| No
me llames, Locura
No me llames,
Locura
No me tires al oscuro túnel
Donde las tinieblas
Me alejan de las caricias amorosas,
Las sonrisas tiernas
Y los abrazos de los que amo.
No me empujes,
Locura
Al fondo del averno del olvido
Donde el desprecio es la moneda
Con que se pagan mis muecas lúgubres.
No me inquietes,
Locura
Hacia lugares hondos
Donde el ruido suplanta las bellas palabras
Y los insultos a los buenos días.
No hay en esos parajes yermos
Ni siquiera una Beatriz paciente que pueda guiarme,
Junto a su amado Dante,
Hacia la luz de la cordura;
Ni la razón de un Virgilio
Que pueda apartar de mi vera
Los fantasmagóricos rostros
De esta locura multiforme.
No me arrastres,
Locura
Ni me dejes en la soledad infernal,
En la oscuridad absoluta
Sin una luz al final de la caverna
Desde una tea ardiente en la mano de Platón,
Y rodeado de voces que me alejan de mí mismo,
Me usurpan mi yo
Me dejan mustio de sentimientos.
No me jalones,
Locura
Al fondo de la insulsa nada
De la ausencia de mi yo,
Con el que el mundo me mide
Y sin el cual me desprecia
Vilipendia y empuja a la soledad absoluta.
Mundo
aparente
Desde mi ventana el horizonte
Y en él las nubes, el azul del cielo: la luz.
La luz, la claridad en el tiempo.
La faz de la tierra
Frente a mi ventana.
Llega este mundo claro,
Preciso, brillante.
Mundo y yo y esta ventana
Que nos une y nos separa.
El horizonte es una promesa
Y esta ventana un puente
O una falsa ilusión de lejanía.
Ventana, horizonte y yo.
El mundo es un referente lejano
Detrás de esta ventana ajena a mis anhelos.
Iván
Te sigo hermano.
Te pregunto e increpo,
para algún día comprender
qué espanto te llevó a Cristo
qué abismo te empujo a la cruz
al sudario,
al rezo.
Acaso de la mano del Nietzsche
de tus ensueños,
aquel poseso del Leipzig,
quien
mas allá del bien y del mal
nunca se imaginó ser
el Virgilio,
el Dante
que guiara tus pasos hacia el doliente.
Parloteo
Escucho a los poetas parlotear,
Patalear, gritar.
Los veo rasgarse las vestiduras.
¿Cuánto de esa poesía es sólo teatro,
Puro desespero de una búsqueda de sí mismos,
del envolate de nuestras vidas?
¿Dónde está el poema,
De qué punto cardinal de nuestra existencia viene la poesía?
Que aparezca el poema cierto,
Se pasee entre la manada el poeta verdadero.
El poeta grita a la inmensa pared
Pero no hay eco a su grito
Sin eco
Sin eco
Eco.
¿Qué es un poeta en el nuevo milenio?
¿Qué es la poesía?
Acaso los que nos decimos hoy poetas,
Románticos salvajes,
Somos capaces de perder una mano por un poema
-Y qué es una mano Wittgenstein-
Donar un riñón por una estrofa.
¿Quién, poetas de carrera,
es capaz de perder los lujos pasajeros
Por dos libras de poemas,
O ayunar un mes por un poemario menor?
¿Quién está dispuesto a pararse frente a la pared
infinita
De la indiferencia humana?
Y gritar
Y gritar
Gritar.
Aunque su alarido no produzca el mínimo temblor.
Poesía sin eco
En los oídos sordos de los autómatas
Que consumen y destruyen con saña.
¿Dónde
está el poema?
Hay que volver la mirada triste,
De asombro contenido
A los orígenes de lo humano;
Que son los mismos de la poesía
Y a las razones que le dieron sentido maravilloso en el mundo:
El miedo de los inicios
El pasmo ante lo desconocido
La comunión con la naturaleza,
La soledad.
Y retornar renovados de sentido
Con una poesía íntima
Que vuelve a los orígenes para regresar con nuevas energías,
Que haga que los poetas que gritan
Ante la pared insondable
Provoquen el eco
Que rompa en mil pedazos
Los muros reales e invisibles
Que los nuevos tiempos forjan.
Recuerda
Recuerda:
No tienes que ser el asesino del asesino
No tienes que matar.
Pero que tu miedo
tu inocencia
O tu insensibilidad
No callen ante el crimen,
Se arrodillen frente al criminal.
Porque quizá
Tu silencio
O tu miedo
Te conviertan en su próxima víctima.
No tienes que matar,
Pero no los dejes que maten
En el campo desocupado
Con tu silencio
Cómplice
De tu miedo.
No los mates
Pero no calles
Ante la muerte del vecino.
Acorrálalos con tus palabras
Con tu gesto
Con tu escupa
Con tus gritos
En la ciudad desquiciada.
| José
Jesús Osorio |
Caicedonia, Colombia (1961). Estudió educación
y filosofía en la Universidad del Valle, en Cali. Recibió
su doctorado en el Graduate Center of the City University of New
York con la disertación: Silva y su ciudad: literatura,
cultura y política en Colombia 1880-1886.
Publicó el poemario Fantasmas muertos (2002), algunos
de sus poemas están en la antología Encuentro: 10
poetas latinoamericanos en USA (2003).
Es coeditor de la antología de cuentos Narraciones sin
fronteras 27 cuentistas hispanoamericanos (2004). Es editor y
miembro fundador de la revista literaria Hybrido de Nueva York.
Editó y compiló el libro de ensayos Nueva novela
colombiana ocho aproximaciones críticas (2004).
En la actualidad trabaja en el Departamento de Lenguas extranjeras
de Queensborough Community College of CUNY en Nueva York.
|
|