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Entrevista
con Valente Arana
Esta
entrevista fue realizada el pasado 16 y 17 de Diciembre en la ciudad de
Nueva York como parte de una serie que estoy realizando en este viaje
a esta ciudad.
Esta
ocasión entrevistamos a Valente Arana quien lleva dos años
residiendo los alrededores de la gran manzana y seis en los Estado Unidos,
la mayor parte de este tiempo en la costa oeste, sobre todo en Phoenix
AZ y Los Ángeles CA. Houston, Nueva Orleans e Indianápolis
también han sido parte del recorrido de este mexicano emigrado
desde la Ciudad de México en el 2004.
En
el 2008 inició un proyecto musical llamado Roosevelt Cabaret a
lado de músicos mexicanos, colombianos, peruanos y venezolanos.
Proyecto que abandono al igual que muchos que, victimas de esta ciudad,
no alcanzan a realizarse como tal.
Antonio
García Vega- Son muchas ciudades por las que has pasado en un periodo
relativamente corto de tiempo.
Valente Arana- Si, es que, en aquel momento la gasolina estaba a muy buen
precio y uno encontraba trabajo fácilmente. Además, creo
que siempre tuve una necesidad escenografica bastante reprimida. La cual
vino a florecer cuando recorrí por primera vez el sur de los Estados
Unidos. Creo que de ahí se me hizo un poco vicio.
AG -Y ahora?
VA- No, ahora me he vuelto bastante sedentario, por necesidad, por supuesto.
AG- Y cambiaste la música por la pintura automotriz.
VA- No, no. La pintura automotriz lo he hecho desde hace tiempo. Y lo
de la música es bueno aclarar que no fui yo el que la dejo, sino
ella la que me dejo a mi (risas) Por inatención e infidelidad.
AG- Infidelidad?
VA- Si es que en aquel tiempo tenia también amoríos con
motores a gasolina, a los cuales recién descubría en su
maravillosa eficiencia y magnitud.
AG – Veo que tienes una fijación con los trabajos
mecánicos.
VA- Para serte honesto yo sospecho que es una tendencia a imitar torpemente
las actitudes de Hemingway. (risas) Yo creo.
AV- Imitación?
VA- Si, Yo creo que las influencias que hay en cada uno son más
fuertes y marcadas de lo que nos atrevemos a aceptar. Cuando leí
a Hemingway por primera vez estaba bastante rodeado de pro-intelectuales
y no se porque he tenido una tendencia promiscua a la contradicción,
entonces la manera de vivir de Hemingway me parecía bastante desahogada,
bastante mentarle la madre a esa solemnidad de los formalistas. Pero te
digo, estamos influenciados en cada una de nuestras actitudes. Desde que
hablamos español, por ejemplo, nuestros conceptos se dirigen desde
un enfoque particular. Y uno lo nota más cuando se enfrenta otros
idiomas. Es como esto (toma su vaso de whiskey) Si yo tomo whiskey es
porque alguna vez escuche decir a Sabina que alguna vez escucho a Sinatra
decir que este era el único amigo que nunca lo había fallado
y se llamaba Jack Daniel’s. (risas) Pero en lo que no creo, en definitiva,
es en la originalidad, ni en la pureza, ni nada similar.
AG- Y la inspiración?
VA- (Risas) Mucho menos. Para mi eso de musas guiñando los ojos
en tanga de leopardo... no se, me parece mas prototipo de publicidad burguesa
del siglo XIX.
AG- Entonces como es que haces para escribir tus canciones?
VA- Bueno, los procesos son distintos para cada canción. Les he
escrito canciones a chicas que he visto un par de segundos en el supermercado
o a las modelos de ocasión que salen en la publicidad impresa de
los grandes almacenes, que viene en los periódicos, como agregado
para deshacerse de su sobreproducción. Le he escrito canciones
a los desamores de mis amigos o a las historias que algún desconocido
me cuenta en lo jodido que es un bar a solas. Recuerdo una ocasión
que caminaba por East New York con un amigo, en eso, en dirección
contraria a nosotros venia una chica, guapísima, por cierto, con
una prisa avallasadora. El amigo mío al verla solo atino a decir
“esta parece que acaba de incendiarle la casa al novio” Lo
primero en lo que pensé fue en que ahí había una
canción. Y la escribí Y es así, termino irremediablemente
contando las historias que otros me han contado.
AG- Te cuesta escribir acerca de ti?
VA- Claro, es que, es que mi vida es muy simple, muy gris. Es en eso en
lo que me identifico con los newyorkers. Y creo que se refleja en las
letras que escribo. A veces quisiera que hubiera un asomo de pasión
como en esas formidables canciones de José Alfredo o atreverme
a buscar esos hipnóticos malabares que con el lenguaje hace Calle
Trece. Pero no, me cuesta bastante trabajo. Al igual que el cantar acerca
de mis raquíticas venturas o de mis insignificantes tragedias cotidianas.
AG- Cuéntame de Roosevelt Cabaret.
VA- Roosevelt Cabaret. (suspiro) Eso inicio a principios del 2008. Pero
fue algo totalmente accidental, yo no tuve mucho que ver en eso. Fue más
bien producto de la inercia. Iba a participar en un recital con “Poetas
en Nueva York” Días antes, estando en un bar, como es que
ocurre en infinidad de conversaciones casuales, acorde formar una banda
de rock and roll con un par de músicos mexicanos. Estos me llevaron
a otros y terminamos formando Roosevelt Cabaret. Tuvimos media docena
de presentaciones y decidimos que lo mejor era un buen divorcio antes
que un mal matrimonio.
AG- Y cuales fueron las causas concretas de la separación?
VA- No se. A mi me gusta creer que la inconstancia, la falta de preparación
y ese tipo de cosas. Pero creo que en realidad, la razón de peso
es que yo no soy músico. Mi manera de ver la música no tiene
nada de progre ni de experimental. Soy bastante modesto en mi visión.
Las canciones que escribo son las canciones que mi me gustaría
cantar y ya. Por como están estos tiempos ese atrevimiento es una
gran falta a la moral y las buenas costumbres (risas) Además éramos
demasiado jóvenes para el estrellato. (risas) Nos faltaba madurar.
AG-Cuales eran tus intenciones con esta banda?
VA- Las peores (risas) Por supuesto. Yo creo que uno debe de ser muy mal
intencionado en esto. Yo quería tocar en todos lados, firmar con
alguna disquera, vender un millón de copias y hacer exitosísima
giras por los Estados Unidos, Latinoamérica y Europa. Inclusive
hasta tenia planeado el vestuario de nuestro concierto unplugged en MTV
(risas)
AG- Eso es muy superficial, no crees?
VA- Si. Bastante. Pero también había pensado en crear una
fundación para luchar en contra de cualquier injusticia en el mundo
y así lavar mis múltiples pecados generados por mi insaciable
ambición. (risas) No, es más simple que eso. Yo no creo
en esa beatitud romántica del hacer por hacer. Creo que si un escritor
publica es porque quiere que lo lean y entre mas leído me parece
que es mejor. Es bueno que su palabra encuentre esas lejanías en
las que puede hacerse de cómplices. Con un músico es igual.
Muchos de mis contemporáneos puritanos se compraron la idea de
que las compañías transnacionales (que son las únicas
que tienen la capacidad de trasladar algo de lo local a lo masivo, por
mas que Myspace, Facebook y otros digan lo contrario) son artificios de
la maldad y promotoras del inhumanismo. Me parece que es algo equivocado.
No creo que Saramago, por publicar en Alfaguara, haya vendido sus ideas
en pos del mercado. Lo mismo con Bob Dylan y su disquera. Además
yo no quería que al final de diez años fuera aun incapaz
de salirme de los mismos pequeños recitales a los que solo asistieran
mis amigos. La vida es mas grande que ese tipo de sueños adolescentes.
AG- Definitivamente tu no crees en el amor al arte.
VA- No.
AG- Y por que?
VA- No se. Quizá por la misma razón que no creo en el dada,
o en los neohippies o en las drogas como entradas al penthouse del rascacielos
de la conciencia. (risas) Vuelvo a Hemingway y me refugio en el cuando
decía que los simbolismos buscados por los críticos y los
adoradores de “arte” eran absoluta mierda. En “El Viejo
y el Mar” el viejo es el viejo y el mar es el mar. No hay nada mas
que buscar, repetía hasta el cansancio Es lo mayor la virtud de
la inteligencia, de la lucidez, me parece, entender que la realidad tal
y como es esconde la belleza necesaria para vivir. (enciende otro cigarro)
Oye puedes borrar eso ultimo que dije. (risas)
AG- No.
VA- Es que me parece que es extremadamente cursi. (risas)
AG- Y que fue lo que te dejo Roosevelt Cabaret?
VA- Mmmhhh... (se sirve otro vaso de whiskey) Muchos arrepentimientos.
Aquellas canciones fueron empujadas por las prisas de los escenarios,
tenían un acento que, aunque mejorables, bastaban. Con el tiempo
las he vuelto a escuchar y me parecen desechables en lo absoluto. He rescatado
un par, con las que me he quedado como...
Sabes? pensando en esto me doy cuenta de que Nueva York, como síndrome
de toda ciudad grande, es una ciudad que a cambio del fracaso te da un
ínfimo premio de consuelo. A mi me dejo un par de canciones, a
otros les deja pequeños estatus dentro de pequeñas farándulas
que tienen mucho de pueblerinas.
AG- Y que fue lo que te quito Roosevelt Cabaret?
VA- Me quito... Las ganas de escenario. Me quito la poca credibilidad
que la tenia a mi inteligencia. (risas) Me quito el tiempo. Me quito la
responsabilidad de complacer a mis amigos... que en realidad ni siquiera
eran mis amigos. (risas)
AG- Pero has pensado en volver a formar una banda?
VA- No. No creo en resurrecciones, salvo que la biblia decida y mande
(risas) Pero no. Basta con darte una vuelta por las secciones del nigth
life para darte cuenta que la escena esta sobresaturada. No creo que una
banda mas sea necesaria. Además no creo que haya mucho futuro para
un mediano cantautor como yo. Aunque nunca me he quitado de aparecerme
esporádicamente en los recitales que organizan mis amigos. Y sigo
escribiendo con regularidad accidentada.
AG- Por lo que veo el desencanto ha hecho nido en tu ventana.
VA- Si, es que falta algo, no Se... Falta... Mmmhhh... Como te dire..?
Falta Rock And Roll.
AG- Sigues teniendo sueños?
VA- Por supuesto. Los mismos sueños de cuando tenia quince años.
AG- Y Cuales son?
VA- Ser un escritor exitoso y tener un piso en Madrid. Ser el criminal
internacional mas buscado por el FBI o convertirme en una súper
estrella del rock and roll.
NYC
Invierno del 2009
Antonio
García Vega actualmente se encuentra cursando la Licenciatura de
Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma
Metropolitana de la Ciudad de México
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