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Exposición
temporal
Llegó
el Amazonas a Bogotá
Del 14 de mayo al 2 de agosto
Sala de Exposiciones Temporales Gas Natural
Museo Nacional de Colombia
El Ministerio de Cultura, a través del Museo Nacional de Colombia,
el Instituto Colombiano de Antropología e Historia -ICANH- y
la Fundación Tropenbos Internacional, presentan la exposición
Llegó el Amazonas a Bogotá, que se exhibirá del
14 de mayo al 2 de agosto en la Sala de Exposiciones Temporales Gas
Natural.
La exposición busca presentar al público una mirada de
la Amazonia, desde el impacto que han tenido en el territorio y sus
habitantes, eventos geopolíticos, religiosos y culturales –como
la extracción y comercialización de recursos naturales
y la presencia de misiones evangelizadoras– , que han dado lugar
a múltiples identidades y culturas que conviven hoy en día
en la región.
Llegó el Amazonas a Bogotá es una realidad gracias al
patrocinio de la Cámara de Comercio de Bogotá y la Embajada
de los Países Bajos, cuenta con el apoyo de la Fundación
Beatriz Osorio y la agencia Lowe SSP3 y se realiza en el marco del programa
‘Diversidad Cultural’, que adelanta el Ministerio de Cultura
con el propósito de dar cuenta de la complejidad y riqueza de
la cultura colombiana.
Al respecto, la Ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno Zapata, opina:
“La principal riqueza de Colombia es su diversidad. El nuestro
es un país de regiones, etnias, realidades y mundos paralelos
que en muchas ocasiones parecen no tocarse, pero que coexisten en lo
profundo de cada colombiano. Aceptar y potenciar lo que somos es determinante
en la construcción de un proyecto colectivo de Nación.
La labor del Ministerio de Cultura, a través de entidades como
el Museo Nacional, es liderar estas políticas de memoria. En
otras palabras, es nuestra prioridad rescatar la memoria viva de un
país que reconoce el valor de sus comunidades ancestrales y de
sus distintas etnias, y que confirma cómo las realidades no son
estáticas ni responden a los estereotipos, sino que se han recreado
con el paso de los años y que también es nuestra la responsabilidad
de mostrarlas vigentes, activas y rompiendo paradigmas”.
La
Amazonia colombiana en cifras
La Amazonia colombiana corresponde al 35% de la superficie total del país,
con una extensión aproximada de 477.274 km² (2004) .
Este territorio está distribuido político-administrativamente
en los territorios completos de los departamentos de Amazonas-Caquetá-Guaviare-Guaínia-Putumayo
y parte de los departamentos del Meta, Vaupés, Vichada, Nariño
y Cauca (2003)
Su población se estima en 960.239 habitantes, que corresponden
al 2.3 % de toda la población Nacional (2007, DANE)
Está habitada por 86.417 indígenas (2007), pertenecientes
a 52 grupos étnicos
Posee grandes ríos como el Caquetá, Putumayo, Vaupés,
Guaviare, Inírida, y Apaporis, lo mismo que una enorme red de tributarios.
Las lluvias alcanzan más de 3.000 mm3 al año, lo cual la
convierte en una de las zonas con mayor precipitación de la cuenca.
Posee 3 de los 10 centros importantes de diversidad y endemismo (especies
únicas) de plantas en: Alto Río negro, Chiribiquete –
Araracuara- Cahuinari y el trapecio Amazónico.
Se considera una región megadiversa (Fuente: SINCHI):
Fauna: 45.000 especies de plantas vasculares, 674 aves, 158 anfibios,
195 reptiles, 2.121 mamíferos, 753 peces de aguas dulces, 15 especies
de primates y 79 especies amenazadas de extinción.
Flora: 60.000 especies amazónicas
Hace parte de la Panamazonía o gran cuenca amazónica, la
selva tropical húmeda más grande del planeta. Cubre desde
el pie de monte andino hasta el océano Atlántico a lo largo
del río Amazonas, en una gran área que incluye territorios
de nueve países: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela,
Guyana, Surinam y Guayana francesa y Brasil, con coberturas que van desde
más del 70% de Brasil, cerca del 6,7 % de Colombia y menos del
4% de Ecuador.
El río Amazonas recorre 6.500 kilómetros, y nace en los
Andes peruanos a 6.000 metros sobre el nivel del mar. Desemboca en el
océano Atlántico a lo largo de un gran delta de más
de 1.000 kilómetros, en el estado de Pará, en el Brasil.
Las
fronteras del Amazonas
Para aproximarse a la historia de ese vasto territorio que es la Amazonia
colombiana, la exposición propone una mirada etnográfica
desde cuatro fronteras, y entiende este concepto como un espacio donde
se presentan conflictos y negociaciones, primero entre el imperio español
y el portugués, y luego entre los estados nacionales. Estos últimos
producen no sólo unas delimitaciones administrativas, sobre un
mapa, para establecer límites entre las poblaciones, sino también
fronteras culturales de encuentro e interacción.
Por
ese motivo, la exposición no pretende cubrir la totalidad del territorio
colombiano, sino que se aproxima, primero, desde la Frontera extractiva,
con énfasis especial en la producción del caucho, para dar
cuenta de la movilización y exterminio de poblaciones indígenas
tras la explotación de recursos naturales. En segundo término
lo hace desde la Frontera misionera y de evangelización, que le
sigue los pasos a la propagación de la fe para la “salvación
de almas”. La tercera aproximación se accede desde la Frontera
del Estado, que deja ver la presencia difusa e intermitente de los gobiernos
colombianos y su confrontación con otros estados nacionales. Por
último, la Frontera interétnica presenta una diezmada población
indígena diversa y representativa y que interactúa con grupos
ribereños, campesinos, ‘bosquesinos’ y urbanos.
“Con
la selección de estos temas se pretende abordar una imagen integral
de la selva amazónica, ya que por ser un espacio desconocido es
objeto de toda serie de preconcepciones, imaginarios y temores alimentados
por todo tipo de mensajes, textos, narraciones, testimonios y películas.
Dar esa imagen no es una tarea fácil, y su aproximación
a través de la frontera, como concepto directriz, ha permitido
ubicar a lo largo del tiempo y de espacios geográficos lo que se
podrían considerar como hitos, procesos sociales, culturales, políticos
y económicos de alto impacto local, nacional e internacional, que
además son parte de la historia lejana y el contexto actual de
sus pobladores. Así, el lineamiento general de fronteras permite
incluir una visión dinámica de procesos que ha vivido y
vive la Amazonia, incluyendo el conflicto, el cual está siempre
presente y cuya resolución plantea grandes desafíos”.
Carlos Zárate., Director de la sede de la Universidad Nacional
en Leticia.
Carlos
Rodríguez, director de la Fundación Tropenbos, afirma: “Esperamos
que esta muestra sea una herramienta para transformar las preconcepciones
e ideas equivocadas que se han generado sobre el Amazonas, para quitar
temores y mostrar la importancia de este ecosistema y sus pobladores para
la conservación de la diversidad biológica, cultural y la
estabilidad del clima global”.
La exposición
Se desarrolla en torno a estas cuatros secciones temáticas, en
las que se exhiben documentos, fotografías, videos, objetos y testimonios
de cultura material que permiten tener una imagen de los distintos momentos
históricos. Las fronteras tienen, como hilo conductor, un gran
mapa de piso que busca ubicar geográficamente a los visitantes.
El Banco del Pensamiento es el referente simbólico a lo largo del
recorrido. El ingreso a la sala está ilustrado por un mural elaborado
por el artista indígena Fabián Moreno, que pertenece a la
etnia nonuya, de Araracuara, Caquetá.
Frontera
de la explotación cauchera
La extracción de gomas elásticas, a finales del siglo XIX
y comienzos del XX, vinculó a la Amazonia con la economía
mundial y condicionó la delimitación fronteriza entre los
países de herencia colonial española y de éstos con
Brasil. Esta explotación también estuvo relacionada con
el inicio de la frontera agropecuaria y los distintos procesos de ocupación
y colonización de la región.
En
el poblado de La Chorrera, ubicado en el Caquetá, se creó
la primera agencia cauchera. En el Bajo Putumayo, y exactamente en El
Encanto, se establecieron otras agencias: las más famosas y mal
recordadas fueron la Casa Arana, de capital peruano e inglés, y
la casa cauchera de La Pedrera, que funcionó a orillas del Río
Mirití.
Estas
casas controlaron vastos territorios y utilizaron para su trabajo la mano
de obra indígena, que fue vinculada a lo largo del tiempo de diferentes
maneras: en un inicio, en condiciones de esclavitud, para posteriormente
manejar negociaciones desequilibradas con los nativos que los mantenían
en una ‘semiesclavitud’ y terminar en el establecimiento de
simples relaciones mercantiles, en sus épocas finales. Este proceso
afectó las estructuras culturales y sociales de múltiples
grupos étnicos, en especial a los uitoto, yukuna, matapi, tanimuca
y letuama, entre otros.
De
otra parte, poblados como Mocoa, Puerto Rico, Tres Esquinas, San Vicente
y Florencia surgieron y crecieron como lugares de compra de resinas, quinas
y gomas. Por el decaimiento de la demanda del caucho natural a nivel mundial,
el proceso de extracción de las gomas finalizó hacia mediados
de la década de 1970.
Entre
los objetos se exhiben un video sobre el proceso de extracción
del caucho en la Casa Arana, y testimonios y recuerdos de los habitantes
de la región sobre los conflictos e impactos que sufrieron como
consecuencia de la extracción del caucho. También se exhiben
libros que, en su momento, documentaron y cuestionaron el maltrato y las
matanzas a los indígenas de las casas caucheras como El libro rojo
del Putumayo, El libro azul, La vorágine y Toa. Igualmente, hay
mapas de rutas y campamentos de las distintas casas caucheras y un cuaderno
de cuentas que deja ver cómo los indígenas se endeudaban
a cambio de mercancías. Un objeto curioso que se podrá ver,
entre otros más, es un manguaré: un instrumento de percusión
que se utiliza para convocar a la guerra, a la fiesta y alas mingas o
reuniones comunitarias.
Frontera de extracción
Desde el siglo XVII, la historia de la Amazonia está marcada por
la explotación de los recursos naturales, tanto renovables como
no renovables: barniz, ceras de animales, quina, gomas, oro, petróleo,
maderas, ganado, comercio de pieles, flora para patentes multinacionales
y coca. Ellos han marcado los períodos de distintas bonanzas que
dependen de ciclos económicos mundiales, y que si bien insertan
a la zona temporalmente a mercados amplios, al mismo tiempo generan poca
riqueza y bienestar a sus pobladores.
A
finales del siglo XIX, el caucho alentó los intereses extractivos
que se vieron posteriormente acentuados a mediados del siglo XX, con una
gran oleada de migrantes de Nariño, Cauca, Valle y Caldas, atraídos
por la explotación petrolera y políticas de ocupación
y colonización. En décadas recientes, la siembra de coca
para la producción de la cocaína ha traído nuevas
poblaciones y nuevas violencias. Estas bonanzas generan movimientos de
colonización, pero también otras consecuencias como el desplazamiento
de las riquezas hacia otras regiones, extracción sin manejo adecuado,
el posterior abandono de la zona y condiciones de trabajo en ocasiones
de semiesclavitud. Esta situación también se presenta en
la actualidad por la explotación de recursos como el oro y los
hidrocarburos.
Frontera
misional y evangelizadora:
el límite de los conquistadores del espíritu
La competencia por la conquista de las almas de los indígenas amazónicos
se libra desde épocas coloniales. La Corona de España decidió
realizar una política de conquista espiritual con el fin de ‘civilizar’,
‘educar’ y ‘convertir’ a los grupos nativos, y
para ello encargó a misioneros franciscanos y jesuitas que, desde
Quito, Pasto y Popayán, establecieron conventos y colegios de misión
para tal fin.
Durante
los siglos XVII y XVIII, los misioneros organizaron expediciones por los
ríos de la alta Amazonia como el Coca, Aguarico, Napo, Caquetá,
Putumayo, Caguán y Orteguaza, en cuyas orillas fundaron pueblos
de misión en los que concentraron indígenas de diferentes
grupos étnicos, con la intención de adoctrinarlos. La gran
mayoría de los naturales se rebeló contra la reducción
obligatoria en pueblos de misión y sobre todo en contra de la dogmática
cosmovisión de los adoctrinadores.
Los movimientos mesiánicos tienen presencia en la Amazonía
desde el siglo XIX, y muchos de ellos han asumido un rol salvador frente
a las relaciones opresivas entre blancos e indígenas. Los misioneros,
tanto católicos como evangélicos, han educado a los indígenas
en la negación de su cosmovisión y rituales, hasta el punto
de que sus malocas y bancos de pensamiento fueron quemados con el fin
de hacer desaparecer su tradición. Incluso su propia lengua fue
prohibida para que se hablara solamente el español.
En
el siglo XX, la comunidad con mayor presencia amazónica fue la
Capuchina Catalana mientras que en la frontera colombo peruana tuvo presencia
la misión Agustina.
En
esta sección se presentan mapas de las rutas de ingreso y ubicación
de las misiones evangelizadoras; apartes de las películas de Brian
Moser, que muestran testimonios de cómo se crean asentamientos
para catequizar y convertir a los indígenas; los uniformes que
les obligaban a ponerse en los internados; biblias traducidas en lenguas
yucuna y huitoto, libros de censos misionales de evangelización,
el libro Maravillas de la naturaleza de fray Juan de Santa Gertrudis y
una gran cruz de los Crucistas, una misión que hoy día se
establece a las orillas de los ríos y un video en el que se presentan
testimonios de los indígenas sobre este proceso y cómo han
aprendido a convivir con las dos creencias, incluso en algunos casos,
a desarrollar estrategias de resistencia.
Frontera del Estado: territorio, autoridad y educación
La imagen de una región habitada por ‘salvajes’, inaccesible
por sus características geográficas, y donde no se han asentado
las autoridades, es la que ha primado a lo largo de varios siglos en Colombia.
Desde principios del siglo XVII, España se apoyó en las
misiones religiosas para controlar el territorio. Luego de la Independencia,
fueron las misiones capuchinas las que se encargaron incluso de actividades
administrativas.
En el siglo XX, esfuerzos de colonización por parte del Estado
y la formación de un campesinado crearon nuevas tensiones con las
comunidades indígenas, pero la implementación de políticas
como el reconocimiento de los grandes Resguardos Indígenas en la
Amazonia, han permitido avanzar en el desarrollo de una nueva forma de
ordenamiento territorial de la Nación, basada en la descentralización
político administrativa del Estado a través de las Autoridades
Tradicionales Indígenas(AATIS) y las Entidades Territoriales Indígenas
(ETIS), como una forma de promoción y reconocimiento de los derechos
territoriales y políticos de los pueblos indígenas.
No
obstante, ha sido casi imposible someter este vasto territorio al control
administrativo, teniendo en cuenta que existe una separación real
y cultural entre la política central y la realidad de la Amazonia.
Los intentos de colonización y control sobre el territorio, por
parte de diversos grupos, al igual que los actos de soberanía y
la delimitación de las fronteras con los otros estados amazónicos,
en especial Brasil y Perú, contrastan con la ausencia del Estado,
situación que conlleva a la falta de protección de los pobladores
frente a las economías extractivas y a las situaciones de conflicto
armado que se vive en la zona, debido a la presencia de la guerrilla y
grupos paramilitares.
En
esta frontera se presentan mapas de los parques naturales, los resguardos
indígenas, las rutas de colonización y de cultivos de coca:
se exhibe también una cartilla educativa de las misiones, y banderas
de Colombia, Perú y Brasil, lo mismo que el Tratado Salomón-Lozano
que definió las fronteras entre Perú y Colombia. Se podrán
apreciar el libro de los cónsules y el registro fotográfico
de la celebración del 20 de julio en Leticia y del Festival de
la Fraternidad, y escuchar cuñas radiales que invitaban a la colonización.
Frontera
étnica
La Amazonia colombiana es un territorio predominantemente indígena
que cuenta con una historia de poblamiento de cerca de 10.000 años.
El noroeste amazónico, que corresponde en buena parte a la franja
colombiana, presenta la más alta diversidad étnica de toda
la cuenca, lo cual se constituye en un patrimonio de alto valor cultural
para la Nación. Según su mitología, a cada etnia
le correspondió un lugar de origen o nacimiento, un territorio,
una cultura material y un conjunto de rituales que deben compartir con
los otros grupos para mantener el orden del mundo.
Para
la exposición se identificaron, dentro de la enorme diversidad
étnica, algunos contextos culturales y territoriales en función
de características compartidas en términos de origen, distribución
territorial, idioma y referentes simbólicos y rituales de importancia,
lo cual permitió identificar las siguientes áreas culturales:
La
gente de la coca y el tabaco soplado. Los grupos se ubican en el bajo
Caquetá, Vaupés y en los ríos Igará-Paraná,
Apaporis y Mirití. Los elementos característicos son el
ritual del Yuruparí, la fiesta del chontaduro, y el mito de la
anaconda. Algunos de los grupos son tanimuka, kubeos, tukanos, yukuna
y makuna.
La gente de la coca y el tabaco chupado. Los referentes geográficos
son el Amazonas colombiano y la frontera con el Perú. Se caracterizan
por los rituales de las frutas, el tablón, el final de la guerra
y la charapa. Algunos de los grupos son uitoto, ocaina, bora, miraña,
muinane, andoke, y nonuya.
La gente del yagé y el yoko. Se ubican en Putumayo y Alto Caquetá.
El elemento cultural común es el yagé y los grupos son kofán,
siona, coreguaje e inganos.
La gente del masato de yuca, el achiote y el huito. Los grupos se ubican
en el departamento del Amazonas en Colombia y en la frontera con el Perú.
Los elementos culturales comunes son el baile de la pelazón y las
mingas con masato. Los grupos son yagua, cocama y tikuna.
La gente del masato de yuca. Se ubican en el departamento de Guainía,
y el elemento cultural común es que fueron evangelizados por Sofía
Muller. Los grupos son baniwa y curripaco.
La gente nómada. Se desplazan en el departamento del Guaviare,
en Colombia, y son los nukak y los yuhup.
La gente de la colonización. Colonos que están ubicados
en los departamentos del Putumayo y Caquetá, en Colombia. Se dedican
a la ganadería, agricultura, comercio, cultivo de coca y narcotráfico.
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