que trabaja en este momento en el laboratorio
de Inmunología Especial y de Diagnóstico Molecular del New
York Presbyterian Weill Cornell Medical Center, ha expuesto su teoría
en los principales congresos y foros de SIDA en India, Colombia, Estados
Unidos, España, Sudáfrica, México, República
Checa, Suiza y Croacia.
Al terminar nuestra quinta y última entrevista, quise hacerle una
pregunta que podría molestarlo y, con la certeza de que era mejor
que me sacara a patadas al final que al principio, decidí preguntar:
-doctor, ¿qué tal si se demuestra que usted y su grupo están
equivocados...?”. Me miró de una forma que no puedo definir,
pero su respuesta lo dijo todo: “Si se demuestra que estamos equivocados,
de todas formas nuestro esfuerzo valió la pena pues contribuimos
a que se construyera una verdad científica a partir de la confrontación
de dos teorías, estimulando a que se reestableciera el método
científico. De lo que estoy seguro es que quienes sostienen que
el SIDA es producido por el VIH están equivocados, esa teoría
no es cierta y es tan débil que no ha podido demostrar, ni siquiera,
la existencia del virus y la conexión de éste con el SIDA”.
No sé qué pensar, si aceptar la teoría “oficialista”
o la “disidente”: no soy científico, pero a mi memoria
llegan los nombres de Giordano Bruno y Galileo Galilei, quienes en su
momento se atrevieron a cuestionar las verdades que estaban establecidas...
espero que el Doctor Giraldo no sea quemado en ninguna hoguera y tampoco
se tenga que retractar, bajo el temor del fuego. Quisiera pensar en Arquímedes
y su grito: ¡Eureka!... Y a Diana, decirle: sí, tenías
razón, tenía que escribir de él...
Y, como dice en la presentación de “Los Archivos X”,
la serie de televisión de ciencia ficción, “La verdad
está allá afuera”.
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