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Afganistán, la guerra en que nos meten Obama y Uribe

Por Elizabeth Mora-Mass

Aunque por años, los colombianos escuchamos hablar de la Guerra de Afganistán y de los talibanes—los señores de la guerra, casi todos cultivadores de opio—no les paramos muchas bolas hasta ahora, cuando por solicitud de la administración de Barack Obama, el mandatario demócrata de los Estados Unidos—quien tiene todas las complacencias de muchísimos sectores, en especial de la izquierda latinoamericana—el presidente Álvaro Uribe y su gabinete, meten a Colombia de lleno en dicha guerra.

Obama tiene la gran presión del déficit presupuestal, la crisis que le está ocasionando el posible cambio al sistema de salud (ahora lo llaman Nazi Obama y muchos juran que va a matar a los ancianos y a los pobres) y la oposición de muchos de sus electores a la guerra son los motivos que le impiden aumentar las tropas estadounidenses a las cien mil o 150 mil que dicen los entendidos que seria lo ideal para ganar la contienda. Por lo anterior es que le está pidiendo a todos los gobiernos amigos que lo acompañen en el conflicto afgano, el cual se espera dure entre ocho y diez años más.

Según un documento presentado este martes por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, la administración Obama se dispone a expandir la guerra a gran escala, incluyendo un ataque frontal a los cultivos de narcóticos. Además, “hay autorización para matar o capturar a 50 jefes del narcotráfico”.

Pero, quizá el mayor problema de la administración Obama en la Guerra de Afganistán es que el pueblo estadounidense quiere resultados y no gastar mas dinero en guerras a largo plazo. Por esta razón, para el jefe de la casa Blanca es imposible encontrar una estrategia que lo distancie del conflicto, aunque éste no haya sido creado por su iniciativa.

En este momento, el general David Petraeus, el jefe del Comando Central, está supervisando la Guerra de Afganistán. Fue Petraeus quien dirigió la contra-inteligencia de la Guerra de Irak, la cual ha obtenido grandes aciertos. Pero los expertos aúllan a voz en cuello que el número de tropas en Afganistán (68.000) es muy bajo para ganar la guerra.

De acuerdo con las declaraciones del general Stanley McChrystal, el nuevo comandante de las tropas estadounidenses en tierras afganas, se necesitan entre 20.000 y 30.000 soldados adicionales para esta guerra. Varios senadores demócratas entrevistados por las cadenas de televisión, afirmaron que tienen confianza en una victoria porque el general McChrystal es un experto en conducir grupos de contra-inteligencia.

Por otro lado, Estados Unidos busca salvar las elecciones que van a realizarse en unos días en Afganistán. Sin embargo, durante toda la semana se han dado ataques de los talibanes contra el gobierno afgano aliado de USA, lanzando cohetes y llevando a cabo ataques suicidas.

La Guerra de Afganistán comenzó hace años y la inmensa mayoría de los especialistas, han venido afirmando por cerca de dos décadas que, “es imposible de ganar”. Lo dicen los rusos—quienes pelearon allá para derrotar a los talibanes, hasta la caída del Muro de Berlín, cuando tuvieron que salir derrotados—y lo pregonan los europeos y los analistas gringos, diferentes de los del Pentágono.

Aunque la Guerra de Afganistán fue heredada de administraciones anteriores, las críticas de los estadounidenses hacia la administración Obama no cesan por no perseguir a Obama bin-Laden y a al-Qaeda, lo que ha obligado a la Casa Blanca a cambiar de estrategia. Y así es cómo, ahora los colombianos entran en un momento en que los gobiernos afgano y estadounidense ensayan un nuevo esfuerzo para enlistar en la causa a soldados de las tribus de las más violentas provincias para que los acompañen en la gran batalla contra los talibanes.

Debido a que en Afganistán se encuentran Obama-bin-Laden y el estado mayor de al-Qaeda, la organización terrorista que llevó a cabo los ataques del 11 de septiembre, así como los actos terroristas contra Londres, Madrid y otras ciudades, Estados Unidos y sus aliados están metidos en la región. Bin-Laden y su grupo se ocultan en las montañas de Afganistán, limítrofes con Pakistán, viven en cuevas y son cuidados por los talibanes, muchos de los cuales lo ven como un enviado de Alá (el dios de los musulmanes) y el hombre que va a liberar el mundo entero de la pecaminosa cultura occidental.

Y eso no es todo. Bin-Laden se ha convertido en un verdadero problema para las relaciones de Estados Unidos en la zona, en especial, en lo concerniente a Pakistán y la India, los dos vecinos nucleares que viven otro conflicto eterno.

La economía afgana es casi inexistente, con excepción de las drogas. La cosecha de heroína está calculada en unos 300 mil millones de dólares anuales por el Departamento de Estado, pero valorada sólo en 125 millones de dólares por las Naciones Unidas. Este dinero va casi todo a los talibanes, los hombres fuertes del país y gran parte es usada para defender a bin-Laden y a los guerreros de al-Qaeda.

El lunes 27 de julio, la CBS divulgó la vinculación de los soldados colombianos a la Guerra de Afganistán y desde entonces, la prensa colombiana no hace sino publicar y entrevistar a diferentes funcionarios gubernamentales hablando bellezas del honor que significa para los soldados y las fuerzas armadas colombianas participar en la mencionada contienda.

Lo que no entiendo es cómo los analistas de Uribe no han medido las consecuencias que traería la unión entre las FARC, el ELN, los paras y los terroristas de al-Qaeda. No hay casi criticas al involucramiento colombiano en este conflicto, el cual para muchos expertos, va a traer como consecuencia ataques terroristas en territorio colombiano, tal como ha pasado en los países vinculados en dicha contienda, lo que mandaría “la seguridad democrática” al diablo.

 
     
 
 
     
     
 
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