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Reconocido como uno de los críticos literarios más destacados de América Latina, el Prof. Dr. Camilo Fernández Cozman –miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua- dialogó con RED Y ACCION en su Lima natal, brindando precisiones sobre la situación actual de la literatura latinoamericana y su experiencia como conferencista en importantes universidades de América y Europa. También nos brinda detalles sobre la reciente publicación, en Buenos Aires, de su ensayo “La poesía es como el aroma. Poética de Luis Benítez”, donde investiga minuciosamente la obra del gran poeta argentino.
Prof. Dr. C. Fernández Cozman: -Mis inicios como crítico literario se remontan a 1990 cuando publiqué mi libro sobre la poesía de Emilio Adolfo Westphalen, ese gran poeta surrealista hispanoamericano y animador cultural, pues fue director de revistas como Amaru y Las moradas. Mi ensayo llevó por título Las ínsulas extrañas de Emilio Adolfo Westphalen y allí intenté un enfoque de índole interdisciplinaria, pues comencé haciendo un balance de la crítica literaria sobre la obra del vate peruano, luego analicé la interrelación entre Westphalen y el surrealismo europeo marcando diferencias y similitudes de este último en relación con las propuestas de André Breton y Paul Éluard. Finalmente, me concentré en el abordaje de los arquetipos del inconsciente colectivo sobre la base de los planteamientos de Carl Gustav Jung, mas asimilé también las concepciones del etnólogo rumano Mircea Eliade y de Gastón Bachelard. Sin embargo, para preservar una cierta autonomía al texto poético, propuse la noción de recreación arquetípica, de manera que Westphalen no repetía mecánicamente los arquetipos (el árbol áereo, o el agua o el fuego, por ejemplo), sino que los recreaba de manera amplia y fecunda.
Yo creo que deberíamos asumir, con orgullo y espíritu crítico, nuestra tradición (o tradiciones) e insertarnos, con matices distintivos, en ella. En mi investigación sobre Eielson me aproximé al marco teórico estructuralista asimilando los aportes del llamado Grupo Mi, conformado por un conjunto de investigadores de la Universidad de Lieja. Ellos entienden, siguiendo la tradición francesa de la retórica de Pierre Fontanier, la metáfora como un desvío respecto del discurso científico, como si este fuera monosignificativo. No obstante, pronto me di cuenta de que la metáfora también se encuentra en la ciencia, como lo ha demostrado Draaisma en su libro Metáforas de la memoria. Por eso, años después, cambié de rumbo y me acerqué a un enfoque de tipo pragmático para estudiar la obra de Rodolfo Hinostroza, un poeta peruano de la generación del sesenta. Es decir, me alejé, en cierta forma, de las propuestas del estructuralismo que no abordaban el problema de los contextos culturales y traté de abrir el análisis literario a los enfoques de índole intertextual buscando enlazar la obra de Hinostroza (el gran autor de Consejero del lobo) con el legado de Guillaume Apollinaire y Ezra Pound. Me interesó estudiar qué tipo de acto de habla se manifestaba en un poema de Hinostroza y cuál es el efecto que busca producir en el receptor.
CFC: -Nunca empleo un solo método para examinar un texto poético. Como dice José Emilio Pachecho, “la poesía es una forma de amor que sólo existe en el silencio/ de dos desconocidos casi siempre”.
Por ello, la actitud dialógica es esencial para acercarse a la literatura como objeto de estudio. En lo que a mí concierne, utilizo la Retórica General Textual (representada por Stefano Arduini, Giovanni Bottiroli y Tomás Albaladejo) que plantea la noción de que las figuras literarias se articulan a complejos procesos de pensamiento. Una metonimia que se basa en la relación causa-efecto, por ejemplo, traduce un pensar sustentado en la contigüidad. Este tipo de enfoque se sustenta en la semántica cognitiva de George Lakoff, quien concibe que el pensamiento es de índole metafórica. Asimismo, Arduini revalora el aporte de Giambattista Vico, para quien el pensamiento es de naturaleza profundamente imaginativa porque el lenguaje, según este filósofo italiano, tiene un origen poético.
CFC: -He publicado un ensayo titulado El cántaro y la ola. Una aproximación a la poética de Octavio Paz, libro que se alzó con el primer premio del Concurso de Libro Universitario, convocado en 2003 por la Asamblea Nacional de Rectores en Lima, y que se publicó un año después. Allí indago por las fuentes de la obra del gran poeta mexicano. Rastreo el influjo del romanticismo, del surrealismo y del psicoanálisis en la configuración del pensamiento de Paz en relación con el concepto de modernidad que él esgrime. No obstante, también busco la correlación del vate con la noción de tiempo circular que predomina en las sociedades prehispánicas, sobre todo en el poema “Piedra de sol”. He ahí la tesis central: Paz es un hombre de dos mundos. Se nutre de Occidente y de la concepción del tiempo circular de los pueblos prehispánicos. Recientemente, en 2008, la Universidad de Murcia me publicó La poesía hispanoamericana y sus metáforas, un racimo de ensayos donde retorno a la obra de César Vallejo, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Carlos Germán Belli, José Watanabe y Paz. Por ejemplo, en Vallejo reconozco una lírica de la interculturalidad que rompe el eje de la escritura para evocar el mundo andino, asociado a una creativa oralidad. En el poeta chileno, observo una crítica a la sociedad de consumo, sobre todo, en “Ritual de mis piernas”, donde el yo poético afirma que el cuerpo termina encerrado dentro de las ropas que tienen “demasiado lugar en nuestros mitos” y están sujetas a la oferta y la demanda. RyA: La Editorial Nueva Generación, de Buenos Aires, ha publicado un nuevo ensayo de su autoría, sobre la poética del argentino Luis Benítez. ¿Puede informarnos sobre esa reciente publicación? CFC: -Sí, mi libro es una primera aproximación hermenéutica a la poesía de Luis Benítez, lleva por título La poesía es como el aroma y tiene tres capítulos. En el primero abordo el tema de la interculturalidad en Mitologías/La balada de la mujer perdida (1983), es decir, cómo el poeta reflexiona acerca de la imposición de la cultura occidental sobre la indígena. En el segundo, desarrollo la poética de las sensaciones (tan cara a Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Stéphane Mallarmé) en Behering y otros poemas (1985). En el tercero, analizo los campos figurativos que se manifiestan en Guerras, epitafios y conversaciones (1989). RyA: ¿Cuáles son los temas que aborda la poética de Luis Benítez, cuál es su visión crítica sobre el tratamiento que efectúa el poeta argentino de éstos? CFC: -Uno de los temas esenciales que recorre Mitologías/La balada de la mujer perdida es el frustrado encuentro intercultural entre Cortés y los dioses toltecas que, sobre Tenochtitlán, esperan a las huestes del conquistador europeo. Benítez, con sindéresis y profundidad, medita acerca de cómo la imposición de la tecnología bélica occidental implica desconocer al otro (la cultura indígena) para imponer otros ritos, religiones y formas de pensamiento. Dicha temática también se desarrolla en el poema “A una momia indígena”, donde se percibe, con claridad meridiana, de qué modo una “virgen consagrada a los dioses antiguos” en el museo solo produce espanto; sin embargo, al final, inesperadamente, se convierte en un vehículo de comunicación entre todos los hombres y los dioses. Es decir, se busca universalizar el aporte de las culturas amerindias.
CFC: -Benítez retoma la tradición de la poesía de la interculturalidad que se manifiesta en la obra de César Vallejo, Pablo Neruda y Octavio Paz. El poeta peruano se acerca al mundo andino muy creativamente para preguntarse: “¿Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita/ de junco y capulí”. Neruda, en Canto general, evoca el simbolismo de la piedra, sobre todo, en “Alturas de Machu Picchu”. Paz se aproxima a la noción circular del tiempo de las sociedades prehispánicas en su célebre poema “Piedra de sol”. Por su parte, Benítez enjuicia el uso de la tecnología bélica, por parte de Cortés, para aniquilar a los dioses toltecas. Hay, sin duda, un cauce que va desde Vallejo y llega, con ribetes distintivos, a la poesía de Benítez.
CFC: Benítez se nutre de la vanguardia poética latinoamericana que tiene grandes exponentes en César Vallejo y Vicente Huidobro. El poeta chileno afirmaba: “El adjetivo cuando no da vida, mata”. Esa preocupación técnica por el ritmo y por la precisión verbal que también se manifiesta en Jorge Luis Borges, es uno de los centros neurálgicos de la obra de Benítez, quien busca asimilar el coloquialismo con mesura verbal y sin caer en el exceso del prosaísmo. Además, Benítez retoma creativamente algunos temas de la tradición occidental, como el tópico del tiempo, a la manera de Borges. Frente a la agresividad verbal de la antipoesía de Nicanor Parra, Benítez opta por un tono lacónicamente desmitificador de los íconos de la cultura occidental. Por eso, cuestiona la conquista española y revalora los aportes de las culturas amerindias. Asimismo, el poeta argentino intenta conciliar la tradición poética francesa con la anglosajona para comunicar su mensaje pleno de profundidad y de sugerencia. CFC: -Hay indudables lazos entre la poesía de Ezra Pound y la de Benítez. Pound hablaba del tratamiento directo de la cosa, sea objetiva o subjetiva, en su célebre manifiesto de 1913. Asimismo, planteaba que la poesía era una ciencia, como lo son la biología y la química. Es decir, estudiamos un fragmento de una obra literaria, como analizamos un tejido en el ámbito de la medicina. Esta concepción ha sido asimilada creativamente por Benítez. Además, el poeta argentino ha leído meticulosamente a los simbolistas y surrealistas franceses. La estética de la sensación liga a Benítez con Mallarmé y Paul Verlaine. De otro lado, se respira, en algunos textos de Benítez, la fuerza poderosa de la imaginería surrealista y de inmediato aflora, en nuestra mente, la obra de Paul Éluard.
CFC: -Primero, intenté identificarme con el texto poético y percibir las pulsaciones de sus metáforas con el fin de calibrar el temple creativo del hacedor de la palabra. En lo que a mí concierne, esta primigenia experiencia es imprescindible para realizar una investigación literaria. Luego, busqué los antecedentes de la obra de Benítez en el ámbito de las diversas tradiciones literarias: la latinoamericana, la francesa, la anglosajona, por ejemplo. Procuré identificar algunos recursos del vate argentino en la tradición poética latinoamericana en lo que respecta al abordaje del referente prehispánico. Posteriormente, indagué por la poética de las sensaciones cuyas fuentes se hallan en la obra de Charles Baudelaire (recuérdese el poema “Correspondencias”), de Arthur Rimbaud (“Vocales”) y en la estética de Stéphane Mallarmé. Después de haber trazado el contexto cultural, pasé al abordaje microtextual de los textos más representativos de Benítez. No creo que un solo método permita resolver todos los problemas de la investigación literaria. Por ello, opté por una pluralidad de índole metodológica, dando primacía al enfoque de la Retórica General Textual (representada por Stefano Arduini, Tomás Albaladejo y Giovanni Bottiroli) que permite ligar las metáforas a complejos procesos de pensamiento desde una óptica cognitiva. La sinécdoque de parte-todo, por ejemplo, se asocia con un pensamiento basado en la inclusión. La antítesis como figura literaria se enlaza con una concepción que avanza sobre la base de oposiciones, entre otras posibilidades interpretativas. RyA: ¿Cuál es su punto de vista sobre la situación de la poesía latinoamericana, en su conjunto y en nuestro tiempo? CFC: -Creo que la poesía latinoamericana tiene nombres imprescindibles como César Vallejo, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges u Octavio Paz. Trilce de Vallejo es un verdadero cataclismo en la poesía en lengua castellana. La publicación de Residencia en la tierra, en la tercera década del siglo XX, fue un episodio cultural de insospechada trascendencia. Paz y Borges son autores que, cada vez, tienen más lectores en Europa. El siglo XX ha sido el de la expansión de la poesía latinoamericana en el mundo. Recordemos a poetas brasileños de la talla de Manuel Bandeira y Carlos Drumond de Andrade. Yo recuerdo el manifiesto antropófago de Oswald de Andrade, donde se plantea que los latinoamericanos podemos devorar los aportes de la tradición occidental desde una óptica salvaje y creativa, para plantear nuevos productos de enorme originalidad que se distinguen abiertamente de las propuestas literarias europeas. RyA: ¿Cuál es su opinión sobre la poesía colombiana actual? CFC: -Me interesa mucho la poesía de Gloria Posada. Definitivamente su poemario Oficio divino nos recuerda, en sus mejores momentos, algunos textos de Octavio Paz y la teoría sobre los signos de rotación. Posada tiene una envidiable capacidad de síntesis y domina el escandido de los versos. Por su parte, Ramón Cote se vincula más con la poesía anglosajona. Su libro Poemas para una fosa común tiene lazos con la obra de Benítez. Indudablemente, la poesía colombiana tiene un futuro promisorio y de ello puede dar testimonio el Festival Internacional de Poesía de Medellín, un evento sin precedentes, que cumple el papel de reunir a grandes exponentes de la lírica latinoamericana.
CFC: -He dado conferencias en las universidades de Siena, de Florencia, Roma y Bérgamo, y allí he percibido que el aporte de la literatura latinoamericana está siendo revalorado con mayor insistencia cada vez. En febrero de este año ofrecí una conferencia en Bérgamo sobre la poesía de Vallejo que ha sido traducida, con tanto acierto, por Roberto Paoli a la lengua italiana. El poeta peruano llama mucho la atención por la fuerza arrolladora de su verbo. El primer poemario de Vallejo constituye, como dice José Carlos Mariátegui, “el orto de una nueva poesía en el Perú”. En España, han visto la luz varias ediciones que compilan la obra completa de poetas como Carlos Germán Belli (un clásico vivo de nuestra lengua), José Watanabe y Rodolfo Hinostroza. Ello evidencia que la poesía que se hace en Latinoamérica, es una de nuestras mejores cartas de presentación en el mundo. RyA: Como miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua, ¿qué puede decirnos sobre las actividades de esta institución a la que pertenece? CFC: -La Academia Peruana de la Lengua, dirigida por el poeta Marco Martos, está elaborando un diccionario de peruanismos, a la vez que capacita a los profesores de castellano y literatura, proveyéndolos de instrumentos teóricos y metodológicos que les sean útiles en su labor como docentes de aula en la escuela secundaria. La sede de la Academia es la casa de don Ricardo Palma, ese ilustre escritor peruano del siglo XIX. La idea es abrir las puertas de esta institución para hace recitales y ciclos de conferencias de manera ininterrumpida. Hace unos meses, la Academia organizó un coloquio internacional sobre la obra del Inca Garcilaso de la Vega, el genial autor de Comentarios reales de los incas. RyA: Usted se desempeña como catedrático en prestigiosas universidades de su país ¿Cuál es su experiencia en ese cargo? CFC: -Soy catedrático de Poesía Hispanoamericana Contemporánea y de Retórica en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la más antigua de América. Asimismo, me desempeño como coordinador de Lenguaje en la Universidad San Ignacio de Loyola. En ambas instituciones, despliego mi actividad docente con pasión, porque considero que la cátedra universitaria se complementa perfectamente con la investigación. Yo no podría vivir plenamente sin investigar. Leer un poema, para mí, es darle nuevamente vida y encontrar el mensaje que el poeta ha puesto en una botella arrojada al mar, a la espera de que alguien, quizá después de un súbito naufragio, pueda descifrar el sentido de aquellas misteriosas palabras.
Sobre Camilo Fernández Cozman Una de las miradas críticas más prestigiosas, rigurosas y valoradas de América latina, el Prof. Dr. Camilo Fernández Cozman nació en Lima, Perú, en 1965. Doctor en Literatura Peruana y Latinoamericana, es miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua y profesor de la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad San Ignacio de Loyola. Ha sido conferencista en las universidades de Santiago de Chile, Salamanca, Burdeos, Roma, Florencia, Siena, Bérgamo, Urbino y Rímini. Ha sido profesor visitante en la Universidad Federal de Río Grande do Sul (Porto Alegre, 2004) y ponente en la International Conference on Eurolinguistics (2004) que se realizó en la Universidad de Roma “La Sapienza”. Fue pionero en la investigación sobre la obra poética de Emilio Adolfo Westphalen, de Jorge Eduardo Eielson y Rodolfo Hinostroza. Forma parte del Consejo Editorial de la revista electrónica Tonos digital (www.tonosdigital.com) de la Universidad de Murcia y de la Asociación Brasileña de Literatura Comparada (ABRALIC). Entre otros prestigiosos reconocimientos, su obra ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Ensayo Raúl Porras Barrenechea (1997); Premio Internacional de Ensayo sobre Poesía (2003), Primer Concurso Nacional del Libro Universitario (Asamblea Nacional de Rectores, 2003), Premio al Mérito Científico 2004 (otorgado por la UNMSM) y Premio Nacional de Ensayo Federico Villarreal (2005).
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Sobre Luis Benítez El poeta, narrador, ensayista y dramaturgo argentino Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956.
Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, Estados Unidos, con sede en la Columbia University; de la World Poets Society (Grecia); de la International Society of Writers (Estados Unidos); del Advisory Board de World Poetry Press (India), Miembro Honorario de la sección argentina del IFLAC (International Forum for a Literature and a Culture of Peace, Israel) y de la Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina. Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poétes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra literaria, entre ellos el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); la Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); el Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); el Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); el Tercer Premio Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997); el Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); el Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008).
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