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Intermedio

Consultorio seximental

Jotamario Arbeláez


El pasado 9 de febrero, en mi columna “No hay ningún amor feliz”, declaraba que una de mis nuevas posibilidades para seguirme ganando la vida con la pluma –puesto que ya a la poesía y a la publicidad les extraje todo su jugo–, sería asumirme como consejero sentimental o sensual, prevalido de mi religioso forcejeo en tan ariscos asuntos. No pensé que nadie me fuera a picar el cebo, pero un corresponsal incógnito, me remitió el siguiente mensaje:


“… Ahora que leo su columna sobre el amor, y su ofrecimiento de ser una especie de "consejero espiritual" sobre los temas del enamoramiento, decidí escribirle sobre algo que me atormenta desde hace años.

Llevo veinte años bien casado, y amo a mi esposa. Pero también desde hace mucho tiempo estoy perdidamente enamorado de mi cuñada, soltera ella. No puedo entender este doble amor, pero no pasa día sin que piense en ella. Aunque creo (o me imagino, en mi delirio amoroso) que ella también siente algo por mí. Pero ni me atrevería a insinuarle algo pues pueden solo pasar dos cosas: 1- Que me rechace, y quedo como un cu..., cuñado pervertido. 2- Que me diga sí. ¿Y luego qué? Eso sería una relación imposible para ambos. Poeta, ¿cómo me quito esta tusa? Yo no le he contado esto ni a mis mejores amigos. Todos, inclusive mi esposa, nos molestan porque somos muy amigos. Pero no pasa de ahí, y como le digo, ni me atrevería a dar el paso fatal. Usted, con tanta vaina que ha vivido, tal vez me pueda decir cómo salgo de ésta.”


Felicitaciones, amigo, ojalá todos los rompecabezas amorosos pintaran tan prometedores.

Es sencillo. Póngase de acuerdo con su prospecto en que van a hacer un acto teatral tripartito. Convídelas a ambas a una noche galante, con cena y un buen fondo de música, para terminar con unos tragos en casa, y si aparece algún estimulante, mejor. Allí, ante ‘su’ asombro y el de su esposa, su cuñada echará a llorar a moco tendido en medio de una previsible laguna.

Cuando le hagan confesar la causa ella declarará el amor imposible que le profesa y su sufrimiento por la incapacidad de realizarlo dado el respeto por su hermana, al que antes de faltarle preferiría morir. Usted se hará el ofendido y simulará considerarla loca. Su misma esposa le suplicará –sotto voce– que haga el sacrificio de complacerla, así sea con una relación ficticia pero que la pobre tenga la ilusión de que es en firme.

De común acuerdo terminarán por invitarla a compartir la casa. Su verdadero sacrificio por su presunta entrega consistirá en trabajar para conseguir más, para que no se vulnere el presupuesto de su esposa en el manejo de la casa. La cuñada, agradecida, ofrecerá colaborar en el arriendo y cubrir sus gastos. Para costear lo cual usted deberá endeudarse como pueda, en secreto. Porque el hombre que anhela placeres extraordinarios en su relación amorosa debe estar dispuesto a pagar por ellos, o si no es mejor bajarse de esa nube de ensueños.


Así usted logrará realizar su pasión ardiente y quedará como un generoso y noble varón de casa. Su esposa descansara por noches de usted y usted se dará el gustazo, recargándose el deseo por la titular en un círculo virtuoso de nunca acabar. Eso si, mucho ojo a las futuras miradas de su esposa con alguno de sus hermanos, si los tiene. Porque donde hay permisividad de parte, la otra parte puede sentirse con los mismo derechos. Y ni modo de revirar.


Si al final se descubre el pastel, así se dañe la relación, con una o con ambas, no importa, usted habrá salido ganando. Todo lo que despierte envidia en Cali termina por verse bien, en cualquier clase social, sobre todo en la que imagino a que pertenecen. Quien iba a imaginarlo: disfrutar de dos mujeres y con una sola suegra. ¡Bendito!


Nota. Las siguientes consultas serán personales y con costo, a: jmarioster@gmail.com

 
     
 
 
     
     
 
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