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Dirigida
por: Ricardo León Peña Villa y Manuel Tiberio Bermúdez |
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Intermedio Consultorio seximental Jotamario Arbeláez
Llevo veinte años bien casado, y amo a mi esposa. Pero también desde hace mucho tiempo estoy perdidamente enamorado de mi cuñada, soltera ella. No puedo entender este doble amor, pero no pasa día sin que piense en ella. Aunque creo (o me imagino, en mi delirio amoroso) que ella también siente algo por mí. Pero ni me atrevería a insinuarle algo pues pueden solo pasar dos cosas: 1- Que me rechace, y quedo como un cu..., cuñado pervertido. 2- Que me diga sí. ¿Y luego qué? Eso sería una relación imposible para ambos. Poeta, ¿cómo me quito esta tusa? Yo no le he contado esto ni a mis mejores amigos. Todos, inclusive mi esposa, nos molestan porque somos muy amigos. Pero no pasa de ahí, y como le digo, ni me atrevería a dar el paso fatal. Usted, con tanta vaina que ha vivido, tal vez me pueda decir cómo salgo de ésta.”
Es sencillo. Póngase de acuerdo con su prospecto en que van a hacer un acto teatral tripartito. Convídelas a ambas a una noche galante, con cena y un buen fondo de música, para terminar con unos tragos en casa, y si aparece algún estimulante, mejor. Allí, ante ‘su’ asombro y el de su esposa, su cuñada echará a llorar a moco tendido en medio de una previsible laguna. Cuando le hagan confesar la causa ella declarará el amor imposible que le profesa y su sufrimiento por la incapacidad de realizarlo dado el respeto por su hermana, al que antes de faltarle preferiría morir. Usted se hará el ofendido y simulará considerarla loca. Su misma esposa le suplicará –sotto voce– que haga el sacrificio de complacerla, así sea con una relación ficticia pero que la pobre tenga la ilusión de que es en firme. De común acuerdo terminarán por invitarla a compartir la casa. Su verdadero sacrificio por su presunta entrega consistirá en trabajar para conseguir más, para que no se vulnere el presupuesto de su esposa en el manejo de la casa. La cuñada, agradecida, ofrecerá colaborar en el arriendo y cubrir sus gastos. Para costear lo cual usted deberá endeudarse como pueda, en secreto. Porque el hombre que anhela placeres extraordinarios en su relación amorosa debe estar dispuesto a pagar por ellos, o si no es mejor bajarse de esa nube de ensueños.
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