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Estado
en mayúscula y estado en minúscula
Por Jairo Cala Otero – Director revista «Español
Correcto»
La ortografía del español tiene, frente a algunas palabras,
diferenciaciones; por ende, les otorga significados diversos.
Ese es el caso de la palabra estado, por ejemplo. Como muchas personas
confunden su uso es útil apuntar lo pertinente, para cooperar con
la escritura correcta.
Hay que empezar, entonces, por el uso de la mayúscula inicial,
es decir, de la vocal e. Según la norma, solamente se usa en esa
forma cuando se hace referencia al ‘conjunto de los órganos
de gobierno de un país soberano’. Ejemplos:
«El Estado colombiano declaró su soberanía sobre el
archipiélago de San Andrés».
«En Colombia se reunirán los jefes de Estado de Latinoamérica».
También
va en mayúscula la e cuando se hace alusión a la unidad
política que constituye un país, o a su territorio:
«El derecho internacional no hace diferencia en cuanto al tamaño
o la ubicación geopolítica de los Estados».
«La Unasur está conformada por los Estados de Suramérica».
Esa
grafía forma parte de numerosas expresiones y locuciones: jefe
del Estado, secretario de Estado, golpe de Estado, razón de Estado,
Estado de derecho, etcétera.
Ahora, veamos que la norma nos advierte sobre el cambio a inicial minúscula
en el resto de las acepciones de la palabra estado, ‘incluida la
que se refiere a la porción del territorio de un Estado cuyos habitantes
se rigen, en algunos asuntos, por leyes propias (como ocurre con las demás
entidades territoriales: comunidad autónoma, departamento, provincia,
región, etc., que se escriben con inicial minúscula)’,
según reza en el Diccionario Panhispánico de Dudas de la
Real Academia Española -RAE-.
Ejemplos:
«En el estado de Oaxaca hubo elecciones extraordinarias».
(Periódico Excélsior - México).
«El estado Barinas, en Venezuela, forma parte de la biorregión
conocida como Los Llanos».
Por
supuesto, si de ese diccionario saltamos al diccionario común,
encontraremos que la palabra estado tiene otros usos. Algunos de ellos,
son:
Para describir una ‘situación en que se encuentra alguien
o algo, y en especial cada uno de sus sucesivos modos de ser o estar’:
«Ella ha estado ahí todo el día»; «No
conocemos el estado en que Arsenio se encuentra».
Estado también dice de la ‘clase o condición a la
cual está sujeta la vida de cada uno’. «Ese niño
se encuentra en un estado calamitoso»; «Anacleta, tu estado
es decepcionante. Mírate a un espejo».
Y quienes quieren revelar su condición civil también hacen
uso de esa palabra.
-«¿Cuál es su estado civil, señorita?
-Soy medio casada».
«Juan Tenorio era de estado civil dudoso».
Hay otras aplicaciones, pero son de infrecuente uso. No las cito por esa
sencilla razón. Con las incluidas aquí creo que es suficiente
para que ahora sepamos a qué ortografía atenernos cuando
ella, la palabra estado, se nos cruce por las neuronas.
¿Había estado usted confundido? ¿Conoce el Estado
colombiano?
¡Bueno, ya sabe cómo es el asunto!
**
Pensamiento:
«Respetad la opinión ajena, y creed que en este mundo nadie
posee el tesoro de la verdad».
(Escritor, filólogo, historiador y filósofo francés
– * 27 de febrero de 1823 - + 2 de octubre de 1892).
**
No
se dice: Erario público (redundante)
Se dice: Erario
<>.<>
Escriben
los lectores
= Buenos días, señor Jairo Cala:
Reciba de mi parte un caluroso saludo, no sin antes darle gracias por
su valiosa corrección. Es de mi agrado saber que personas como
usted apoyan, día a día, la visión de un individuo
dentro de este colectivo.
Cordialmente,
Clemente Martínez Pinilla
**
= Don Jairo:
Extrañé mucho sus enriquecedores mensajes, los cuales le
agradezco de manera especial. Lo que usted dice es cierto, ojalá
las personas se fijaran más en eso y así no se maltrataría
tanto el castellano.
Un saludo cordial.
Roselia Suárez Ruiz
**
=
Es muy grato volver a recibir sus sabias enseñanzas, que tanto
han enriquecido mi léxico y han ampliado mi castellano, que un
poco atrofiado lo tenía. Agradezco altamente sus aportes y con
plena seguridad seguiré expectante a sus envíos.
Dios le bendiga, le guarde y le siga dando sabiduría y humildad
para compartir con todo aquel que lo necesita.
Respetuosamente,
Luz Nayeli Gaviria
**
= Hola, Jairo:
Gracias por enviarme tus correos. Son muy interesantes, porque muchas
veces nos dejamos llevar por lo que la gente dice, y no nos damos cuenta
de que estamos matando el buen castellano que, como tú dices, es
tan rico. Al comenzar a estudiar cómo se debe escribir o decir
una frase nos damos cuenta de que cometemos errores, que tú los
visualizas y los expones en una forma que al final nos damos cuenta de
que también caemos en lo mismo y no nos preocupamos por escribirlo
y hablarlo correctamente.
Gracias, voy a seguir leyendo tus correos, que son muy interesantes.
Rafael Flórez
**
= Hola, amigo, me alegra muchísimo volver a recibir estas magníficas
expresiones de nuestro castellano. Efectivamente, en estos días
salió una providencia del Seniat, de Venezuela, donde nos conminan
a usar el vocablo ‘pagar’ por ‘cancelar’, como
es lo adecuado.
Como siempre, es un gran placer.
Tu amiga venezolana,
Irma Gómez Párraga
**
=
Cordial saludo, señor periodista.
Gracias por su maravilloso aporte, realmente usted tiene razón
cuando nos muestra la mala utilización que le damos a las palabras,
pensando que están muy bien. Realmente, esta es una exigencia grande;
estar bien conectados con el diccionario es lo mejor.
Gracias por compartir sus conocimientos.
Con cariño
Nubia Suárez – Ibagué
**
MADRIGUERA IDIOMÁTICA
1.«Así
que las chalupas que suben de Barrancabermeja o bajan de Puerto Berrío,
siempre preguntan dónde tienen que parar: ¿en Santander
o en Antoquia?»: ¡Chalupas de miedo, por Dios! De ellas habla
un diario de Bucaramanga. Si ellas mismas son las que preguntan si deben
detenerse en determinada zona, no hacen falta chaluperos. Seguramente,
a esa era llegarán nuestros sucesores generacionales. Por ahora,
será mejor que las preguntas las sigan haciendo quienes conducen
las chalupas.
2.- «Una bebé de nueve meses de nacida fue sepultada ayer
en el cementerio central…»: La noticia explicaba, a renglón
seguido, que la niña había fallecido a consecuencia de una
grave enfermedad. Eso para que no se le cargue la mano al periodista diciéndosele
que si la nena estaba recién nacida, no debió ser sepultada.
Pero ese no es el asunto. Sino el término ‘bebé’,
de género masculino, aplicado a un ser femenino. Está regado
por doquier ese erróneo uso. Las niñas recién nacidas
toman la denominación de ‘nenas’, no de bebés.
‘Bebés’ son, y seguirán siendo –hasta
que la RAE diga lo contrario-, los varoncitos. Nadie más.
3.- «Cuando una mujer cantonea sus caderas por la calle, él
la sigue con su mirada hasta que la pierde»: El verbo conocido es
‘contonear’, pero la RAE acaba de introducir ‘cantonear’.
El primero significa andar haciendo movimientos afectados con las caderas
y los hombros. El segundo, significa andar vagando ociosamente de esquina
en esquina (como hacen los desempleados colombianos).
A la sazón, entre los dos existe cierta relación parental.
Luego hay que admitirlo en la oración usada por un periodista.
Lo que no queda claro, en cambio, es su complemento: «Él
la sigue con su mirada hasta que la pierde». Porque ese fulano ha
de tener, entonces, una fuerza energética descomunal en su mirada:
¡hace desaparecer mujeres! ¡O las corrompe moralmente! Esas
son las interpretaciones que se derivan de esa construcción gramatical.
Si se introducen dos pronombres personales (ella - se), a cambio del artículo
determinante ‘la’, el asunto cambia sustancialmente: «Él
la sigue con su mirada hasta que ella se pierde». Porque es la mujer
quien -a la distancia- se pierde, se aleja por su cuenta, no por el impacto
de la mirada.
4.- «Bucaramanga abona el terreno para los 'call centers'»:
Los técnicos colombianos siguen en su terca campaña para
deslucir dos idiomas, simultáneamente: el español y el inglés.
Por eso, hacen combinaciones absurdas como la del ejemplo. A ellos les
parece novísimo y muy ajustado a la vanagloria de la modernidad;
pero la verdad es que se trata de un esperpento lingüístico,
que no debemos admitir.
Esos lugares se llaman -y deben así mentarse- «Centros telefónicos»;
o si se quiere: «Centros de contacto telefónico». No
‘Call Centers’, en inglés. ¡Ojalá se abonara
terreno para hablar y escribir correctamente!
5.-
«Nuestros pollos no cacarean, dictan clases para hablar en público.
Llegó el mejor pollo a Barrancabermeja. Gran inaguración
del restaurante número 100 de Frisby»: Curiosos estos pollos.
A la sazón que deben de tener -como para que queden convertidos
en maestros de oratoria- les caería muy bien que quien maneja la
publicidad de Frisby corrija sus «gallos» ortográficos.
Porque no se dice ni se escribe «inaguración», sino
inauguración, con una ‘u’ antes de la letra ge. Solamente
así podremos creer que esa inauguración fue grandiosa.
6.-«Alkomprar: la cuota más barata»: En este caso,
otro «genio» de la publicad pretende lucirse a costa del daño
que le inflige al idioma. Inventó el nombre de un almacén
con la composición de dos términos: la contracción
‘al’ y el verbo ‘comprar’; pero le cambió
su ortografía al último vocablo. De allí lo que salió
fue una palabreja espuria. ‘Comprar’ siempre se escribirá
con –c, no con –k-.
7.- «¿Quién dijo que tienes que escoger a tus amigos
por tu empresa celular?»: Esta oración es mentirosa. Porque
quienes tienen un plan de telefonía celular no son dueños
de las empresas. Eso es lo que dice la oración, pues se usó
el adjetivo posesivo tu (que refleja pertenencia). Un giro permitido pudo
haber sido, por ejemplo: ¿Quién dijo que tienes que escoger
a tus amigos según la empresa celular a la que estás afiliado?
8.-«Nadie le presta tan fácil como Prestayá del Banco
Popular»: Pues si para los promotores de esta publicidad fue difícil
construir una oración tan simple, hemos de imaginar que lo más
seguro es que tampoco sea tan fácil acceder a los créditos
que promueve este Banco. Porque debió usarse el adverbio ‘fácilmente’,
y no el adjetivo ‘fácil’. «Nadie le presta tan
fácilmente como Prestayá del Banco Popular», hubiese
resultado más convincente. Solamente es asunto de tener cuidado
con el idioma. Es fácil. Más fácil que solicitar
un préstamo bancario, lo aseguro.
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