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MIS MADRES Y EL CIELO

Por Néstor Lacorén

La madre solo por ser mujer, es el centro de todo, específicamente de “nuestro todo”; ella es la referencia principal en nuestras vidas y para toda la vida. La madre nos inspira, nos emociona, nos cuida, nos malcría y somos parte de ella para siempre. Somos “su creación” y de paso nos cría.

Yo me considero un tipo con suerte ya que tuve dos madres. Una de ellas Elena que siempre trabajó sin parar y que de paso tenía tiempo de ir a la plaza con pancartas a protestar contra el imbécil de turno y sus políticas.

Elena Lacorén esta mujer que según ella tenía un “radar anti-tontos” me enseñó la marcada diferencia que existe entre un hombre cabal y un cobarde. Ella tenía una insuperable capacidad de sacrificio, era intransigente consigo misma hasta el extremo de no permitir ni permitirse ni una sola debilidad. Para ella nada era imposible. La enojaba la mediocridad y la injusticia. “No hay una gran obra que no sea una acusación del mundo” era una de sus frases preferidas.

Mi otra madre a la que yo con mi “hermanastro” Fabián cariñosamente bautizamos LA MAMA fué también una madre muy “inquieta”. Siempre luchó por la paz y por la justicia. Por ser mujer, por ser madre, por defender la libertad y los derechos humanos fué perseguida por los cobardes de turno los que la amenazaron de muerte y la obligaron a abandonar el país. Con los dientes apretados sin exhalar una queja ni pedir tregua , rechazó la violencia y el precio que los asesinos habían puesto sobre su cabeza.


Y como madre y como mujer los hostigó cantando, nunca les dió descanso. Su serenidad
fué su victoria. Y esta madre “postiza” mía volvió triunfadora al país a seguir cantando.

Elena que aún hoy está en mi corazón, aunque nunca compartió mucho tiempo junto con LA MAMA, tenía con ella “esas felices coincidencias” que las acercaban naturalmente.


Las pocas veces que se encontraron su tema preferido fué mi persona, y todos mis defectos (que no son pocos) juntas me “verdugueaban” y no me permitían hablar ni una sola palabra y mucho menos interrumpirlas!!! Obviamente tener estas dos madres no fué nada fácil, pero a la vez fué muy satisfactorio.

Elena y Mercedes dos mujeres sencillas, dos madres, dos rebeldes con sus tonos de voz, la intensidad de sus miradas, y con sus poderes especiales; las dos ya no están y me duelen. A Mercedes la siento que sigue cantando “por la felicidad de cantar por vos en los Estados Unidos”, y me lo dice desde una carátula, mientras Elena me habla por la noche y me cuida.

Ahora me las imagino a las dos: Mercedes como siempre madre y artista y a Elena peleadora y puntual; juntas caminando por el cielo entre las almas encendiendo conciencias y multiplicando imaginaciones. Grave peligro corre la arquitectura del cielo!! Que harán estas dos mujeres con las nubes que les otorguen? me ayudarán a encontrar los sueños peligrosos, las promesas traicionadas y las esperanzas rotas? me invitarán a pasear por los adentros de Adán y Eva?

O cuando alguien muere, sus andares y sus decires, siguen en otros cuerpos, con otros nombres?? y posiblemente estas madres mías aún hoy siguen andando, deseando y diciendo, o será que a Elena Lacorén y a Mercedes Sosa, el cielo siempre les quedó más cerca que este propio mundo?



 
     
 
 
     
     
 
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