Angelino
ante la OIT: una candidatura muy poco angelical
Con su estilo
popular y bonachón, el vicepresidente le ha jugado a todos las
bandas y los bandos, a tal punto que ahora aspira a dirigir la organización
mundial de los trabajadores en representación del país donde
más se persigue a los sindicalistas.
Hernando
Llano Ángel*
Donde
se matan más sindicalistas
La candidatura oficial del vicepresidente Angelino Garzón a la
dirección de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
se ha convertido en un purgatorio, que ante la intensidad de las llamas
de la oposición levantadas por delegados de la Central Unitaria
de Trabajadores (CUT) y el Polo Democrático Alternativo (PDA) --con
la vocería del senador Alexander López-- está a punto
de evaporarse en humo.
Durante su gira por Estados Unidos y Europa, los opositores han presentado
argumentos que tienen la contundencia irrebatible de la violencia y la
impunidad pues - como acaba de informar Humans Rights Watch- Colombia
sigue ocupando el vergonzoso primer lugar en el mundo por el número
de sindicalistas asesinados.
Según datos de la Escuela Nacional Sindical: “Un total de
51 sindicalistas fueron asesinados en 2008, 47 en 2009, 51 en 2010 y 26
entre enero y el 15 de noviembre de 2011”. Para acabar de agravar
la situación, el 17 de enero pasado fueron asesinados en Orito,
Putumayo, el líder comunitario y trabajador de la USO Mauricio
A. Redondo y su esposa, Janeth Ordoñez, aumentando así los
sentimientos de rechazo de numerosas centrales obreras internacionales.
Con razón el presidente de la CUT, Tarsicio Mora, dijo a El Espectador
que “No es posible que aspiremos a semejante cargo cuando en Colombia
se violan los derechos (…) Colombia ha perdido todas las calificaciones
frente a la OIT”.
En estas circunstancias no es posible dejar de recordar que desde 1986
han sido asesinados más de 3 mil sindicalistas y que la impunidad
por dichos crímenes es del 96 por ciento.
Tercera vía
Y sin embargo el panorama anterior es paradójicamente utilizado
por el gobierno Santos y por el propio Angelino como un gran argumento
para vender su candidatura: la dirección de la OIT sería
el sitio ideal para velar por la protección de los sindicalistas
colombianos.
En este punto cuentan con el apoyo del ex presidente Uribe pues, como
dijo en entrevista para Radio Todelar en Cali, “Si lo nombran director,
está muy bien para él y para Colombia. Una persona como
el doctor Angelino nos tiene que ayudar a que no haya sindicalismo armado,
a que no haya confrontación entre empresarios y trabajadores”.
Santos y Uribe por una parte, y por la otra el PDA y la CUT: de esta manera
la polarización que existe en Colombia se proyecta al plano internacional.
Y sin embargo al mismo tiempo Angelino se presenta como el hombre providencial
para ensayar una especie de “tercera vía” y superar
las conflictivas relaciones entre el capital y el trabajo, que desde por
lo menos la década de los 90 se convirtieron en un asunto “interméstico”,
pues su tratamiento requiere cada vez más de convergencias entre
la legislación laboral internacional y la doméstica.
Así lo comprendió Uribe, cuando incluyó a Angelino
en una gira por Estados Unidos para persuadir a demócratas y republicanos
de la importancia que le daba al sindicalismo conciliador y no al reivindicador,
que con su estilo estigmatizador él califica de armado. Y más
todavía cuando lo nombró Representante Permanente de Colombia
ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, para
maquillar la imagen de su gobierno en este frente para él tan sensitivo.
Resulta, entonces, lógico para un gobierno cuyo Plan de Desarrollo
da prioridad a la “locomotora” minero-energética, contar
con los oficios de un conciliador profesional como Angelino, en virtud
de su pasado como líder sindical y su antigua militancia en organizaciones
de izquierda, desde el anquilosado Partido Comunista hasta la aniquilada
Unión Patriótica, siendo uno de los pocos dirigentes que
sobrevivieron al genocidio político.
Un político ubicuo y ambiguo
En pocas palabras: Angelino es el ornitorrinco de la política nacional,
cuyas virtudes y habilidades lo convierten en un animal político
ubicuo y ambiguo como ninguno otro.
Aunque Garzón se define como un “hombre de centro izquierda
católico”, sería más preciso describirlo como
un hombre políticamente ubicuo e ideológicamente ambiguo.
Ubicuo, porque durante su intensa y extensa vida pública ha hecho
gala de tal flexibilidad que ha pasado por todos los grupos y ha militado
en todas las tendencias políticas, sin perder su discurso popular
ni su propia identidad, con su acento inconfundible de hombre gentil y
sencillo, matizado con cierto aire de cura de pueblo.
Desde la izquierda ortodoxa del partido comunista, pasando por la heterodoxa
Alianza Democrática-M19 –como delegatario en la Asamblea
Nacional Constituyente¬— hasta funcionario en los gobiernos
irreconciliables de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, para
culminar como vicepresidente de Santos.
No tuvo ningún reato de conciencia ni de su fe de católico
para apostar un día por la paz negociada, y al día siguiente
representar a un gobierno que, negando la existencia del conflicto, llegó
a acuerdos políticos con criminales de lesa humanidad.
Cuando estuvo de candidato a la Gobernación del Valle del Cauca,
contó con el apoyo de Convergencia Ciudadana y de Juan Carlos Martínez
Sinisterra, sin escrúpulos de orden ético (católico)
o político (izquierda), y así sumó todos los apoyos
que fueron necesarios para obtener la más alta votación
alcanzada hasta la fecha por gobernador alguno.
Tales son su ubicuidad política y su ambigüedad ideológica,
que el año pasado promovió al saliente gobernador del Valle,
Francisco José Lourido, contra la aspiración del PIN de
seguir usufructuando el botín departamental y ahora apoya al gobernador
Héctor Fabio Useche, quien gobierna en nombre del PIN.
Y como si esto fuera poco, ahora reniega del partido de la U, aunque en
su nombre haya alcanzado y ejerza la Vicepresidencia de la República.
Quizá por todo lo anterior, Garzón esconde sus veleidades
y su oportunismo político bajo la sigla de una enigmática
corriente de opinión que denomina “centro independiente”,
con la cual navega por las oscuras aguas del clientelismo y la burocracia.
Un discurso milagroso
Los anteriores malabarismos políticos e ideológicos le permiten
estar en el centro de la vida pública, donde despliega un inteligente
y sinuoso discurso, matizado de sentimientos morales y religiosos, con
frecuentes alusiones al perdón, la gratitud, la reconciliación,
la justicia social y el mismísimo Señor de los Milagros
de Buga, a quien encomienda la suerte de su gestión y aspiraciones.
Ante semejante popurrí político-religioso y social fácilmente
la audiencia se rinde y se adormece su espíritu crítico.
Es así como en una extensa entrevista radial concedida a RCN, además
de agradecer a Pastrana, Uribe, Santos y la Iglesia Católica las
oportunidades que le han dado para desempeñarse en importantes
cargos, se solidariza con la tragedia –son sus palabras-- de Tomás
y Jerónimo por ser investigados judicialmente a raíz de
sus negocios en la zona franca de Mosquera y sus dudosas relaciones con
el Canoso, un destacado miembro de las AUC de la costa Caribe.
Frente a las investigaciones contra el gobernador Useche, responde que
él no es un juez y presume su inocencia hasta que no se demuestre
lo contrario, pero a renglón seguido recuerda que conoció
a su padre cuando era dirigente sindical en Bugalagrande, donde fue asesinado,
e invoca entonces la calidad de víctima de la violencia para el
actual gobernador Useche y la solidaridad con su gestión.
De esta forma Angelino ha forjado una imagen que le permite estar bien
con casi todo el mundo, pero especialmente promover una aureola de hombre
justo e imparcial (defensor por excelencia de los más humildes
y su precario salario) capaz de conciliar los intereses más antagónicos
para aspirar legítimamente a la dirección de la OIT, donde
promoverá una “alianza de carácter tripartito con
soporte de empresarios, trabajadores y gobiernos”, presentándose
como el candidato de la región, pues su candidatura ha sido respaldada
por los gobiernos de América Latina y el Caribe.
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