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CARLOS GARDEL…SEGUN MI ABUELO

Néstor Lacorén

Este artista “eterno” en la memoria popular es como un brillante festival de deducciones,
deducciones que en la actualidad, aunque sean muy necias y hagan que Carlitos se “revuelva” en su tumba, desgraciadamente el solo las puede contestar con el silencio…

Talentoso en el arte de cantar y muy habilidoso en las relaciones humanas, él se llevaba bien “con Edmundo y todo el mundo”, cuidadoso de su carrera artística y de su apariencia
personal y dotado de una inteligencia superior, cada vez que cantaba exigía cortesía y silencio.

Nunca fué adepto a “la moral Victoriana” y por ello sus canciones y su voz despertaban pasiones y vendían consuelos, nunca hirió la sensibilidad de sus seguidores ni tampoco disgustó a sus amigos y productores. Fué un hombre de buenas maneras, pero nunca amanerado, y amaba la vida sana. Extrañamente las circunstancias de su muerte lo convierten en un ídolo cultural y popular sin conocerse ninguna palabra que exprese su pensamiento, y menos que menos su ideología. Se dice que amaba a los caballos.

Me contó mi abuelo que ciertos personajes “tangueros” esos que se autodenominaban “los dueños” o “las viudas de Gardel” le contaban que Carlitos viajaba a todos lados con su propio telón de terciopelo negro, sin el cuál nunca subía a ningún tinglado o escenario.

El telón debía ser montado aunque fuera sostenido con sogas o alambres, y estar seguros que podía abrirse y cerrarse antes de salir a cantar. Como nunca estuvo “en guerra” contra el espejo también exigía que hubiera uno biselado y de buen tamaño, preferiblemente de cuerpo entero en cada lugar. Cuando Gardel viajaba en avión el telón se enroscaba en un caño de metal y por ser de un tamaño incómodo para la época se lo depositaba en el piso de la aeronave, a lo largo del pasillo entre los asientos.

Eran otras épocas, otros “códigos” en todo el mundo. Cuando Gardel toma su último vuelo en Medellín, Hitler recién empezaba su agresiva campaña en Alemania. Según mi abuelo había una competencia acérrima entre la aerolínea colombiana y la alemana que operaban desde el mismo aeropuerto, y lógicamente había entre los pilotos una serie de bromas mezcladas con provocaciones de todo tipo.

Debido a las condiciones y a la extensión de la pista, los aviones debían carretear hasta el final de la misma para luego despegar y así poder evitar la altura de los hangares. Ese día en particular en la zona de los hangares había en mantenimiento un avión de pasajeros alemán.

Gardel con su grupo por su parte habían endosado sus pasajes a la empresa colombiana. El piloto colombiano cuando despega decide hacer una pasada “rasante” sobre el avión alemán como ya era costumbre entre unos y otros, y es desde el avión alemán que le disparan el tiro que impacta en su mandíbula y de abajo hacía arriba viaja la bala que le revienta la cabeza.
El piloto al recibir el balazo cae sobre los controles, el avión se inclina y el telón se desliza por el piso hacia la trompa de la nave ayudando con su peso en la picada, el impacto, y la explosión!!!

La arquitectura de la muerte es una especialidad celestial y cuando ella viene no importa en que circunstancias; morimos solos, y posiblemente con algún pensamiento como murió Carlos Gardel: “recitar de memoria lo que no se entiende es ser un papagayo, ser preguntón te acostumbra a obedecer la razón, no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe cualquiera lo engaña. Al que no tiene cualquiera lo compra…”

 
 
 
     
     
 
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