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Yo soy el de Nazareth

Por: Renandarío Arango

Con la exhorbitante proliferación de medios, y nuevas tecnologías, heredadas del desarrollo acelerado de las mismas, tal pareciera que los derechos de autor van siendo más vulnerables en el devenir de lo que nos queda por futuro; los riesgos nos cubren a todos los que de alguna manera buscamos el respeto y el derecho legal a usufructo por lo que hacemos, creamos o producimos con absoluta exclusividad, como obra de autor, registrada o no, pero nuestra de cabo a rabo.

Deduzcamos que en el campo de las invenciones caben muchas especulaciones, pero éstas nunca clasifican para obtener derechos de autor; es por ello por lo que no puedo ni debo iniciar una polémica que me surge de una idea, sin sustentarme y apoyarme en datos precisos, suficientemente contundentes para buscar unos derechos de autor, que si se consiguieran cotejando los datos actuales, llámense billones de billones; un estado ubicado cerca a lo que se llamó Asia Menor buscaría también, y por todos los medios, la supremacía del derecho de la explotación y uso del mismo, bajo condiciones de consanguinidad directa y otras disculpas parecidas, pues de su territorio se dice que él salió, que luego desapareció o se le dio por muerto, y otros juran y rejuran que resucitó, y muchos, muchísimos más, todavía lo están esperando.

Hay quienes sostienen a raja tabla que ha de llegar en este año; y sus connacionales, si es que él aparece, y ganan el pleito, por supuesto, tendrían que dedicarse a vegetar, pues dinero les entraría de sobra para el resto de sus vidas, aunque no faltarían las protestas ante las envidias de otros ciudadanos, afincados en una parte de Italia, y que se abrogarían también ese mismo derecho, ya por la fama obtenida y sus gabelas financieras, u otras disculpas, que los pondría por lo menos a pensar y sostener, de que son muy buenos y dignos designados para administrar el negocio; como lo han venido haciendo desde hace ya varios siglos.

Pero resulta, sucede y seguirá sucediendo, que detrás de todos ellos han ido surgiendo y seguirán haciéndolo, muchos más con las mismas ideas, o mas o menos parecidas; promoviendo la idea inicial,- ¡por supuesto! - pero con sus versiones y adaptaciones, en donde poco a poco ése rasgo de identidad unívoco, se ha desperdigado en elucubraciones de todo tipo, hasta presentarnos una multitud de factores y productos emanados de la misma idea, con novísimos conceptos de adaptabilidad, de acuerdo al gusto y demanda de los solicitantes, y para la simple y condescendiente complacencia y aceptación de todos los pacientes; a tal extremo de que se han apropiado no sólo de la idea, sino que hasta la imagen la han transferido, abusado y traficado para uso y consumo generalizado, diseminándola a sotto voce, con las cualidades de que todas sus ofertas, son como una propiedad exclusiva y auténtica.

Me refiero pues, a que si esta persona, bien o mal trajeado, se apareciera de la noche a la mañana, y se llegara, o se apersonara - con todos los viceversas anteriores;- ante la oficina de reclamos de registro de patentes, completamente solo, sin los consabidos leguleyos de siempre, comisionistas de fondo y… cargados de angurrias sin fondo; él, con sus papeles en mano, y sin muchos milagros de por medio, pero reclamando todos sus auténticos derechos legales, y demandando por el usufructo de su nombre e ideas, a través de tanto tiempo – siglos, dicen los que saben,- me gustaría por lo menos, ser el único invitado para tomar las fotos de la primicia, registrarla con total exclusividad, pues yo también me forraría en…tal vez Denarios, o Dracmas, cuando este señor se presente comprobándoles con hechos verídicos, pruebas reales e irrebatibles, para que abiertamente les diga a todos…, se jodieron cabrones: Yo soy el de Nazareth.

 
     
 
 
     
     
 
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