Español
correcto
Dequeísmo
y queísmo
Por Jairo Cala Otero – Cultor del español
Es curioso que muchos hispanohablantes sean desdeñosos frente a
la correcta forma de expresarse, por escrito y oralmente. Pero cuando
de usar la preposición ‘de’ se trata muchos de esos
desentendidos con el idioma se llenan de dudas. Caen fácilmente
en abstención, no usan esa preposición cuando se necesita;
o, caso contrario, la emplean cuando ella no tiene función gramatical
en una oración.
Esos fenómenos, llamados comúnmente como «dequeísmo»
y «queísmo» (o «dequefobia»), se leen y
escuchan en entrevistas hasta en grandes y prestigiosos medios de comunicación
de diversos países hispanohablantes. Son dos de los más
comunes errores en nuestra lengua española.
El «dequeísmo» consiste en el uso innecesario de la
preposición 'de' antes de la conjunción 'que'. Como en los
casos siguientes:
• Resulta de que…
Correcto: Resulta que…
• Pienso de que…
Correcto: Pienso que….
• Decía de que…
Correcto: Decía que…
La «dequefobia» o «queísmo», en cambio,
es la omisión de la preposición 'de' (u otra, como 'en')
ante 'que' cuando es necesaria. Como en los siguientes casos:
• Estoy seguro que…
Correcto: Estoy seguro de que…
• Darse cuenta que…
Correcto: Darse cuenta de que….
• Avísame en caso que…
Correcto: Avísame en caso de que...
Suele suceder que el hablante, por miedo a caer en el «dequeísmo»,
se va al otro extremo y omite la preposición ‘de’ cuando
es requerida, con lo cual incurre en «dequefobia».
Hay varias formas prácticas de saber si la sintaxis del enunciado
requiere la preposición o no:
1.- Plantearse las preguntas: ¿Qué...?; o ¿De qué…?
La pregunta que resulte apropiada será la que indique si la preposición
es necesaria o no. Ejemplos:
a) «Estoy seguro que Anacleta vendrá hoy». Aquí
la pregunta apropiada es: ¿De qué estoy seguro?
De que Anacleta vendrá hoy. Luego esta oración requiere
la preposición 'de': «Estoy seguro de que Anacleta vendrá
hoy».
b) «Carlos dijo de que me ayudaría con los preparativos».
La pregunta idónea es: ¿Qué dijo Carlos?
Que me ayudaría con los preparativos. Así que lo correcto
es omitir la preposición de: «Carlos dijo que me ayudaría
con los preparativos».
2. Sustituir la parte del enunciado que comienza por 'que', por los pronombres
'algo' o 'eso' y verificar si el enunciado resultante está bien
formulado en castellano (si tiene sentido), con o sin preposición.
Ejemplos:
a) «Estoy seguro que vendrá hoy». Al sustituir «que
vendrá hoy» por ‘eso’, resulta la oración
agramatical: «Estoy seguro eso». Luego requiere la preposición
‘de’ para su corrección: «Estoy seguro de eso»,
así que debe ser: «Estoy seguro de que vendrá hoy».
b) «Decía de que me ayudaría con los preparativos».
Al sustituir «que me ayudaría con los preparativos»
por ‘eso’, se obtiene igualmente la oración agramatical:
«Decía de eso», que tendría sentido completo
sin la preposición ‘de’: «Decía eso».
Luego lo correcto es: «Decía que me ayudaría con los
preparativos».
He aquí algunos otros ejemplos de usos incorrectos y correctos
de la preposición de:
Incorrecto: Dijo de que se iba.
Correcto: Dijo que se iba.
Incorrecto: Contestó de que estaba enfermo.
Correcto: Contestó que estaba enfermo.
Incorrecto: Creo de que no está bien.
Correcto: Creo que no está bien.
Incorrecto: Pienso de que es tarde.
Correcto: Pienso que es tarde.
Incorrecto: Te asombra de que yo lo diga.
Correcto: Te asombra que yo lo diga.
Incorrecto: Me alegro que ustedes sean felices.
Correcto: Me alegro de que ustedes sean felices.
Incorrecto: Le preocupa de que aún no hayas llegado.
Correcto: Le preocupa que aún no hayas llegado.
Incorrecto: Es posible de que llueva esta tarde.
Correcto: Es posible que llueva esta tarde.
La norma lingüística también dice que se incurre en
«dequeísmo» cuando se antepone la preposición
‘de’ a una oración subordinada sustantiva de complemento
directo. Esto ocurre, sobre todo, con las siguientes clases de verbos:
* De «pensamiento» (pensar, opinar, creer, considerar, etc.).
En estos casos lo correcto es: Pienso que…; Opino que…; Creo
que…; Considero que…
*De «habla» (decir, comunicar, exponer, etc.). Aquí
lo preciso es: Digo que…; Comunico que…; Expongo que…
* De «temor» (temer, atemorizar, etc.). En estos casos es:
Temo que…; Me atemoriza que…
* De «percepción» (ver, oír, escuchar, percibir,
observar, etc.). Lo correcto es: Veo que…; Oigo que…; Escucho
que…; Percibo que…; Observo que…
El complemento directo nunca va precedido de la preposición de.
Por tanto, son incorrectas oraciones como:
*Pienso de que conseguiremos ganar el campeonato.
Correcto: Pienso que conseguiremos ganar el campeonato.
* Me dijeron de que se iban a cambiar de casa.
Correcto: Me dijeron que se iban a cambiar de casa.
* Temo de que no llegues a tiempo.
Correcto: Temo que no llegues a tiempo.
* He oído de que te casas.
Correcto: He oído que te casas.
No se usa ‘de’ en una oración subordinada que ejerce
funciones de atributo en oraciones copulativas con el verbo ser. La RAE
sostiene que este complemento, por lo general, no va precedido de preposición
y, por tanto, son incorrectas oraciones como:
* Mi intención es de que participemos todos.
Correcto: Mi intención es que participemos todos.
Tampoco debe insertarse la preposición ‘de’ en locuciones
conjuntivas, pues no la llevan:
* A no ser de que…
Correcto: A no ser que.
* A medida de que…
Correcto: A medida que.
* Una vez de que…
Correcto: Una vez que.
Y cuando debe llevar preposición ‘en’ en lugar de la
preposición ‘de’:
• Insistieron de que fuéramos con ellos.
Correcto: Insistieron en que fuéramos con ellos.
• Me fijé de que llevaba corbata.
Correcto: Me fijé en que llevaba corbata.
Estimado lector: Pienso que esta información ilustra con amplitud
acerca de cuándo se usa y cuándo no la preposición
‘de’. ¡Espero que no lo olvide!
¿Usted
también es temeroso de poner chiquito?
Por: Jairo Cala Otero
Periodista - Cultor del castellano
Por lo que puede considerarse una postura mojigata de algunas personas,
se ha vuelto costumbre hacer diferenciaciones respecto de algunos vocablos
que, aunque son sinónimos mutuos, permiten que la mente humana
discurra con alguna dosis de morbosidad. No obstante, ellos tienen un
sentido propio. Caso diferente es que aquellos maniáticos los quieran
proscribir, por su calenturienta aberración.
Examine el lector cinco ejemplos de lo dicho:
1.- Pelo y cabello: Significan lo mismo. Sin embargo,
hay gente que suele usar uno y otro término, con aclaraciones.
Muchos hombres relacionan la palabra «pelo» con la anatomía
femenina, cuando andan en plan de seducción. Dicen, por ejemplo:
«Para el viernes próximo tengo un 'pelo' muy bueno; ya la
invité a salir y dijo que sí».
Puedo
especular imaginando que no se refieren a toda su integridad anatómica,
sino sólo a ese manojo de vello que Dios, en su inescrutable sapiencia,
puso justo en la zona triangular femenina que desata la pasión
de aquellos varones que usan la denominación «pelo»,
cuando hablan de su seductora tarea. Esos vellos que hacen arder de lascivia
se denominan «pendejos». Así los califica el Diccionario
de la Real Academia Española -DRAE-. Pero en otra acepción
es también: ‘Persona de vida desordenada’. Quizás
sea por esta segunda definición que aquellos «machos»,
que estilan la vida de Don Juan, llaman «pelo» a la mujer.
Si ésta lleva una vida disipada, es una mujer pendeja.
El asunto es que, en serio, cabello y pelo significan, para el sentido
pragmático de la semántica, la misma cosa. Por si hubiese
dudas, transcribo aquí las definiciones de la academia.
Pelo:
‘Filamento cilíndrico, delgado, de naturaleza córnea,
que nace y crece entre los poros de la piel de casi todos los mamíferos.
Conjunto de estos filamentos. Cabello de la cabeza humana’.
Cabello: ‘Cada uno de los pelos que nacen en la cabeza. Conjunto
de todos ellos’.
2.-Distinguir y conocer: A muchas personas les parece
que una cosa es «distinguir» a alguien, y otra bien distinta
es «conocerle». Distinguir, en el primer caso, lo toman en
el sentido de tener una relación superficial con ese alguien; que
no hay ninguna situación que les comprometa, ni siquiera por simple
amistad. «A ese señor yo, simplemente, lo distingo»,
dicen las damas, con cierto énfasis en la palabra «simplemente».
En ese caso, lo que se nota es una malicia, que traduce guardarse de que
los demás puedan creer que se tienen relaciones sexuales con un
fulano. Porque para ese tipo de damas, «conocer» es haber
visto, tocado y «degustado» al varón del que estén
hablando. Asunto este legítimo, pero exagerado cuando recurren
a tal aclaración innecesaria.
El
diccionario define el término CONOCER como: ‘Averiguar por
el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza, cualidades
y relaciones de las cosas y personas. Tener trato y comunicación
con alguno’. No lo define como acto de explorar y disfrutar su cuerpo.
Aunque con la comunicación interpersonal se llegue a tal ámbito.
En
cuanto a DISTINGUIR, dice: ‘Conocer la diferencia que hay de unas
cosas a otras. Hacer particular estimación de unas personas prefiriéndolas
a otras. Otorgar a uno alguna dignidad o prerrogativa’.
Total,
no hay razón para que se haga la distinción arriba anotada.
Vale sólo para los casos que las citadas acepciones indican. Porque
se puede conocer a alguien y a su vez distinguirle. «Conozco a perencejo,
es un caballero muy distinguido de la sociedad», podría afirmar
alguna señora. Para estimar a alguien es preciso distinguirle entre
otras personas. Al hacerlo, se le conoce bien. O ¿no?
3.-
Pequeño y chiquito: Las mentes morbosas piensan y creen
que son dos términos diferentes. Lo creen así porque se
les dio por asignarle a la palabra «chiquito» el carácter
de sinónimo de ano. No hay tal. En el bajo mundo funcionará
de ese modo; no en el que está conformado por lo culto, por la
universalidad de la semántica, que es majestuosa en casos como
este.
Pequeño
es, simplemente, sinónimo de chiquito y viceversa. Atribuirle otra
aplicación es sólo propio de quienes piensan con un cerebro
chiquito enfundado en los vericuetos del tubo digestivo humano. Algo así
como una desviación hacia la coprofagia. El lenguaje propio de
los gamberros jamás podrá estimarse como culto.
4.-Escuchar
y oír: Con estas dos palabras ocurre algo parecido al
caso anterior. Algunos dicen que oír es simplemente percibir sonidos
sin atender a ellos; y que escuchar es atender y, por lo tanto, comprender
lo que se oyó. Ateniéndonos a las definiciones académicas
de los dos términos tenemos que ESCUCHAR es: ‘Prestar atención
a lo que se oye. Atender a un aviso, consejo o sugerencia’. Y que
OÍR es: ‘Percibir los sonidos. Atender los ruegos, súplicas
o avisos de alguien. Hacerse uno cargo de aquello de que le hablan’.
Como
se nota, no hay ninguna radical diferencia entre escuchar y oír.
Son, entonces, costumbres que mucha gente adopta merced a sus caprichos.
No obedecen, por tanto, al rigor académico con el que se orienta
el idioma que heredamos de los españoles de antaño.
5.-Colocar
y poner: Vuelve y juega. Son sinónimos, pero los necios
acuden a significados dispares en uno y otro caso. A veces por estar en
esas diferenciaciones inocuas, caen en errores crasos. Alguna vez una
señora, de esas que por imprimir refinación en el hablar
terminan enlodando una frase, le decía a otra con quien compartía
una receta de cocina: «...Y cuando las papas se hayan colocado bien
blanditas, les agrega suficiente sal». No hay que temer al uso del
verbo «poner». En muchos casos, también por efectos
de la mentalidad morbosa de algunos, se cree que «poner» significa
ser obsequioso carnalmente con otra persona. Por más que algunas
personas se «pongan» generosas en esa materia, ello no tiene
relación con el sentido de la locución.
Por
eso, el título de este artículo es abiertamente defensor
del verbo poner. Porque también se pone al escribir. Las demás
interpretaciones son pamplinadas.
De COLOCAR, que es verbo transitivo y pronominal, nos dice la academia:
‘Poner a una persona o cosa en su debido lugar’.
Y
de PONER, también verbo pronominal, es decir, que pertenece al
pronombre o que participa de su naturaleza, nos dice: ‘Colocar en
un sitio o lugar’. Existen muchas acepciones para definir a la palabra
«poner». Esto indica que en muchas situaciones se lo puede
usar, sin ruborizarse. Si nos fijamos, en la definición de uno
se utiliza el otro vocablo y viceversa.
Así que, apreciado lector, no le tema, al momento de hablar o de
escribir, a poner chiquito cuando, por falta de un «pelo»
de certeza, dude usted de esas palabras luego de oírlas aunque
no las conozca.
**
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del autor.
&&&
Preguntan
los lectores
Pregunta:
Estimado Jairo, deseo que estés muy bien.
Tengo una gran duda:
¿Cuándo se usa la palabra conglomeración? ¿Cuál
es la palabra correcta para describir la recolección de material,
es decir, cuando uno está recogiendo un material para enviar un
informe, o construir un documento o algo en específico?
Un abrazo y mil gracias por tu colaboración.
María Paula Aguilera
Respuesta:
Absuelvo, con mucho gusto, tus dos inquietudes:
1. Conglomeración deviene del verbo conglomerar, que no es otra
cosa que aglomerar; y aglomerar es 'Unir fragmentos de una o varias sustancias
con un conglomerante, con tal coherencia que resulte una masa compacta'.
Preguntas cuándo usar ese término: cuando hables de la unión
de varios componentes. En una manifestación pública de gente,
por ejemplo, puede hablarse de aglomeración (conglomeración),
puesto que se trata de «unir» distintas personas (elementos),
hasta formar un gran grupo.
2. Quizás hables de recopilar, o copilar, o compilar. Es lo mismo.
Las tres palabras son sinónimas. Ese proceso es el de 'Allegar
o reunir, en un solo cuerpo de obra, partes, extractos o materias de otros
varios libros o documentos' - (DRAE).
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Pregunta
Apreciado señor Cala.
¿Cómo se debe decir: RAIL o RIEL?
Víctor R. Lara M.
Respuesta:
El vocablo que debemos emplear quienes hablamos y escribimos en español,
es riel. El otro término -rail- es inglés.
No sólo debemos centrarnos en cuidar la normativa de nuestro idioma,
también en no mezclar anglicismos con las expresiones españolas.
Atento saludo.
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Pensamiento
«La debilidad de carácter es el único defecto que
no se puede enmendar». (François de la Rochefoucauld).
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