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Juán Fernández , Chile
 
 

 

Robinson Crusoe no tiene qué leer

por Luis Benítez (*)


Con fecha bien reciente, comenzó a circular por mail la información de que, entre muchos otros daños causados por el sismo en Chile, también fue afectada la biblioteca de Juan Fernández, un archipiélago ubicado al sur del sufrido país andino. La furia de la marejada que azotó las islas como secuela del terremoto, entre otros desastres, se llevó al fondo del mar cientos de volúmenes, dejando prácticamente sin libros a la institución. Este es un pedido internacional para paliar esa grave situación.


Juan Fernández es un archipiélago chileno, en el Pacífico Sur, situado a casi 700 km del tierra firme. Es célebre por la calidad de sus exquisitas langostas y porque en una de sus islas vivió, entre 1704 y 1709, el náufrago inglés Alexander Selkirk. La noticia, leída mucho después en un diario británico por el prolífico escritor, periodista y panfletista Daniel Defoe, se transformó en la famosísima novela “La Vida y las extrañas y sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe”, editada en Londres en 1719.


A las 3 horas y 34 minutos (hora local) del 27 de febrero pasado, un terremoto de 8,8 grados según la escala de Richter agitó el centro y sur de Chile: la placa continental se superpuso a la del Pacífico, y fueron el caos, la muerte, la destrucción, el horror, el terror entre las gentes. Cincuenta veces más poderoso que el sismo que asolara Haití el 12 de enero pasado, el sismo chileno tuvo sus réplicas y sus secuelas. Entre estas últimas, provocó un maremoto que llegó a Juan Fernández en forma de olas de hasta 16 metros de altura, que ingresaron hasta tres kilómetros tierra adentro. Ocho muertos y el doble de desaparecidos, más crecidos daños materiales, fueron el primer saldo del desastre.


Entre las pérdidas debemos contar con las existencias de libros en la biblioteca local, que proveía de lectura a nuestros hermanos isleños. No faltará el apresurado que nos diga que la destrucción de una biblioteca un Juan Fernández es un daño muy menor, en comparación con las listas de muertos, heridos, personas sin techo ni trabajo, niños desnutridos, familias enteras entregadas a la desesperación y otros horrores que deparó el cataclismo para toda la república chilena.


Tal vez la mejor contestación que podemos darle es que la destrucción de una biblioteca, aunque no pueda compararse con los horrores antedichos en lo inmediato, es un perjuicio que, al igual que otros, se proyecta en el tiempo y sigue haciendo daño mucho después de que haya sucedido como hecho en sí. Cuando se destruye una biblioteca se destruye el aporte intelectual, emocional e informativo que construye a miles de personas, que contribuye a hacer que sean como son, a través de años y años de lecturas. Los seres humanos, nuestras personalidades, somos construcciones culturales: nos edifican nuestras impresiones, lo que recibimos como información de la realidad, lo que vemos e interpretamos de los medios de comunicación y, fundamentalmente, cuanto leemos en los libros. Creo que ahora se entiende un poco mejor el daño que le hicieron a los habitantes de Juan Fernández las olas de 16 metros de altura del Pacífico: se llevaron sus libros, se llevaron una parte de lo que iban a ser sus lectores.


Para devolverle a nuestros hermanos chilenos de Juan Fernández esas partes futuras, eso que van a ser, circula como información vía mail la generosa propuesta del Centro de Investigaciones Poéticas Grupo Casa Azul, definido en su página Web (www.pensamientoexperimental.ning.com) como:“una organización cultural y artística con personalidad jurídica sin fines de lucro, cuyo objetivo primordial es el de llevar el arte y la cultura (la poética en sentido amplio) a todas las instancias como sus recursos humanos y materiales les permita”. La propuesta es repoblar los estantes de la biblioteca de Juan Fernández, a través de donaciones de libros que pueden efectuarse a:

Casa.Arte, Condell 1356, Valparaíso, República de Chile.

Deseo agradecer muy expresamente al autor Josep Esteve Rico Sogorb, cónsul de la Asociación Poetas del Mundo en el Baix Vinalopó, Elche, España, por reenviarme la información contenida en el mail de Jaime Villanueva Donoso, del Grupo Casa Azul, y a las autoridades de este medio por facilitarme el presente espacio de página, a fin de llamar a la solidaridad de todos, en beneficio de muchos.


Quienes puedan enviar sus libros para los lectores de Juan Fernández, reciban la mayor gratitud por su gesto generoso. Y quienes puedan pasar el link a este artículo, informando qué sucedió y cómo se puede remediar, también.


(*) Poeta, narrador, crítico literario y dramaturgo argentino.

 
     
 
 
     
     
 
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