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EMULAR
Por:
Renandarío Arango
En torno a una telebobela…
Emular
es un verbo muy difícil de conjugar, y aquí, más
ahora que antes, por lo menos en primera persona y en directo. Antes,
pudieron tratar… con un presente imperfecto sin las posibilidades
de un futuro real, por acogerse a todos los riesgos de fracasar en el
intento, pues la competencia misma no era proclive a los mutuos afectos,
envueltos en un canibalismo de mucho respeto.
Dentro del común, cada quien sabía y supo como hacer lo
suyo, a veces mal o biencopiando de otros; fueron improvizando sobre la
marcha, en una amplia confrontación de experiencias en donde todos
estuvieron atentos a cada paso.
Muchísimos no tenían ni nunca tuvieron la percepción
tan afinada como para llegar a esa propia conjugación de emular
a lo pioneros.
Y hablar de pioneros compromete, porque esos eran otros los avezados de
otros tiempos, los que sin aspavientos, montaban sus proyectos, conociendo
los infinitos detalles y recobecos de cada recurso y sus posibilidades,
pero siempre, o casi siempre anónimos.
Eran esos los que sin apoyos de las actuales sofisticaciones tecnológicas
y desde antes, se autogarantizaban el éxito de cada plan, eliminando
riesgos en cada detalle, esos eran en definitiva los que llegaron a ser
o llamarse emulables.
Oscuros para muchos y conocedores de casi todo y de todos, en lo que fuera
necesario para mover a otros; los que siempre surcidos a sus hilos invisibles
y propuestas irrechazables culminaban sus logros por encima de riesgos
y circunstancias: esos ineditificables, eran lo emulables.
De ellos quedan pocos, y esos pocos aún más oscuros o intocables,
no demuestran estar activos, circulando en otras esferas o mimetizados
dentro de ambitos legalmente protegidos, y de ellos muchos, tal vez algunos
restos, los que si están fuera de circulación, desde tiempo
ha, andan pagándo cursos de inglés con barreras, donde sus
condenas les niega toda posibilidad de recuperar posiciones o ambiciosas
alternativas, pues retornarán después del curso y cancelación
de penas, rechazados y esposados a sus nativas guaridas.
Y de los que todavía se atreven a intentar emular, acogen y mantienen
ese bajo perfil buscando pasar de incógnitos sin visageos ni disonancias
ante los novatos, potenciales batracios, amigos del choteo y las traiciones,
donde como en corta carrera de improvizados, ni ellos mismos se dan el
corte, o perfilan talla, para entre uno y otro poderse emular.
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