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Dirigida
por: Ricardo León Peña Villa y Manuel Tiberio Bermúdez |
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Una historia del sexo Julio César Londoño Aunque escrito hace 23 años, La mujer de tu prójimo de Gay Talese sigue siendo una fuente inagotable de revelaciones sobre la sexualidad en el mundo anglosajón. En sus páginas uno se entera, por ejemplo, de que en 1864 el gobierno inglés promulgó una ley que obligaba a las portadoras de enfermedades venéreas a usar calzones amarillos como medida terapéutica, y a someterse a tratamiento en salas aisladas de los hospitales, conocidas como “salas de canarios”. Que los padres de los muchachos de esos victorianos tiempos los hacían usar interiores con cascabeles para prevenir la masturbación nocturna. (Quizá de ahí venga la expresión “escuchar campanitas” para designar el momento exacto en que uno siente el llamado del amor). Que aun en los años 50 el sexo oral entre marido y mujer era considerado un delito contra la moral. (Ignoro si la prohibición se extendía a los amantes y vecinos). Que el vello púbico hizo su debut en el cine ayer nomás, en 1966, en Blow-up de Michelangelo Antonioni. En pintura, el vello púbico había sido develado por Goya a finales del siglo XVIII en su Maja desnuda. Aunque ya en el Renacimiento los modelos posaban completamente desnudos, esos bucles no quedaron registrados en los lienzos por la sencilla razón de que los pintores los hacían rasurar previamente, quizá para acentuar la desnudez.
Por razones que nadie puede explicar con claridad, las nalgas lograron burlar la censura y se pasean orondas en playas y piscinas en ese cínico adminículo, el ‘hilo dental’. Los senos se exhiben altivos en calles y cocteles, pero los pezones siguen siendo un punto tabú por razones no menos oscuras que las que han permitido airear las nalgas. No hace mucho una reina del Valle, Adriana Riascos, fue descalificada en Cartagena por desafiar este tabú en una pasarela. ¿Por qué razón se publica tanto esa presa del demonio, las nalgas, y se ocultan aquellos puntos inofensivos? Nadie lo sabe, es uno de los secretos mejor guardados del inconsciente y es probable que el misterio perdure más allá del descubrimiento de la naturaleza de la fuerza gravitacional.
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