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HORIZONTE
POLITICO TOTALMENTE VICIADO
(Publicado
en el Seminario Virtual Caja de Herramientas)
Hernando Llano Ángel.
Comienzan las campañas electorales y perdemos el horizonte en nuestras
ciudades. Los pasacalles con consignas pueriles y las vallas gigantes
con los rostros sonrientes de cientos de candidatos, nos ocultan el sol
durante el día y en las noches nos roban la luna y las estrellas.
Se produce una especie de eclipse total y nos sentimos extraviados. Hasta
el horizonte de nuestras vidas parece diluirse en medio de tanta contaminación
visual. Semejante desmesura en la publicidad, apenas logra ocultar promesas
eternas, siempre repetidas con mucha “originalidad”: “El
senador firme con la seguridad” (Santiago Castro, del Partido Conservador),
“Luchando por un país justo” (Alexander López,
del Polo Democrático Alternativo), “Lideremos el cambio”
(Adriana Barragán, Cambio Radical) y “Participá o
mamate la politiquería” (Juan Fernando Reyes, de Fajardo
y Alianza Social Indígena). Aunque en muchos otros casos las consignas
revelan verdades atroces e incluso desvelan las identidades de candidatos
cuya ambición no conoce barreras y su vocación de tránsfugas
es tan radical que siempre militan de frente en el bando ganador, como
aparece en las vallas de Roy Barreras: “De frente con el Presidente”,
del partido de la “U”. Una campaña elocuente, pues
Uribe queda al descubierto tras esas gigantes y costosas vallas en su
condición de Presidente-candidato. Es el mejor ejemplo de “tramparencia
electoral”, según el corrosivo humor político de “El
Cucuyo”.
“Lo llevo en la sangre”.
Pero en la transparencia de consignas electorales, la Alianza Democrática
Nacional (ADN) es la ganadora absoluta, pues su lema reza: “lo llevo
en la sangre”. Es decir, la política para ADN es una especie
de herencia genética, transmitida de generación en generación,
como si fuera un asunto de filiación atávica y no de afiliación
racional. Así las cosas, el legado que han heredado es un lastre
de ignominia, antes que un cúmulo de virtudes, pues uno de sus
antepasados inmediato, además de su matriz, el partido “Colombia
Viva” , fue el desaparecido movimiento “Convergencia Ciudadana”
y en especial los genes electorales aportados por el ex senador Juan Carlos
Martínez Sinisterra, cuya riqueza de genes también alcanzó
para el nacimiento del Partido de Integración Nacional (PIN). Como
es sabido, Martínez se encuentra en prisión por sus estrechas
relaciones con el narcoparamilitarismo en el Valle del Cauca. Al respecto,
no hay que olvidar que el ex senador Martínez aportó una
cuota no despreciable de votos a su amigo Juan Carlos Abadía, hoy
gobernador del Valle y adalid de la “seguridad democrática”
en la región. Seguramente por ello ADN se presenta también
en la propaganda electoral de sus vallas como “Uribismo de opinión”,
con el beneplácito del presidente Uribe, para camuflar su descendencia
directa y legítima de “Colombia Viva” y “Convergencia
Ciudadana”. Lo curioso es que el presidente Uribe, tan sagaz en
materia política, siempre alerta a denunciar los “guerrilleros
vestidos de civil” y la “combinación de todas las formas
de lucha”, no vea estos fenómenos de mutación criminal
y mimetismo político, de los cuales se aprovecha y saca ventajas
electorales sobre sus competidores. Ello lo sabe bien el aspirante al
senado por ADN, Carlos Moreno de Caro, que no se pierde ni un Consejo
Comunal presidencial. Incluso parece que Uribe de repente perdiera su
prodigiosa memoria, pues olvida que él mismo extraditó a
Hebert Veloza, alías “H.H”, ex comandante del Bloque
Pacífico, y responsable de la masacre del Naya, según su
propia versión ante la Fiscalía. Versión en la que
también reveló la forma como electoralmente favoreció
a Convergencia Ciudadana y en particular al ex senador Juan Carlos Martínez
en las pasadas elecciones al Congreso.
Coherencia electoral más ilegitimidad democrática = Uribismo
triunfante.
De lo anterior se concluye que en ese comportamiento político del
presidente Uribe hay tanta coherencia y “tramparencia” electoral
como incongruencia ética e ilegitimidad democrática, pues
también se benefició en las pasadas elecciones de los votos
aportados por movimientos como “Colombia Democrática”
(que fundó con su primo segundo Mario Uribe) “Colombia Viva”
y la misma “Convergencia Ciudadana”, todos inexistentes porque
algunos de sus dirigentes y ex congresistas se encuentran en la cárcel
por concierto agravado para delinquir. Por eso es que el horizonte político
y electoral está totalmente viciado, pues gran parte de la opinión
ciudadana ha refrendado esta simbiosis de la política con el crimen,
a la cual no es ajena la llamada “seguridad democrática”,
cuyos éxitos jamás podrán ocultar y mucho menos legitimar
los asesinatos de jóvenes inocentes, cínicamente denominados
falsos positivos.
Por último y como para no desentonar con el anterior desolador
horizonte político y ético, el Procurador Ordoñez,
caracterizado por sus escrúpulos morales, reconoce en su concepto
sobre el trámite de la ley de referéndum que se cometieron
muchos vicios, pero que todos son subsanables porque la voluntad soberana
de los ciudadanos prevalece sobre cualquier formalidad. Olvida el procurador
que no puede existir legitimidad democrática sin acatamiento de
la Constitución, pues como bien lo señala el artículo
3 de la Carta del 91 “La soberanía reside exclusivamente
en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce
en forma directa o por medio de sus representantes, en los términos
que la constitución establece”. Es decir, con estricto cumplimiento
de las formalidades establecidas en la Carta y la ley 134 de 1994, a las
cuales debe someterse el pueblo, por más mayoría que sea,
con absoluto respeto del Estado de derecho, de los adversarios y las minorías
políticas, cuando se trata de una auténtica democracia y
no de una simulada como es la que siempre hemos tenido.
Mayorías Inexistentes
Pueblo que, entre otras cosas, no deja de ser una invención fantasmagórica
y mediática, antes que una mayoría política, pues
Uribe gobierna sólo con el respaldo del 27.67 por ciento del censo
electoral, ya que obtuvo 7.397.835 votos en el 2006 de un censo total
de 26.731.700 ciudadanos habilitados para votar.
En
vista de lo anterior, incluso el argumento político de la soberanía
popular es una falacia más endeble que los supuestos argumentos
jurídicos del Procurador Ordoñez. Así las cosas,
no hay que perder de vista lo esencial, que en nuestro sistema político
no deciden y mucho menos eligen las mayorías, sino las minorías
concurrentes en las urnas, que ni siquiera alcanzan el 30% del censo electoral,
en el caso de la elección presidencial. Y ello es casi una refrendación
matemática de nuestra realidad de exclusión y segregación
social, pues cerca del 70% de nuestra población vive en la informalidad
del rebusque y la precariedad laboral. Quizás por todo ello los
delegatarios en la Asamblea nacional Constituyente, que fueron electos
también con apenas el 26 por ciento del censo en 1990, decidieron
que la Constitución podía reformarse mediante referéndum
si participaba al menos el 25 por ciento y la mitad más uno votaba
positivamente la reforma propuesta.
Entonces llegamos a la conclusión más paradójica
y preocupante, pues en nombre de una imaginaria democracia participativa,
minorías que no superan el 13 por ciento del censo actual pueden
decidir la suerte de la mayoría y con cinismo proclamar que encarnan
la voluntad general y la soberanía popular. Definitivamente un
horizonte político totalmente viciado, más allá de
las irregularidades en la financiación y el trámite de la
ley de referéndum, sumadas a las mutaciones y mimetismos de la
parapolítica en movimientos como el PIN y ADN, que millones de
electores, más no de ciudadanos política y éticamente
responsables, parecen estar dispuestos a respaldar en las urnas para afianzar
un uribismo cínico y triunfante que gobierna con una fórmula
política que fusiona el miedo a las FARC con la codicia empresarial,
el asistencialismo de Acción Social y el clientelismo de los Consejos
Comunales, bajo siglas mentirosas como la “Seguridad democrática”
y el “Estado Comunitario”, desde un supuesto “trono
de superioridad moral”, según calificación del inefable
José Obdulio Gaviria.
Posdata: Según últimas noticias, el Consejo Nacional Electoral
acaba de suspender la personería jurídica de ADN, por irregularidades
legales en su constitución, una de las más graves la intervención
de los ex senadores Dieb Malof y Vicente Blel, quienes propiciaron la
mutación y conversión de “Colombia Viva” en
ADN. Igual suerte debería correr el PIN y por los mismos motivos,
pues proviene de “Convergencia Ciudadana”, cuyo fundador,
el ex senador Luis Alberto Gil Castillo y su correligionario, Juan Carlos
Martínez, están presos. El mismo destino deberían
correr todos los movimientos que representan el llamado “Uribismo
de opinión”, como el partido de la “U”, pero
los únicos competentes para imponer esa sanción somos los
ciudadanos en las urnas el próximo 14 de marzo y el 30 de mayo.
Vale la pena no olvidar a Edmund Burke: “Los políticos corruptos
son elegidos por ciudadanos honestos que no votan”.
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