Ese oscuro lugar de la violencia
Los ejércitos
Evelio Rosero
Editorial Tusquetes,
Barcelona, 2007
Por:
Fabio Martínez
Desde
La vorágine de José Eustasio Rivera la novela colombiana
no ha podido escapar a ese lugar oscuro de la violencia que ha atravesado
nuestra historia. Esta constante se debe al hecho de que dentro de los
géneros literarios, la novela es un mundo subterráneo que
siempre ha dialogado con la historia. Desde Homero, historia y ficción
novelesca ha sido una pareja indisoluble que nos ha permitido interpretar
la historia con los ojos de la metáfora.
Desde sus primeros textos, autores como García Márquez,
Arturo Alape y Alonso Aristizabal se interesaron por la historia, y particularmente,
por la historia trágica del país dando cuenta de ella en
sus cuentos y novelas.
Continuando con esta saga sobre la tragedia colombiana, que parece no
tener fin, han incursionado escritores como Fernando Vallejo, Mario Mendoza
y Jorge Franco, produciendo una “literatura sicaresca”, que
basada en la magnificación del bandido intenta mostrar un mundo
cruel y perverso.
Por su trayectoria literaria, parece ser que el escritor bogotano Evelio
Rosero no hace parte de la literatura trágica donde el mundo gira
alrededor de la muerte. Desde sus primeras novelas Mateo solo y Juliana
los mira, veíamos en Rosero a un escritor más preocupado
por indagar en el mundo afectivo de sus personajes, en los niveles de
subjetividad de sus héroes y de sus heroínas, antes que
en la literatura faústica que ha dominado buena parte de nuestras
letras.
Como un buen escritor de oficio, Rosero era, ante todo, un autor lúdico
y lúbrico, en el mejor sentido de la palabra.
Por supuesto, a lo largo de su trayectoria, ha contado con algunas temporadas
literarias en infierno, como se percibe en sus novelas El incendiado y
Plutón; pero más allá de realizar una cartografía
simbólica sobre los bajos fondos, el escritor colombiano nunca
se dejó seducir abiertamente por el tema de la violencia y la muerte.
Con su última obra titulada Los Ejércitos, ganadora del
II Premio Tusquets de novela y del Premio que otorga el periódico
The Independent a la mejor ficción extranjera, Evelio Rosero entra
a hacer parte de aquella tendencia de la literatura colombiana inaugurada
por Rivera.
En la novela se narra la historia de San José, un pueblo pacífico,
habitado por gente trabajadora que lleva una vida idílica. En el
pueblo, aparentemente, no pasa nada; pero a medida que el narrador, quien
es un profesor voyerista, se detiene en los avatares de la cotidianidad,
se va descubriendo que en el pueblo reinan la desaparición forzada,
el secuestro y la muerte.
Con Los Ejércitos, Rosero crea la metáfora terrible del
pueblo que poco a poco va desapareciendo por la violencia para mostrarnos
los dientes de la barbarie y el estado de indefensión en que se
encuentran sus habitantes.
El pueblo de San José pasa de una vida paradisíaca a un
infierno donde el derecho a la vida es violado por los ejércitos
legales e ilegales que merodean en la oscuridad.
San José es un pueblo acorralado por el miedo, instigado por el
secuestro, y asediado constantemente por la muerte.
El pueblo de Rosero no es el pequeño villorio de García
Márquez que se paraliza porque un ladrón se ha robado las
bolas de billar. Tampoco es el pueblo de Rulfo poblado de fantasmas. Es
un pueblo donde a sus habitantes los van eliminando físicamente
hasta que sólo queda un solo habitante: el profesor Ismael Pasos,
que es el único que puede ver y contar la historia.
Con Los Ejércitos, Evelio Rosero retoma la temática de la
violencia de nuestros pueblos que se anunciaba en La mala hora de García
Márquez y El llano en llamas de Juan Rulfo. Pero a diferencia de
Gabo y Rulfo donde se percibe un tratamiento surreal que bordea con lo
fantástico, en Rosero hay una invitación a volver al neorrealismo.
Pero no al neorrealismo de la llamada “literatura sicaresca”
donde los bandidos son los héroes de la historia, sino al neorrealismo
de Todas las familias felices de Carlos Fuentes donde el pueblo es el
protagonista de la historia.
Con Los Ejércitos, Evelio Rosero, el escritor colombiano de la
generación ‘sin cuenta’ se consolida como una de las
voces más importantes de la literatura hispanoamericana.
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